Planificar tus vacaciones en la montaña (y no morir en el intento)

Seguimos luchando con denuedo contra la depresión post-vacacional, o mejor dicho, contra los nefastos efectos que podría llegar a tener de no ser por nuestros esfuerzos. La llevamos con más o menos dignidad, intentando no renegar excesivamente del trabajo, pero aquí nadie está exento del bajón de energía y la apatía a la que nos lleva el “duelo” por la pérdida de ese ser amado que es el tiempo de ocio y de aventura. Sólo nos queda contemplarla como proceso natural que es y, en la medida que nos lo permita, ir recuperando e incluso mejorando los hábitos que mantienen a nuestros neurotransmisores más o menos equilibrados, hasta que se aleje definitivamente tan naturalmente como vino.

perros-sofa-durmiendo

Los perros tenían mucho que recuperar física y mentalmente, pero no me cabe duda de que la vuelta a la rutina les dejó en un estado igual de catatónico que a nosotras.

Quiero adelantar que esta entrada es un batiburrillo en el que se han mezclado ideas que quería haber comentado antes de irnos de vacaciones (pero no lo hice por falta de tiempo y porque no es demasiado prudente compartir públicamente que te vas de vacaciones), con algunos aspectos del viaje en sí que no tienen demasiada cabida dentro de los próximos post que tengo pensado escribir con la descripción de las rutas. Y, aunque haya quedado un poco extraño, no quería dejar de compartir estas cosillas, para la posteridad y por si le son de utilidad a alguien, Además, espero que escribirlo me ayude a vencer el bloqueo creativo al que me enfrento tras la vuelta a la rutina y a mi jornada laboral de 40+ horas :S

A principios de año, después de nuestras minivacaciones de febrero en Alicante, decidimos que este año aprovecharíamos para visitar los Pirineos, antes de que a la vida se le cruce devolvernos al árido y lejano sur. Teniendo como tenía toooodo el largo verano de trabajo para planificar el viaje, es fácil imaginar que no fue hasta casi agosto que me puse con ello (en mi defensa diré que no fue hasta agosto que supe las fechas definitivas de mis vacaciones…). Inicialmente queríamos pegarnos el viaje padre, pasar entre 10 y 12 días fuera, acampar en diferentes sitios y visitar varias zonas. Vamos, ver mucho para sentir que habíamos aprovechado nuestras “largas” vacaciones al máximo.

Nos enfrentamos así a la primera de las decisiones. Hasta primeros de agosto mi idea era pasar dos o tres días en el pirineo catalán (Aigüestortes, principalmente) y después movernos hacia Ordesa y Monte Perdido para pasar el resto de las vacaciones allí. Sin embargo, cuando me puse a mirar rutas para hacer, decidimos que nos iba a salir más a cuenta pasar todas las vacaciones y ver todo lo que queríamos ver en Huesca que gastar 3 días (entre viajes, montar campamento, etc…) para ver el Llac de Sant Maurici y poco más.  Al fin y al cabo lo tenemos más cerca y, aunque tenemos muchas ganas de ir y conocerlo, la masificación y mercantilización del sitio también nos tiran bastante para atrás.

Una vez decidido que iríamos solamente a Huesca y que nos íbamos a alojar en el camping de San Nicolás de Bujaruelo (porque ¿quién va a quedarse en un camping de cuatro estrellas a pie de pueblo y a media hora de todos los sitios que queríamos visitar pudiendo ir a acampar en mitad de la nada en el puto último sitio habitado de España…?) vino la segunda decisión chunga.

refugio-de-bujaruelo-camping-ordesa

Refugio y camping de Bujaruelo. Con sus más y sus menos, lo cierto es que se ha ganado un hueco muy especial en nuestro corasonsito.

Y es que cuando uno se pone a mirar rutas por pirineos y descubre ese vasto mundo de  GRs y travesías, y ve tantas personas que han estado en todas partes, y te parece que “gente normal” se lanza a hacer tresmiles y rutas de más de 30 km… es difícil no sentirse “mediocre” por hacer lo que hace todo el mundo. Es difícil no volverse loco y caer en la tentación de querer hacer más de lo que uno puede.

Y lo que nosotras podemos, pese al entrenamiento físico, estaba condicionado por 3 cosas:

1º Los perros: En el momento en que decidimos llevarlos (que es siempre mientras podamos y ellos estén bien), ellos son lo primero y en función de su estado debemos planificar todo lo que hacemos. Afortunadamente, aún son adultos jóvenes y están bien entrenados, pero habiendo tenido ya alguna mala experiencia por no contar con su desgaste, decidimos ser prudentes. Rutas de más de 20 km casi entran en la categoría de maltrato, especialmente si se acumulan varios días y empiezan a aparecer heridas en las almohadillas, así que intentamos evitarlas.  Por otro lado, aunque son mucho más fuertes y hábiles que nosotras para algunas cosas, no pueden trepar paredes (generalmente) o subir cadenas o escalas de mano, así que cualquier pequeña trepa o paso delicado nos puede hacer tachar una ruta de la lista, por más que nos duela.

2º El minimalismo: Aunque fuimos extremadamente previsoras y cargamos el coche con todo tipo de calzado, nuestra primera opción siempre fueron nuestras queridas Fivefingers. No se puede hacer ni aguantar lo mismo con zapatillas minimalistas que con botas amortiguadas con 3 cm de suela,  y esto no es nada de lo que avergonzarse, al contrario. No sólo nos sentimos más cómodas, más seguras y “sentimos” y valoramos más lo que estamos haciendo, si no que directamente nos parece inapropiado hacer algo que en teoría no seríamos capaces de poder hacer. Preferimos no “doparnos” con protecciones para poder llegar más lejos, cosa que por otro lado comprometería nuestra salud muscular y articular y no contribuye a nuestro desarrollo físico real. Pero esto requiere mucha reflexión y madurez, es difícil desestimar la envidia y ser capaz de gestionar ese puñetero “con lo que me esfuerzo no es justo que yo no pueda hacer tal…”.

3º Disfrutarlo: A lo largo de más de diez años de andar juntas hemos tenido que superar más de una ruta con mala planificación o exceso de optimismo que, si bien no podemos decir que fuera mal (no en vano aquí estamos), es cierto que en algunos momentos el sufrimiento (físico y/o mental) ha superado al disfrute. Hace tiempo que  no queremos llegar a ese punto ni de extenuación ni de estrés y por tanto, decidimos evitar también rutas de mucho más de 20 km por nosotras, así como contar con tiempo suficiente para la recuperación física que pudiéramos necesitar. De esta manera, hacer menos si hacía falta, pero hacerlo bien: sin dolor, sin lesiones y sin agobios.

ordesa y monte perdido plano.jpg

Tanto por ver y tan pocas vacaciones al año :_)

Con todo y con eso, la menda fue a dar con una travesía relativamente facilita de 40 km (20 km cada día) que me enamoró. Desde San Nicolás de Bujaruelo hasta el Circo de Gavarnie (Francia), con noche en Gavarnie, y vuelta por el valle de Canau y el Ibón de Bernatuara, aquí la dejo. La experiencia tenía suficientes dosis de epicidad como para compensar la pequeña decepción que sentía por tener que someter mis ansias montañeras a las consideraciones anteriores, ¡además íbamos estar en Francia! (me hacía ilusión ir con Estefa) así que, tras hablarlo largo y tendido y rebatir muchos de los contras que encontramos, decidimos que podíamos atrevernos a hacerla.

Y entonces, cuando ya iba a reservar hostal en Gavarnie para la noche indicada, de pura coña descubrí que en todo el Parc des Pyrénées francés no se admiten perros. Ni sueltos, ni atados, ni en pintura, prácticamente. Me quedé de piedra y durante los siguientes días estuve investigando más a fondo y leyendo experiencias de gente que cumplía e incumplía dicha norma. Por lo visto, hay cierta permisividad en algunas zonas y hay visitantes que directamente se la pasan por el forro, pero también personas a las han llamado la atención o no les han dejado pasar a determinados sitios (no encontré referencias a multas, al menos). Aunque no esperábamos tener problemas en las zonas más altas, el circo de Gavarnie es la principal atracción turística del parque y, sinceramente, la idea de comernos un marrón después de 18 km de andar o que no nos dejaran acercarnos a la cascada, como que no nos apetecía demasiado.

Y sí, podríamos habernos arriesgado, pero nos pesaba bastante añadir otro contra más a una actividad con la que ya estábamos saliendo de nuestra zona de confort, y la posibilidad de tener problemas chocaba fuertemente con la condición 3. Pero principalmente cambiamos de plan porque nos pareció indignante la normativa (perros atados vale, porque la gente es imbécil y les deja hacer lo que les da la gana, pero ¿prohibidos a lo largo de kilómetros y kilómetros de montaña como si el mundo fuera suyo para vetarlo a su antojo…?). Un poco bochornoso en nuestra opinión, la verdad. Así que nos fastidiamos un poquito, pero elegimos discriminarles de la misma manera que nos estaban discriminando a nosotras. Ellos verán lo que hacen.

circo-de-gavarnie

La cascada más alta de Europa tendrá que esperar a que Francia cambie de idea… o a que nosotras no tengamos perros (mejor que espere sentada)

Después de tantos contratiempos (que lo son para alguien tan negativo como yo), unidos a mucha saturación y presión por el trabajo, los ánimos estaban un poco por los suelos, y la última semana nos demandó más esfuerzo de gestión emocional que de planificación. Además de la gestión de la frustración y el mal rollo que se estaba adueñando de las vacaciones, en mi caso fue muy importante y creo que merece la pena la reflexión, el control de las expectativas. Tantos meses esperando el viaje, tantos planes y tantas ilusiones puestas son peligrosas cuando todo lo que quieres hacer no depende de ti y hay mil motivos por los que podrían venirse abajo. Hay que estar preparado para nuevos contratiempos y posibles planes frustrados, y mentalizarse para que, si suceden, ello no suponga disfrutar menos de las vacaciones.

La preparación fue con un poco de retraso por causas de trabajo pero muy minuciosa, lo que ocasionó que perdiéramos un día. Por otro lado, la llegada del mal tiempo y la necesidad de más días para estar con las familias nos hizo reconsiderar la duración del viaje. Finalmente, pasamos ocho días con sus siete noches en el entorno del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y alrededores, alojándonos en la zona de acampada del Refugio de Bujaruelo, del que hablaré posiblemente en otro post, que este ya se está extendiendo de más. Algunas de las rutas las iniciamos directamente desde allí y para otras tuvimos que andar moviendo el coche por pista y carreterillas, lo que nos hizo perder algo de tiempo en desplazamientos (si la planificación hubiera sido un poco menos deficiente y hubiéramos tenido más claro lo que íbamos a hacer cada día habría sido más lógico alojarnos mejor comunicadas para visitar el sector este y luego ya meternos en medio del valle, pero tampoco fue tan grave y pasamos buenos ratillos en el coche).

Afortunadamente, todo salió a pedir de boca. Tanto nosotras como los perros rendimos estupendamente y, pese a algunas dificultades, no tuvimos que lamentar ningún percance, por lo que podemos decir tranquilamente que exprimimos (teniendo en cuenta los condicionantes anteriores e incluso estirando un poquito de ellos) al máximo cada uno de los días que pasamos allí. La experiencia en general, como ya os iremos contado en detalle, ha sido sobresaliente, y no quería dejar de resaltar que ha sido así gracias a la preparación tanto física como mental, así como al aprendizaje y el autoconocimiento. Bueeeno, y un poquito de suerte también :).

ripareta cañon de añisclo.jpg

Aunque sabemos que estás deseando saber más y ver más fotos chorras, si te ha gustado (o no) este refrito de reflexiones, puedes dejarnos un mensaje aquí 😉

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