La cuarta pata de la mesa

Nota: Desgraciadamente no puedo ocultar las imágenes bajo “spoiler”, pero puedes ignorarlas libremente si lo deseas puesto que los diagramas posiblemente estén mal planteados (mi profe J. Cortina estaría muy decepcionado conmigo) y a seguramente sean completamente inútiles y no aporten nada a la comprensión de lo que aquí queda expuesto.

Como todo ser, busco el bienestar y como ser humano, tengo unas necesidades básicas que satisfacer para sentirme bien. Con el tiempo (y mucha lectura) he ido aprendiendo a identificar las que son realmente importantes y a desechar aquellas que, por muy aceptadas y fomentadas que estén socialmente, no son beneficiosas y es más, es perjudicial tenerlas siempre satisfechas.

Desde hace un tiempo y al que igual que Rober Sánchez, considero que para tener bienestar es útil ver la vida como una mesa de cuatro patas y cuidar que ninguna de ellas cojee: actividad física, alimentación, equilibrio emocional y relaciones sociales. Una vida sana, saludable y de calidad necesita tener estas cuatro patas bien apoyadas en tierra firme.

cuatropatas

La vida como una mesa de cuatro patas: esbozo de sistema

Si repaso mi existencia hasta el día de hoy, compruebo que mis malas épocas siempre se han derivado de la inestabilidad de una de esas cuatro patas, de hecho, están tan interrelacionadas que en cuanto una cojea el resto se ven afectadas.

Una mala alimentación siempre me lleva a una actividad física insuficiente (y viceversa), un desequilibrio emocional me conduce indefectiblemente a una mala alimentación (este es uno de mis problemas más arraigados y contra el que llevo luchando desde la pubertad). Actualmente también sucede a la inversa, alimentarme incorrectamente me causa desequilibrios emocionales. Equilibrar estas tres patas ha sido para mí un reto increíblemente complicado, pero creo que puedo decir que actualmente me comprendo y conozco lo suficiente cómo para conseguirlo.

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Mis tres patas equilibradas

Esto representa un gran éxito para mí y se lleva la mayor parte de mi esfuerzo diario para alcanzar y mantener el bienestar. Pero estoy cometiendo un error terrible y sé que debo remediarlo. Estoy ignorando la cuarta pata… y la cuarta pata me cojea.

Estoy descuidando y disfrutando muy poco de mis relaciones sociales.

Afortunadamente tengo pareja estable y eso es fuente de socialización y contacto humano constante… pero entiendo que no es, ni mucho menos, suficiente. Tener una vida social sana, probablemente comporte tanto esfuerzo y sacrificio como llevar una alimentación sana, realizar la actividad física que espera mi cuerpo o mantener las emociones bajo control. Es un esfuerzo que no estoy haciendo y en parte sé a que se debe.

Se debe a que cada vez que intento mejorar en el aspecto social, noto que pierdo en los otros tres. ¿Por qué? Porque interaccionar con mis seres queridos (familiares, amistades y conocidos) requiere hacer concesiones. Requiere tiempo (que he de restar a otras actividades que me proporcionan bienestar y sin las cuales me desnorto), requiere transigir con y participar en convenciones sociales nada saludables que también rompen el delicado equilibrio de las otras tres patas de mi mesa existencial…

Interaccionar siempre implica compartir (tiempo, palabras, actividades…), pero cuando uno lleva una forma de vida tan diferente y a contracorriente, interaccionar siempre implica hacer sacrificios y adaptarse. Lógicamente, como los demás no están acostumbrados a tu forma de vida, difícilmente pueden compartir la tuya… así que si quieres interaccionar con ellos, no te queda otra que compartir tú la suya, aunque sean costumbres que tú has abandonado por perjudicar tu bienestar.

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Sistema con la cuarta pata desajustado

Y cuando el equilibrio es delicado y precario, los sacrificios son costosos y, en todo caso, conllevan un riesgo que no es sencillo de asumir. Al menos yo no soy capaz.

Y que soy una neurótica y una “perfeccionista de mierda”… si sí, si lo tengo en cuenta…

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Sistema con la cuarta pata ideal

Para alcanzar el equilibrio que busco y desde mi cegato criterio, sólo veo estas opciones:

  1. Asumir que el sistema funciona como en la penúltima imagen y que debo “compensar” con las retroalimentaciones positivas el déficit que causan las relaciones negativas.
  2. Asumir que el sistema funciona como en la penúltima imagen y que se compensará sólo si la pata de las relaciones sociales alimenta en cantidad suficiente la pata del equilibrio emocional.
  3. Tratar de cambiar el entorno y/o las variables del sistema para lograr que funcione como en la última imagen, siendo un sistema equilibrado, rentable y sostenible por sí mismo.

De momento, como “perfeccionista de mierda” que soy y tras haber intentado con ahínco las dos primeras opciones sin éxito aparente, me inclino por la tercera, aunque no tengo ni idea de cómo llevar a cabo semejante cambio… ni si es posible lograrlo…

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2 comentarios en “La cuarta pata de la mesa

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