Ruta circular Valles del Ara, Ordiso y Otal – Pirineo Aragonés

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Dificultad: Media-Alta, por duración y desnivel. No hay pasos complicados aunque parte transcurre fuera de sendero o con éste muy degradado.

Distancia: Aprox. 20 km

Desnivel acumulado: 950 m

Tiempo: Aprox. 7 horas en movimiento

Track: Con variaciones http://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4814524

Amanecer en mitad del valle de Bujaruelo y echar a andar con todo el día por delante en la montaña hizo que, automáticamente, casi olvidásemos lo duro que había sido establecer el campo base en el camping del refugio (algunos detalles chungos sobre el camping de San Nicolás de Bujaruelo en próximas entregas).

Para nuestro primer día habíamos planificado la ruta más larga de todo el viaje, para cogerla con más fuerzas y tener días de sobra para recuperarnos de cara a la otra ruta más dura del viaje (el valle de Ordesa). Una circular de unos 20 km que, partiendo del mismo refugio, nos permitiría adentrarnos hacia la cabecera del rio Ara y visitar los tranquilos valles cercanos de Ordiso y Otal.

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La “playa” de San Nicolás de Bujaruelo, solitaria y tranquila en la fresca mañana

Salimos del refugio de Bujaruelo cuando los primeros rayos de sol entraban en el valle (a eso de las diez de la mañana). Cruzando el puente de San Nicolás, cogimos el GR11 en dirección a Ordiso y los baños de Panticosa. La primera parte de la ruta transcurre por los prados y bosques junto al río Ara, pudiendo hacerse por el margen derecho (sendero) o izquierdo (pista), ya que ambos se van a unir en el puente de Ocins, antes de que el Ara se estreche entre paredes de roca.

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Dispuestos a darlo todo

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Poza increíblemente apetitosa en el puente de Oncins

Con pena nos separamos de la maravillosa poza pensando en volver si teníamos tiempo en los próximos días para darnos un baño (no llevábamos ni una hora de camino y quedaban muchos kilómetros por delante) y empezamos la subida hacia el puente de Ordiso y la cabecera del Ara. La pista sube sin tregua entre el abetal para llevarnos a un estupendo mirador sobre los valles de Otal y Bujaruelo, que alcanzamos en unos quince minutos. A mitad de la misma encontramos el desvío hacia el puente colgante de Burguil, donde se escuchaba  mucho alboroto de gente bañándose o iniciando el descenso del río, así que decidimos no bajar.

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Valle de Bujaruelo con el Mondarruego al fondo

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Valle de Otal con la sierra de Turbión y el pico Otal al fondo

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Uno de los puntos más bonitos de todo el viaje. Empezamos fuerte

Tras un buen rato llaneando, el valle se vuelve a abrir para dar paso a la parte alta del Ara y la confluencia con el valle de Ordiso. Este es un lugar bucólico, muy fácil de alcanzar, y encontramos varios grupos de gente disfrutando de los remansos del río.

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Entrada al valle de Ordiso

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Valle de la cabecera del Ara, con el Vignemale al fondo

Hasta aquí la ruta había sido maravillosa, pero obviamente no podíamos conformarnos con sólo esto, así que nos adentramos en el valle de Ordiso, todo el rato por encima de los 1600 metros. A partir de aquí abandonamos todo sendero señalizado, así que tuvimos que empezar a consultar el track para saber qué sendero teníamos que coger, ya que el valle es mucho más cerrado de lo que parece, esta lleno de senderos de la gente que pasea por allí y sobre todo de las vacas, y es un poco confuso.

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Adentrándonos en el solitario valle de Ordiso

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Pose chachi en el punto donde vimos nuestra primera marmota ^^

No es un camino muy frecuentado y está bastante invadido por la vegetación y el barro y otros tipos de productos naturales del campo (mierda de vaca, por si alguien no lo pilla). Después de una hora de andar hacia el circo a pleno solete, en una vegetación cada vez más alpina y viendo como tristemente el río dejaba de llevar agua, llegamos al circo de Ordiso.

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La alta montaña en Septiembre, señores, más vale esto que la nieve

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Circo de Ordiso, imponente pero sequito

En este  punto debíamos abandonar el sendero (que nos habría llevado a los pequeños ibones de Ordiso pasando junto a una espectacular cueva), cruzar el río y comenzar a remontar por la ladera sur del valle hasta alcanzar el collado de Ordiso, que divide los dos valles a 2200 metros de altitud. Una gran cantidad de vacas y terneros reposaban al sol justo en la zona más indicada para comenzar la ascensión,  siguiendo el track. Como es lógico, las rodeamos para no asustarlas, ya que habitualmente reaccionan con bastante más desconfianza hacia los perros que hacia las personas, de manera que acometimos la agreste ladera un poco más hacia el sur de lo indicado, y nuestra deriva entre trochas de vaca no hizo si no alejarnos aún más de la ruta indicada.

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Eso sí, las vistas mu bonitas

A los quince minutos o así de caminar campo a través por la ladera pinchuda, nos detuvimos en la última (y única) sombra de una roca (aproximadamente a la una y media del mediodía), el sol pegaba con rabia y se nos acababa el agua. La grandísima cantidad de ganado y sus desechos nos hizo desistir de coger agua en la parte alta del circo, ni siquiera haciendo uso de las pastillas potabilizadoras.

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La sombra única

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Imágenes que no reflejan la dura realidad

Nos quedaba un buen rato de subida dura y probablemente otro equivalente de bajada, también expuesta al sol, es decir, sin poder parar a comer y descansar, pero pensamos que iba a ser mucho peor tener que hacerlo a las tres de la tarde y haciendo la digestión, así que continuamos la ascensión.

La subida fue penosa y muy larga, interminable. Quizá si no nos hubiésemos desviado del track habríamos ido más directas y por sitios un poco menos incómodos de andar, pero aunque intentamos corregir el rumbo, sólo nos encontramos con algo que parecía pisado por personas casi llegando al final. Los múltiples caminitos de vacas no hacían si no despistarnos en nuestra ascensión, no sabiendo si decidirnos por la agotadora subida entre las rocas del barranquillo que intentábamos seguir, o la cansina ladera de roca y pinchos por la que parecíamos no avanzar, teniendo que escoger sabiamente donde poner nuestros desprotegidos pies para no colarlos en un hoyo traicionero. Y un calor…

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Y, cuando parece que ya has llegado, aún queda otro tanto

No fue muy divertido, pero no fue tan malo como para que, una vez llegamos al collado a 2230 metros, bordeamos más vacas y disfrutamos de las vistas, no nos diera el pequeño subidón por la proeza realizada y se nos pasara bastante el cansancio y el mal humor. Optamos por no subir hasta el pico Ordiso, aunque quedaba a unos metros, por la imposibilidad de descansar por allí.

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Estas echaron a andar y chino chano se plantaron en el fin del mundo

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Como digo, de relativo buen humor

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Muy lejos, muy alto, y nada atractivo: el mítico Vignemale

Entonces comenzó la bajada hacia el valle de Otal, que se veía muy muy lejos y, tal y como esperábamos, con una total ausencia de resguardo hasta muchos metros más abajo. Para hacer la bajada, contaba con varias opciones procedentes de diversos tracks, pero consideré que, aunque fuera más larga, seguir el sendero “oficial” de gran recorrido nos resultaría más sencillo y menos arriesgado y cansado. Así que, descendiendo levemente, nos dirigimos hacia la cabecera del valle, equivocándonos nada más empezar por culpa de otro sendero de vaca, que son mucho más evidentes que los de personas…

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Paisaje un poco desolador con el circo de Otal y la sierra Tendeñera al fondo

Una vez corregimos y nos encontramos con las primeras indicaciones del GR, fui comprobando el track cada pocos minutos, pero Estefa, que iba con el turbo para intentar llegar a una sombra lo antes posible, más que nada por los perros que empezaban a venirse abajo, me sacó bastante delantera. Puñetera casualidad que, justo en un punto donde debíamos girar de nuevo hacia la cabecera del valle para descender por otro lado, había unas 15 vacas con varios terneros justo en mitad del camino. En varios puntos del camino, de hecho. Estefa me manifestó que tenía que rodearlas porque una de las vacas estaba haciendo muestras bastante evidentes de agresividad, y yo le intenté trasmitir que lo hiciera, pero que luego tenía que girar a la derecha  y bajar porque el sendero giraba e iba por abajo. No me entendió. Cuando yo también conseguí pasar la amenaza vaca, comprobé con horror que había seguido caminando por un sendero (de vaca) en la misma dirección hacia la salida del valle (pero muchos muchos metros ladera arriba, apenas habíamos bajado del collado en realidad) y estaba ya muy lejos. Cuando la conseguí alcanzar, evidentemente hubo bronca por ambas partes (os ahorraré los embarazosos detalles y otros pormenores de nuestra relación personal) y decidimos dar la vuelta para retomar el sendero correcto. Podríamos habernos despeñado por la ladera como en este track, pero no estaba segura de dónde estábamos y yo no quise arriesgarme a encontrar alguna complicación insalvable y que fuera mucho peor en tiempo y dificultad.

En fin, muy malhumoradas y sofocadas volvimos con las vacas y, con dificultades y barro, las rodeamos, ahora por abajo. El sendero no era fácil de encontrar ni de seguir, no hay apenas marcas y está degradadísimo por las pisadas de los animales, el barro y la vegetación. Es comprensible toda nuestra confusión y desde luego, la considero una experiencia poco recomendable, al menos en esta época del año. Varios zigzags más después y, tras sortear algún otro grupo de vacas más y varios barrizales (o al menos esperas que sea barro eso blando y mojado en lo que, bajo los pastos secos, estás hundiendo el pie), llegamos a la pista en el valle de Otal, junto a la cabaña de la Paul. Habíamos tardado más de dos horas en bajar, sin comer, sin beber, y a pleno sol, y ni siquiera en la cabaña había una sombra en la que cobijarse.

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Muchos muchos pasos después

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Siempre me ha parecido que esta foto es un reflejo de nuestras almas cuando alcanzamos la pista

El río apenas llevaba agua tan arriba, así que tampoco nos acercamos mucho. Echamos andar por la pista lo más rápido posible, con la lejana visión de los abetos en la entrada del valle en el bello Bujaruelo, que nunca debímos haber abandonado. No me cabe duda de que el valle de Otal, en su tónica bucólica y pastoril, debe ser muy bello y entrañable para los visitantes que vienen paseando, especialmente en primavera, pero lo cierto es que, al menos en la época del año que nos tocó, lo vivimos como un infierno de torridez, pasto seco y caca de vaca. Todo muy degradado y para nada merecedor del esfuerzo que habíamos hecho.

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Salvo quizá por este gran momento 😀

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Y Estefa jurando venganza a todas y cada una de las vacas que se le pusieron a tiro

A  eso de las cinco de la tarde llegamos al inicio del valle o collado de Otal, donde la pista cruza el rio sobre un pequeño puente, y alguien soltó las cosas y se fue al agua. Pero no tanto como yo. Fue un momento muy reparador y aunque no había agua para beber, el baño nos curó un poco de la deshidratación. A partir de este punto empezamos a adentrarnos en el bosque para bajar, a ratos por la pista y a ratos por el sendero, más empinado y pedregoso, hacia Bujaruelo, Y ya que estábamos, quisimos continuar hasta las orillas del Ara, para descansar en paz finalmente en un prado verde con aguas cristalinas.

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Valle de Bujaruelo desde Otal, foto complementaria a la de la mañana

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Cruzando el Ara

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Me morí y fui al puto cielo bajo la atenta y preocupada mirada de Hugh

Volvimos al camping refrescados y comidos (estábamos a 15 minutos) cuando se nos fue el sol (después de la insolación del día, el destemple que teníamos era épico). Agotaditos física y mentalmente, nos dimos una ducha calentita y purificadora y  nos retiramos a “cenar” o “seguir comiendo” y a dormir, esperando que las bellas imágenes del día fueran más fuertes que los momentos duros y las vacas no poblaran también nuestras pesadillas.

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Con las últimas luces del día sobre el Mondarruego, imagen que guardo muy mucho, me despido hasta que coja fuerzas para una nueva entrega de nuestras ya lejanas vacaciones.

 

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Un comentario en “Ruta circular Valles del Ara, Ordiso y Otal – Pirineo Aragonés

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