“Nena, con esas zapatillas te vas a hacer daño”

Como parte del entreno de hoy, me tocaba salir a correr 20 minutos a un ritmo del 65% de mi intensidad personal (ritmo que yo mido como “una parte de mí se plantea por qué estoy haciendo esta actividad molesta pero es lo suficientemente cómodo como para mantenerlo un buen rato, con pequeños momentos de mayor incomodidad en subida”), y además tenía que aprovechar para sacar a los perros antes de irme a trabajar. Así que era una buena oportunidad para salir con mis huaraches y seguir con nuestro mutuo proceso de adaptación; un poquito por urbano, un poquito por sendero fácil.

He pasado un buen rato antes de salir de casa ajustándomelas, y el pie izquierdo se me había quedado perfecto, pero el derecho no, y aún me ha tocado hacer un par de paradas logísticas para intentar arreglarlo, mientras los perros me miraban con reproche. Primero, porque se me clavaba insufriblemente el cuero en el giro del lado interior del pie y no podía entenderlo porque a mi parecer estaba exactamente igual en los dos pies, hasta que me he dado cuenta de que tenía que girar la tira del cuero hacia el otro lado y entonces todo maravilloso. Aún así, me estaba produciendo bastantes molestias en la zona de la cuerda donde hace la tracción de los dedos, primero pensaba que porque estaba demasiado ajustada pero, al aflojarla, me molestaba igual y estaba suelta, así que al final lo he dejado estar.

Pero en general ha sido una experiencia muy gratificante. No se puede decir que la haya “disfrutado” a tope porque los sábados Collserola está llena de bicis y más en un día tan bueno, y entre controlar donde pisaba y que los perros no fueran atropellados ni atropellaran a nadie no me quedaba mucho para contemplar el entorno, pero me he sentido muy cómoda, especialmente, como digo, del pie izquierdo.

Al principio iba bastante concentrada en donde pisaba porque el campo por donde habitualmente paseamos a los perros es traicionero y tiene más piedros de lo que parece. Ha sido aquí donde me he granjeado el comentario de turno de un señor que paseaba junto a su señora y su perrillo. La verdad, no he sabido que decirle, no soy muy ingeniosa para estos menesteres y mi educación me impide inmiscuirme en la vida de los demás (al parecer no la de todo el mundo), además ha sido el típico comentario que te hacen a la espalda y no iba a girarme y detenerme para responderle… ¿qué? Es tan fácil comentar lo primero que se te pasa por la cabeza y tan difícil para el que tiene que responder a ello que quizá deberíamos pensarlo más antes de abrir la boca, aunque sea de “buen rollo” y “con cariño”.

En fin, que ya me he salido a la pista habiéndoseme olvidado ya lo que me dolía. Las lightrun son casi más cómodas para correr por pista o sendero, siempre y cuando éste no sea muy pedregoso, que por asfalto. Quizá sea simplemente por mi manera de correr, o porque directamente es más cómodo correr por pista o sendero, en general. Y definitivamente son mucho más cómodas para correr que para caminar (yo digo que están hechas para correr, Estefa dice que nuestros pies están hechos para correr… la combinación puede ser mortal XD). El agarre es muy bueno y la protección que ofrece la suela es mayor de lo que se podría esperar de una plancha de 5 mm, está claro que no puedes pisar donde te da la gana, pero en una pista de tierra normal incluso con piedrecillas, o sobre roca viva no punzante las sensaciones son muy agradables. Bien ajustadas, es casi como tener una suela de 5 mm en la planta del pie. Hasta ahora me había sentido un poco insegura con ellas porque notaba como que me “sobraba” suela por la parte de los dedos y me sentía un poco pato, pero eso hoy no lo he notado en absoluto.

También me he sentido muy cómoda subiendo y bajando la parte de sendero. Obviamente no puedes llevar la misma velocidad que con unas zapatillas amortiguadas, pero, como ya expliqué en mi primera entrada sobre locomoción natural, la sensación de ligereza y libertad es incomparable. Y adictiva.

He terminado el paseo entre corriendo y andando, cuesta abajo por ciudad. Aquí es donde más incomodidad noto, porque las noto chancletear demasiado (pero ya menos de la izquierda, nos estamos haciendo la una a la otra y ello me da esperanzas para mi pie derecho).

He llegado a casa con un sano cansancio muscular en los pies pero nada de dolor, y no tenía ganas de quitármelas, la verdad 🙂

lightrun sandals 5 dedos

Como no me he llevado el móvil, la foto ha tenido que ser a la vuelta

Así que no, amable señor, con el debido cuidado y entrenamiento, no me voy a hacer daño corriendo con estas zapatillas, o al menos no más (en todo caso menos) que con cualquier otro tipo que usted y sus canas consideren más apropiado. Pero muchas gracias por su interés.

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