Encuentros desagradables cuando corres

No me gusta publicar este tipo de entradas en las que uno se desahoga en plan quejica-acusica… no me gustan porque, pese a su innegable efecto catártico, no dejan de ser un reflejo sesgado de una realidad que es muchísimo más rica y compleja en sus manifestaciones. No obstante, una vez escrito, tiene valor y no sería justo dejarla encerrada en un cajón. Por ello la publico, pero la publico manifestando mi desacuerdo ante su parcialidad 😛

Siempre estoy cantando alabanzas a mi salida larga a correr. Me sirve para desconectar y lo pasamos teta los tres. Una semana sin poder salir a correr es una semana de mierda. Bueno pues sí, así es, pero no todo es miel sobre hojuelas. No siempre brilla el sol, los pajaritos cantan… etc etc. Cuando corres (sobre todo corres minimalista por el campo) sabes que habrá incomodidades y molestias. Puede que te claves una piedra o dos, que des un traspiés o te resbales, que te mojes si llueve, que tengas que intentar sortear charcos, que haga demasiado calor o una humedad sofocante, que te duela un gemelo, que te canses antes de lo que esperabas… es lo que hay, pequeñas o grandes molestias que das por hecho que pueden suceder y que cuando suceden ni perturban tu paz interior ni te impiden disfrutar de la salida.

Luego están las otras, las sí la perturban. Esas que no consideras como naturales e inevitables, porque en tu utópico fuero interno consideras crees que podrían evitarse con un poquito de por favor por parte de la gente, que huelga por su ausencia. Ups, vaya, ¡spoiler! Se me ha colado sin querer el malo de la peli de hoy: la gente. Pero no cualquier tipo de gente… cruzarme con gente cuando salgo a correr no es el problema, de hecho me hace feliz cruzarme con alguien que ha salido al mismo sitio que yo a hacer prácticamente lo mismo que yo porque siempre es grato que aunque no nos conozcamos, existen personas con gustos, costumbres y aficiones parecidas a las mías. Entonces… ¿qué tipo de gente perturba mi paz interior cuando salgo a correr con mis niños?

Pintemos el cuadro de la última:

– Salir a correr con tus perros, ataditos por su seguridad y por respeto a los demás. Que un perro suelto “desobedezca” a su responsable que le llama sin éxito y cruce una carretera con curvas sin visibilidad para abordarte a ti y a tus perros que vais bajando (en pendiente) corriendo con cuidado por un paso para bicis-peatones. Al menos, en este caso, el propietario se disculpó reiteradas veces… pero eso no le exime de su irresponsabilidad.

– Atravesar una pista que lleva a un área recreativa atestada de ruidosos domingueros, coches aparcados por doquier y coches accediendo/abandonando la zona. Tener que ponerte delante de un coche para que frene lo suficiente como para que podáis pasar tú y otros caminantes por su lado, una vez seguros de que os ha visto y cuando te ha rebasado, comerte la nube de polvo que venía levantando durante un buen rato.

– Apartarte y apartar a tus perros amablemente de una excursionista que lleva a su perro atado, ver que ésta no se aparta y parece confiar en que su perro se comportará… Que su perro se lance a atacar y ladre a los tuyos de sopetón, porque resulta que no era sociable y su dueña siga su camino sin más, porque, al parecer, con que vaya atado es suficiente…

– Cruzarte con una familia haciéndose fotos en mitad de un sendero estrecho en pendiente con bastante desnivel y que al pasar corriendo con tus perros el padre les pida que esperen y que mientras tú pasas disculpándote por molestar y estropearles la foto (sin decir ni mú sobre que ellos te hagan parar de golpe en mitad de una subida fuerte), los niños se aparten dando muestras de terror de ti y tus perros (atados y pasando a metros de distancia). Al menos, en este caso la madre ha intentado trasmitirles que no pasaba nada…

– Ir ya de vuelta por zona urbana y pasar por una calle con una pequeña zona verde al costado y que un par de señores con su Yorkshire suelto pero “atado” con los 3-5 metros de la flexi sueltos, en mitad de la calle (no del parque) se te queden mirando con cara de lerdos mientras empieza a comentar sonrientes lo que ven. Ver que su perro tiene intención de saludar a los tuyos (que van atados, recogidos por ti en cuanto has visto gente en la calle y van corriendo a tu lado bien controlados), pedirle que llame o ate en corto a su perro, por respeto porque vas a pasar y el propietario se empiece a reír de ti y te grite que “¿respeto a quién, a los perros? Manda cojones… no te jode…”

No, señor, no me jode, así, con esa burda y torpe simpleza que refleja su vulgar expresión.

Lo que me parece es falta de respeto. De civismo. De valores.

De todos ellos.

Del que suelta a su perro sin haberse asegurado antes de que le obedecerá y le pone a éste y a los demás en una situación de peligro. Si lo has intentado adiestrar y no lo has conseguido, no lo sueltes o lo pasees atado para siempre, busca ayuda profesional hasta que lo logres.

De la que pasea atado a un perro asocial y no se aparta aún a sabiendas de que es probable que reaccione lanzándose de improviso a intentar agredir o ladrar agresivamente a cualquiera que no le parezca bien o no tolere (ya sea por enemistad o por inseguridad/miedo). Si tienes un perro con problemas de autocontrol y que reacciona mal ante ciertos estímulos y no lo sabes arreglar tú, busca ayuda profesional y que te asesore un buen técnico en modificación de conducta animal.

De los que salen el domingo al campo de excursión y en vez de disfrutar de la naturaleza y de las posibilidades que ofrece para enriquecer a sus hijos, se centran en el postureo (habiendo un mirador diseñado a tal fin a escasos metros) y siguen perpetuando el miedo y el rechazo hacia todo lo desconocido, todo lo que puede entenderse como un riesgo… Si tus hijos tienen miedo a los perros… revisa si no has causado tú dicho miedo (escucho demasiadas veces “no te acerques que te va a morder”) y si no lo ha sido, tanto da, esfuérzate por encontrar la manera de que superen sus miedos, que somos muchas personas en el mundo que adoramos a los niños y tenemos perros sociales, más que dispuestos a ayudarte…

Y en especial el cazurro que piensa que puede comentar sin disimulo cualquier cosa que le llame la atención mientras no percibe en absoluto que su falta de control sobre lo que hace su perro pueda conllevar riesgo o molestia para otro usuario de la vía en la que se encuentra (que tiene todo el derecho a pasar por su lado sin tener que detener su marcha ni poder caerse por culpa del perro ajeno). Y que cuando se le pide que ponga medios para impedir esto, tiene la desfachatez de reírse con sorna e indignarse porque se le haya llamado la atención.

No, no me jode simplemente. Me decepciona y me entristece encontrarme personas con tan poca educación, respeto y civismo. Me parece realmente penoso tener que comprobar estas carencias en ciertos individuos con los que desgraciadamente me tengo que cruzar con demasiada frecuencia en mi existencia y que tanto yo como la gran mayoría de mis conciudadanos, mucho más educados, respetuosos y cívicos que estos otros, tengamos que soportar sus consecuencias.

Está claro que no meto a todo el mundo en el mismo saco… hay grados y grados de falta de educación, de irrespetuosidad y de incivismo. Hay condicionantes, atenuantes… hay de todo en la viña del señor. Y yo no me libro de mis propias faltas, que tampoco hay que ser más papista que el papa, ni hipócrita, dicho sea de paso. Pero no es lo mismo pisar una piedra de canto o mojarte un poco corriendo que tener que discutir con un subnormal profundo o esquivar perros descontrolados. Lo uno es una de esas fatalidades del destino de las que puedes sacar algo bueno, aprendizaje y adaptación… puedes salir fortalecido de su encuentro. Lo otro es harina de otro costal, produce rabia, tristeza, decepción e impotencia. Y si te descuidas, te conduce inexorablemente a perder la perspectiva y empezar a asociar “encuentros” con “molestia e incomodidad”. Cuando debería ser todo lo contrario, cuando encontrarnos, debería ser motivo de regocijo por ser dos seres sociales que coincidimos disfrutando de lo mismo en un momento dado de nuestra existencia. No me jode, no, me duele, porque tu conducta incívica nos aleja, so capullo v_v

Cannicross correr perros collserola

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