Senderismo en el Parc Nacional d’Aigüestortes

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Lo que, en un inicio, iba a ser un desesperado intento de conseguir un par de días a principios de Junio para desconectar y “vivir” un poco antes del largo y sufrido verano, se convirtió finalmente en una semana de vacaciones como la copa de un pino (o abeto 😉 ), que no queremos dejar de compartir con vosotros, aunque sea de manera bastante resumida.

Después de mucho darle a la olla decidimos, esta vez sí, exprimir a tope la semana haciendo noche en diferentes localizaciones, y así no quedarnos sin ver nada de lo que nos apetecía. Además, para ahorrarnos las horas de montar y desmontar tienda y por qué no decirlo, también el cansancio, decidimos prescindir de ella y alojarnos de manera más cómoda y rápida, ya que podíamos permitirnos hacer un poco más de inversión. Por ello y para no hacerlo muy pesado, voy a dividir la crónica en tres entradas correspondientes a cada una de las tres “zonas” en las que estuvimos. Agárrense que vienen curvas.

subida al port de la bonaigua vall aran

Mi idea principal cuando aún no sabía cuantos días íbamos a tener era aprovechar para visitar el Parc Nacional d’Aiguestortes y llac de Sant Maurici. Visita obligatoria para todo catalán que se precie y que, tras dos años, aún teníamos pendiente. De nuevo, me surgieron dudas al respecto y estuve a punto de descartar esta zona para partir en busca de otros lugares menos masificados y “domesticados”, pero finalmente valoramos que era la mejor oportunidad por la época del año en que estábamos, y que era muy poco probable que nos decidiéramos a ir únicamente allí en cualquier otro momento.

Me alegro mucho de no haberla descartado. La visita al parque superó con creces mis expectativas, la época del año era perfecta y para nada me dio la sensación que me trasmitía lo que había estado leyendo por internet. Estaba precioso, espectacular, todavía con algo de nieve en las zonas altas y agua a borbotones por todas partes. Encontramos gente y algún 4×4, pero para nada lo que imaginaba, y al no haber comenzado ni siquiera la temporada de la Carros de Foc, tuvimos muchos momentos de completa soledad y tranquilidad. En verano no quiero verlo ni en fotos, pero, como digo, el momento fue ideal y mereció mucho la pena invertir el día y medio que estuvimos en el parque y sus alrededores.

Con una eficacia admirable conseguimos tener todo listo el Domingo a las cinco y poco de la tarde (yo había trabajado hasta las tres, pero fue un fin de semana muy bien organizado) y salimos para Espot, donde llegamos a las nueve de la noche, todavía con bastante luz. Nos alojamos en el Hotel Saurat en el centro mismo del pueblo, uno de los pocos sitios “a cubierto” donde nos aceptaron con nuestros perros y la verdad,  salimos muy contentas. Totalmente recomendable.

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Espot. Vistas desde la ventana del pasillo del Hotel Saurat

La previsión meteorológica para toda la semana era variable, con probabilidad de lluvias todos los días, especialmente del medio día al anochecer. Así que cada día salimos bien equipadas de primavera-verano y, cómo no, con nuestras five, pero también preparadas con abrigo y ropa impermeable para que cualquier chaparrón o bajada brusca de temperatura alpina no nos fastidiara el día.

Para el primer día tocaba conocer el Llac de Sant Maurici al fin y, si nos veíamos bien, subir hasta el Estany d’Amitges para volver por el otro lado del lago. Una ruta un poco más larga de lo que nuestros pies querrían, por lo que íbamos con reservas y decididas a acortarla si era necesario. La podéis ver aquí, es el único track que he encontrado que hace casi exactamente lo que nosotras, aunque hay un tramo que traza una linea recta que evidentemente no es real, por lo que la distancia total está más cerca de los 18,5 km que de los 17,5.

Dejamos el coche en el enorme parking del Prat de Pierró, último lugar al que se permite llegar en vehículo privado, a unos 4km y algo de Sant Maurici, y comenzamos a caminar a las nueve de la mañana, primero por un sendero adaptado de madera de unos 800m que discurre junto al río, y posteriormente subiendo muy poco a poco por el fondo del valle alternando prado y abetal, por un sendero mucho más majo de lo que yo esperaba y en absoluta soledad.

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El Riu Escrita bajaba abundante y salvaje, preludio de lo que encontraríamos en la cabecera del valle

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Primeras vistas de Els Encantats y la roca del Estany

 

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El llac de Sant Maurici a rebosar, verde y sereno este Lunes primaveral

Una vez en el Estany y  en el camino hacia la cascada de Ratera nos encontramos con alguna familia y parejas disfrutando de la espectacularidad del salto de agua, pero en la breve pero intensa subida hacia en Estany de Ratera los fuimos perdiendo, de manera que cuando llegamos a este precioso lago y a los siguientes disfrutamos totalmente del entorno en una soledad absoluta. Únicamente nos cruzamos con un taxi 4×4 con tres o cuatro turistas que nos alcanzó en el Estany de la Bassa, pero siguió su camino por la pista y ya no nos molestó mas.

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La mole de Els Encantats presidiendo la mayor parte de la ruta

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Cascada de Ratera. Agua. Mucha. Me estoy mojando.

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Espectacular caída hasta el Estany. Al fondo el Portarró. Me estoy mojando mucho.

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Estany de Ratera. Grande y muy bonito, es un circo precioso mires hacia donde mires

Nos adentramos por el pequeño y precioso sendero que, poco a poco, asciende junto a les Obagues de Ratera y finalmente hasta el Refugi d’Amitges, haciendo el mismo camino de subida y bajada pero evitando la infernal y costeruda pista. Además de disfrutar de las vistas pudimos solazarnos con el encuentro con unos gamos que, con total desvergüenza (sólo un poco de preocupación porque al parecer nos acompañaba un lobo) nos observaron pasar y seguir nuestro camino sin moverse de su mirador privilegiado.

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Les Obagues de Ratera estaba tan lleno que incluso había quedado sumergido parte del camino y tuvimos que subir un poco para evitar el agua. Nuestro favorito de toda la ruta

Amitges nos sorprendió totalmente solitario y todavía medio congelado, una estampa chulísima que, aprovechando que las nubes no parecían decididas a quedarse y que pese a las apariencias, la temperatura era estupenda, quisimos disfrutar con tranquilidad comiendo y dando un poco de libertad a los perros (en los Parques Nacionales el control es mucho mayor y pese a la soledad, tampoco nos gusta que hagan los ceporros o puedan molestar a la fauna en sitios con tanta presión).

 

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Estany i Agulles d’Amitges. Todo un privilegio haber estado ahí

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El Refugio-chalet d’Amitges, todavía cerrado (aunque cuenta con una pequeña caseta antigua que siempre esta abierta con literas y mantas para que cualquiera pueda resguardarse

Después, descansados y rellenos, intentamos continuar ruta hasta el Estany de la Munydera y dels Barbs, que estaba a solo unos metros más allá del refugio para verlos y dar la vuelta, pero una buena acumulación de nieve sin fin a la vista nos hizo desistir. Congelarnos los pies no era buena idea cuando aún nos quedaba más de media ruta, así que iniciamos el regreso por les Obagues hasta el cruce con la pista, ahora sí cruzándonos con algunas parejas que empezaban a llegar por allí.

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Vistas desde el mirador del Estany. El día no acompañó mucho a las fotos pero en vivo fue bastante bonito y se agradeció no estar todo el día a pleno sol

Desde esta intersección continuamos hasta el mirador del Estany y más allá para cruzar una pequeña tartera con unas vistas de infarto y recorrer la otra vertiente del valle, en dirección hacia el refugio Ernest Mallafre.

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Le dije “pasa de los perros, quiero que salgamos nosotras bien”. Alguien tenia una opinión al respecto.

 

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Riu del Portarró, Sí, por ahí pasaba el camino. Nos estamos mojando. Otra vez

Una vez pasado el torrente comenzó una buena bajada de esas que nos queman bastante, con una buena dosis de piedras, así que el cansancio y el dolor de pies ya era bastante acusado cuando finalmente alcanzamos los prados junto al refugio, donde mi novia dice que vio una urogallina (todavía estoy esperando verla para creerlo).

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A eso me refería

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Vistas hacia Amitges y Pui Pla

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Un rato de sol nos permitió disfrutar del lago en toda su belleza

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A lo lejos la cascada de Ratera, se pueden apreciar sus dimensiones

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Y las de este abeto-secuoya y sus amigos

Desde Ernest Mallaffre se puede volver al Estany para salir al mismo punto por donde lo alcanzamos a la ida, pero para abreviar cogimos la pista que lleva directamente unos metros más abajo cerca de la ermita de Sant Maurci y su fuente, desde donde sí que ya no hay más remedio que desandar los cuatro kilómetros hasta el parking. Como intuíamos, fueron muy largos después de todo el día, sobre todo para mi acompañante que venía con su fascitis un poco perjudicada, pero mereció mucho la pena hacer el recorrido tal cual. Afortunadamente, tampoco teníamos ninguna prisa, ya que rondaban las cinco de la tarde y pese a que cayeron cuatro gotas, ese día nos libramos de la lluvia. En total fueron unas nueve horas de ruta, con cerca de dos horas de paradas entre comer y otras.

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Las vacas eran muuuuuy majas. Tanto que algún ternero corrió hacia nosotros con ganas de fiesta ante la atenta y preocupada mirada de su madre. Con los perros hay que andarse con mucho cuidado con las madres, no les hacen ninguna gracia

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Despidiéndonos del valle

Lo bien que nos sentó el baño caliente y la cena esa tarde-noche en el hotel sólo lo pueden intuir aquellos que disfruten de pasarse el día caminando por la montaña hasta caer agotados en un “refugio” de la misma manera que nosotras.

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Bona nit

La otra zona del parque que queríamos conocer era Vall de Gerber, situada un poco más al norte de camino a Vall d’Aran, donde pernoctaríamos al siguiente día. Esta entrada fue la que me descubrió e inspiró para hacer esta ruta. Desde aquí, gracias, la disfrutamos enormemente. Así que el martes bien temprano recogimos “campamento” y nos despedimos de Espot y su hotel prometiendo volver, para intentar aprovechar la mañana al máximo posible ya que esa tarde, sí o sí, iba a llover. Tras 30 minutos de carretera, entusiasmadas por el entorno y a sólo unos metros del  puerto de la Bonaigua (a 2070 metros de altitud) dejamos el coche en la estación de Esquí de la Peülla, totalmente deshabitada en aquel momento, para adentrarnos hacia Vall de Gerber.

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Seguimos el pastoril sendero durante una media hora, llaneando con vistas al valle y a la vertiginosa carretera, hasta que llegamos a la entrada misma del valle de Gerber  donde tuvimos que salvar una corta subida que, en apenas 15 minutos, nos dejó en el primer rincón maravilloso de esta ruta, la estanyola de Gerber.

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Perfecto lugar para la meditación

Aunque nos habríamos quedado aquí todo el día, nos hicimos el ánimo y continuamos, siguiendo las marcas (creo recordar que rojas o naranjas) es una ruta que no tiene pérdida, cruzando arroyos y bloques de piedra en una divertidísima subida hasta el siguiente nivel del valle: el Estany Petit.

 

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Sus caras de emoción lo dicen todo

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Otro bello rincón para solazarse

La nieve empezó a hacer acto de presencia y con precaución y siguiendo las huellas de alguien que había pasado antes que nosotras cruzamos un par de mini neveros que habían cubierto el sendero. El camino nos llevó al estrecho desagüe y las bonitas cascadas a la salida del Estany de Gerber, que finalmente alcanzamos en su inmensidad en un par de horas de recorrido (con mucha calma). Precioso.

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A la izquierda los Puis de Gerber, a la derecha el Tuc de Serós

Alcanzamos en este punto a dos compañeros y su perrilla que estaban disfrutando del ibón en una roca junto al agua. Nos saludamos y nosotras continuamos. Los bordes del Estany son muy inclinados, al menos en esta época del año no hay camino para bordearlo por abajo y se ha de subir bastante para continuar por el sendero camino al refugio de Mataró. Salvado este desnivel, continuamos en llano por el pequeño pero bien trazado sendero disfrutando de unas maravillosas vistas de la laguna, hasta que llegamos a un canchal junto a la cascadita que baja del Estany Long. Cruzamos el canchal para intentar continuar la ruta evitando pisar demasiada nieve o agua, pero justo bajo la cascada, en plena umbría, nos esperaba un buen nevero de bastantes metros en profundidad, distancia y caída. Nadie lo había pisado todavía, y aunque era evidente que el sendero continuaba unos metros más allá hasta el collado y nos había gustado llegar al menos hasta el Estany Long, decidimos no arriesgarnos a cruzarlo.

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Merece la pena ver la inmensidad y profundidad del Estany desde lo alto

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Cascada de Gerber e importante acumulación de nieve a partir de este punto. Con palos y botas probablemente habríamos cruzado sin mayor problema pero como unas son asín de sencillas pues habrá de esperar a la próxima.

Comimos en paz junto al camino mismo, en unas rocas que parecían un banquito puesto adrede en el estupendo mirador. El cielo nos obsequió incluso con un buen rato de sol en el que pudimos disfrutar del profundo azul del ibón, pero las nubes que se empezaban a arremolinar en el Tuc de Serós, no presagiaban nada bueno.

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Con el cielo azul y la luz del sol todo parece más fácil… pero no hay que dejarse engañar

Antes de que nos sobreviniera demasiada bajona iniciamos la vuelta por el mismo camino, sin más compañía que la de una pareja de ánades, alguna marmota lejana y algún mosquito demasiado cercano. La disfrutamos casi tanto como la ida, aunque se nos hizo muuuyy corta.

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estany de gerber primavera

Me quedo con la paz de estos rincones y las ganas de ir siempre más allá

Sobre las cuatro, tras la breve pero maravillosa ruta ya estábamos en el coche y de camino a Vall d’Aran, donde pasaríamos el siguiente día. Nuestra productiva visita relámpago a este pintoresco rincón de nuestra geografía la dejaremos para la próxima entrada.

Como bonus, os dejo con un video con mis flamantes fivefingers nuevas, para que veáis con qué gracia y soltura (aunque un poco menos al ir grabando, no tenía ganas de estampar mi preciosa lente contra una roca) nos movemos por este tipo de terreno con ellas 🙂

 

Fivefingers® Trek Ascent: Muchos kilómetros después

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Hace mucho tiempo que tengo esta entrada casi acabada pero, por diversas circunstancias, no he sido capaz de publicarla hasta ahora.  Quería haber escrito esta reseña como colofón a los post sobre nuestras rutas en el Pirineo aragonés, donde ya adelanto que triunfaron y nos terminamos de enamorar perdidamente de ellas, pero al final no pudo ser (ni los posts), y tampoco antes de Navidad cuando la comencé (sí, habéis leído bien, todo este tiempo).

El caso es que ya hace un año que compramos nuestras primeras “Five”, y más de 350 km después, podemos decir que han sido exhaustivamente puestas a prueba y que han aprobado todos los exámenes con nota, así que no puedo demorar más la publicación de esta reseña sobre los que han sido, probablemente, los 110 euros  mejor invertidos de nuestra vida.

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Sobre un lecho de hojas en un Montseny otoñal. Ruta corta y variadísima donde las exponemos a un metro de hojas secas traicioneras, roca viva, pista, pedreras, río… y nunca fallan.

Como ya hemos adelantado en alguna entrada, las Trek Ascent se han convertido en unas excelentes compañeras de senderismo, siendo su prueba más importante los más de 40 km de montaña que nos ayudaron a completar en el pirineo aragonés en las vacaciones del año pasado, aunque desde entonces la verdad es que no podemos decir que el uso que les hemos seguido dado sea menos digno de mención.

A continuación os dejo una lista de las rutas completadas por mí (porque como leeréis después, a mí me han durado más) con ellas, además de las múltiples fotos, para que podáis haceros una idea de la distancia aproximada y tipos de terreno a los que nos hemos enfrentado juntas a lo largo de estos meses (algunas tienen su propia entrada, pero la gran mayoría no he tenido tiempo/ganas de reseñarlas en el blog. Una pena, muchas realmente lo merecían, pero todas las podéis encontrar parecidas en Wikiloc). No he incluido los frecuentes paseos por Collserola, cuya distancia ha oscilado entre los 4 y los 15 km.

  • Ruta del Sol Blau. Torrelles del Llobregat (18km, no todos con las Five)
  • Camins de Ronda. Tossa de Mar (12 km sumando los de otro paseo por allí)
  • Pont de Pedret a Sant Pere de la Portella y vuelta. Berga (16 km)
  • Valles de Ordiso y Otal (20 km)
  • Subida a la Ripareta y Ermita de San Úrbez. Cañón de Añisclo (17 km)
  • Bajada del ibón de Bernatuara hasta Bujaruelo (5,5 km)
  • Garganta de Escuaín y surgencia del Yaga por la faja de Cazcarra (12 km)
  • Cola de caballo de Ordesa por Cacilarruego (18 km)
  • Subida al Penyagolosa por Barranc Oscur y bajada por Pegunta. Castellón (11 km)
  • Agudes i Turò de l’home desde Passavets. Montseny (9 km)
  • Subida a la Gallina Pelada desde Peguera. Berga (13,5 km)
  • Fageda d’en Jordá y volcanes de la Garrotxa. (11 km)
  • Aiguafreda i Castell de Tagamanent (14,5 km)
  • Puig d’agulles desde Gelida (13,5 km)
  • Cingles d’aiats. Collsacabra (11 km)
  • Santuari de Corberà al Roc d’orò y la Torreta (10 km)
  • Agudes i Turò de l’home desde Passavets. Montseny (9 km)
  • Els estrets d’Arnes i riu de les valls. Tarragona (14 km)
  • Roques de Benet. Tarragona (8km)
  • 7 Gorgs de Campdevànol circular.  Ripoll (15 km)
  • Puigsacalm i Puig dels Llops (10 km)
  • Rocalladre i Puig rodó. Garrotxa (12km)
  • Puig Vicenç desde Cervellò (8 km)
  • Gorg negre i Passetjadors. Riells del Montseny (9 km)
  • Cingles de Riells de Fai y Sant Miquel del Fai (10 km)
  • Del coll d’Estenalles a Sant Llorenç de munt. (12 km)
  • Subida a Sant Miquel de les Formigues. Sant Hilari Sacalm (8 km)
  • El Cogull i el Capolatell. Sierra de Busa (13,5 km)

Y, tras todo esto, os damos nuestra opinión…

Lo mejor:

El agarre y agilidad (no se como llamarlo) que permiten. En roca seca, mojada, tierra suelta, nieve, canchales, cornisas mínimas que jamás podrías usar para subir/bajar con una botarra de montaña normal, hojas secas, barro, mierda de vaca, para arriba, para abajo, en el rio, en el mar… Con la de kilómetros que hemos hecho, se pueden contar los patinazos que hemos dado con los dedos de una mano (o de un pie), y esto no sólo es una cuestión de autoprotección frente al ridículo, si no también de seguridad y rapidez. La combinación del dibujo tipo “neumático” de la suela con la flexibilidad y movimiento que permite al pie adaptarse a cualquier situación del terreno ofrece muchas más posibilidades a la hora de desplazarse por la montaña que un calzado más rígido y con protecciones, lo que se traduce en una seguridad al caminar que, personalmente, nunca había experimentado.

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Las Fivefingers triunfaron en el cañón de Añisclo, despertando la curiosidad de varios excursionistas (fue la primera vez que me pararon para preguntarme, ahora ya estoy acostumbrada) y a la bajada cuando tuvimos que descender por sitios como este lloviendo a cantaros sin un solo resbalón

No entraré en sensaciones más subjetivas pero también muy importantes y positivas como son integrarse y ser uno con el terreno, sentir el relieve, las formas y texturas, moverse por la montaña como parte de ella cual cabra y desplazarse con el leve crujido de las hojas secas, y no como si cayera una avalancha de rocas. Yo, que siempre he tenido perro, a menudo me descubría envidiando la agilidad y posibilidades de sus patitas en la montaña. Desde que uso las five, me siento mucho más cerca de ellos en ese sentido, y en general de las posibilidades de movimiento que, como animal, me corresponderían.

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En Huesca nos mojamos un par de veces, por lo que hubo momentos en que no tuvimos más remedio que cambiar de calzado. Ahora bien, se vinieron de paseo hasta Francia para volver a nuestros pies tan pronto como estuvieron más o menos secas

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Y así, sí, bajando como cabrillas, con rapidez y seguridad, del ibon de Bernatuara

Muy importante compartir que, después de una larga ruta en la que, en el pasado (y no sólo por nuestra peor forma física) habríamos acabado con un cansancio muscular bestial y múltiples dolores articulares, especialmente en las rodillas, ahora en su lugar acabamos con un dolor de pies interesante pero que desaparece casi por completo en una noche de descanso y mucho menos resentidas en general, lo cual da idea de lo beneficioso que es llevar un poco de minimalismo al senderismo y montañismo (cuánto -ismo…), y poder usar toda la potencia y habilidad de nuestros pies y nuestro cuerpo al desplazarnos. Para apuntarse a ello, considero que son unas compañeras excelentes y se las recomendaría a todo el mundo.

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Incluso con nieve y lluvia, mojarse los pies no es tan incómodo como puede parecer, ya que la transpiración es excelente y no retienen el agua, por lo que no vas “chapoteando” con los pies inundados, lo que pasaría con otro tipo de calzado cerrado.

Es cierto que la protección frente a las dificultades del terreno que ofrecen es diferente a la de una bota de montaña y hay que aprender a moverse diferente, con más cuidado de dónde y cómo pisamos y menos pretensiones, pero la adaptación es muy rápida y prácticamente inconsciente. Natural, diría yo. El único terreno que nos puede resultar realmente duro son los canchales y pedreras, o caminos con pedregosidad grande y muy elevada, donde al final la planta del pie se resiente bastante. Pero, si son tramos cortos y no se está demasiado cansado, son una herramienta más que suficiente, y, como decía, este dolor plantar desaparece a las pocas horas. Obviamente, hay que tener mucho autoconocimiento y un poco de sentido común. Son unas zapatillas para correr/caminar  en casi cualquier situación por debajo de los 2000 metros, que es a lo que habitualmente nos dedicamos. A partir de ahí, depende mucho del terreno y nuestra habilidad y resistencia, pero no considero que sean adecuadas para hacer “alpinismo”, donde sea necesario atravesar canchales durante tres horas, o enfrentarse a los peligrosos neveros. No obstante seguro que hay alternativas algo minimalistas para aquellos que gustan de llegar más lejos y más alto.

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En la cumbre de mi amado Penyagolosa, el techo de nuestra tierra. No sé si por el cansancio acumulado después de los pirineos, pero para lo corta que es la ruta, creo que me costó más dolor de pies que ninguna otra. Ojito con las montañas de la terreta.

Lo peor:

Después de tantos kilómetros y tantas contorsiones sobre roca viva, mis fivefingers están desgastadas del dibujo de la suela, y ya sufro un poco en determinados terrenos, pero no tienen ni un descosido y, hasta hace unos 30 km, tampoco presentaban ningún punto de debilidad. Ahora bien, como digo yo las he reservado casi exclusivamente para las salidas por campo y montaña, que suman aproximadamente muy de lejos unos 400 km. Estefanía, sin embargo, también las empezó usando una o dos veces por semana para correr por pista y sendero y también a diario, y a los pocos meses ya presentaban este aspecto:

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Bastante más desgastadas de la suela que las mías, y con un fatídico desgarro en ambos dedos gordos e índices que se resistió a cualquier arreglo.  Que se te rompan unas zapatillas de más de cien euros en tres meses es doloroso, sobre todo porque el resto de la zapatilla estaba bastante bien (por lo que siguió usándolas bastante tiempo y aún lo hace, aunque no para rutas largas) pero hay que reconocer que el uso fue intensivo. Imagino que este desgaste dependerá bastante de la anatomía de cada pie y del apoyo, pero teniendo en cuenta que las mías también se han roto al final únicamente por esta zona, parece lógico pensar que será el destino de la mayoría de ellas.

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En la breve por intensa subida hacia el Cap de Llizet o Gallina Pelada nos enfrentamos a una mini pedrera preludio del Pedraforca que nos hizo darlo todo, y a la vez nos lleno de buenas vibraciones al respecto de nuestra inevitable second round con la montaña más cañera de Cataluña)

Otra consideración importante con el uso continuado es que hay que tener mucho cuidado de limpiarlas y ventilarlas adecuadamente, especialmente si se usan sin calcetines, por los motivos obvios. Aunque en la lavadora quedan como nuevas, tampoco es cuestión de estar lavándolas cada semana si queremos que duren, así que es muy importante limpiarlas en seco por fuera después de usarlas, y ventilarlas bien. De otra manera, es posible que matemos a alguien cuando, entusiasmado, nos pida verlas de cerca.

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Sobre los restos de un volcán en la Garrotxa, donde me hicieron hasta fotos (autógrafos y otras peticiones indecororsas en el formulario de contacto, por favor)

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También nos llevamos mas de una mirada y comentario en el valle de Ordesa (algunos en idiomas desconocidos que no obstante entendíamos perfectamente) aunque entre los cientos de personas que nos cruzamos, algún que otro minimalista nos sonrió con complicidad.

No podemos dejar de hacer notar que no son unas zapatillas baratas (ningún modelo de esta marca lo es). En su día costaron 110 euros, y aparte los calcetines, que tampoco son precisamente baratos (nos regalaron un par de los básicos, pero los que más nos han gustado son los de trail). Ahora bien, aunque lo que le pasó a la Estefi es una lástima, después de ver lo que han aguantado las mías creo que el desembolso mereció la pena, por durabilidad y por todo lo que me han permitido experimentar. Tanto, que estaría dispuesta a hacerlo de nuevo. Afortunadamente, con la llegada de nuevos modelos, si estamos avispados y hacemos uso de plataformas de compra online de diversa índole, podemos encontrar muy buenas oportunidades en esta marca. De hecho, ahora mismo tenemos siete pares de diferentes modelos en casa, y ninguna ha costado más de 80 euros. Incluyendo las sustitutas para las Trek Ascent, que están ya preparadas para que les de al menos la misma caña que a  las anteriores 🙂

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Una de sus últimas rutas “largas”, en Riells del Fai. La última, algo más montañera, ya sufrí bastante en las zonas pedregosas, así que me temo que sus días de alta montaña han terminado. No obstante, espero que aún me den muchos buenos paseos.

Concluyendo:

Las Fivefingers Trek Ascent son unas zapatillas de 10 y fueron una elección perfecta para cubrir nuestras necesidades. Creo que no exagero cuando digo que nos han redescubierto el senderismo. No obstante, y como no me canso de decir a todo el que me pregunta si son cómodas, son maravillosas una vez te has acostumbrado y sí, notas las piedras (de eso se trata, otra cosa diferente es que duela más o menos) y sí, tienes que aprender a andar de otra manera y reducir mucho tus expectativas de tiempo y distancias. Pero creo que he dejado claro que el “sacrificio” merece la pena. Realmente espero seguir teniéndolas disponibles muchos años, porque yo ya no concibo salir de ruta con otro calzado. O sí, pero será otra cosa.

Espero también que esta entrada, por la que, aunque no lo parezca, no recibimos ningún tipo de contraprestación por parte de la marca (tampoco estaría mal), os sirva de ayuda a muchos y os anime a experimentar la naturaleza, la montaña y las posibilidades de vuestro cuerpo de una manera diferente y muy gratificante.

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Ruta minimalista / descalcista por Sant Llorenç de Munt: del Coll d’Estenalles a la Mola y vuelta

https://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4834107

Una ruta corta (unos 12km) que discurre fácilmente por pista cementada y caminos sencillos, de tierra con pocos tramos de gravilla y piedrecillas y sólo dos o tres tramos de roca y pendiente moderada. Geología alucinante, buenísimas vistas y conexión con la tierra para quien se atreva a desprenderse del calzado para caminar con los pies libres (aunque sea sólo a ratos, como yo, el grueso lo hicimos con las Fivefingers Trek Ascent).

Nosotras dejamos el coche en el aparcamiento frente al centro de interpretación del Coll d’Estenalles. Subimos por pista de cemento hasta la bifurcación de la subida al Montcau (que dejamos para otro día), la pista acaba al llegar al coll d’Eres, aquí el camino se transforma en un sendero que nos lleva al encinar.

Al entrar en el encinar y empezar a avanzar entre la arboleda por el húmedo y blandito camino de tierra empecé a notar cierta necesidad…  las miles de terminaciones nerviosas de mis pies me estaban rogando sentir y disfrutar ese suelo. A los pocos pasos me sentí incapaz de seguir desoyendo esa llamada y me quité las Fivefingers. Madre mía qué sensación caminar con los pies desnudos y sentir el camino… es tanto lo que nos perdemos al caminar con calzado y se enriquece tantísimo el senderismo al liberar los pies…

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Caminando descalza bajo el encinar

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Pisar un charco con los pies desnudos y seguir caminando… placer homínido

Fuimos subiendo poco a poco hasta el Collet dels Tres Termes y seguimos recto por una zona más despejada en donde el camino ya no es tan blandito y hubo que avanzar de nuevo con suelas. Poco a poco y con paciencia, que mis pies aún están muy verdes. Bajamos por un tramo pedregoso hasta entrar de nuevo en el encinar, caracterizado por su agradable sendero de tierra. En la bajada tuvimos que detenernos un rato para dejar pasar a una recua de mozuelos de instituto que subía ya de vuelta… pedazo de excursión chula para ellos, muchos apenas la apreciarán pero seguro que alguno habrá que se enamore de la montaña y de la naturaleza gracias a ella.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Entre encina y encinar, el camino es algo más difícil para el pie desnudo

Alcanzamos la carena de Sescorts y nos dirigimos por un tramo más pedregoso hacia el Morral del Drac (una chulada de rocote al que nos desviamos para hacer alguna fotillo).

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Con el Morral del Drac de fondo

El camino sigue por sendero hasta un pequeño collado y llega a una canal, en donde se conserva un un antiguo empedrado que asciende por una chulísima zona encajonda llena de rincones de cuento.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Sendero con algo más de pendiente

Al salir, seguimos hasta un pradito que subía con pendiente moderada hasta el monasterio de Sant Llorenç de Munt, donde merece la pena detenerse un buen rato para disfrutar de las vistas y de la fantástica arquitectura del edificio.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Últimos pasos hacia el monasterio

Tras darle la vuelta al monasterio y afotarlo bien, buscamos un rincón alejado del camino en el que comer y descansar antes de iniciar la vuelta por el mismo sitio.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Foto a traición XD

Nos tomamos la vuelta con toda la calma que pudimos, para disfrutar del camino (yo fui alternando entre ir calzada y descalzada, según el terreno) y dado que a esas horas nos cruzábamos con pocos senderistas, los perros también gozaron de un poquito más de libertad.

En resumen, una ruta fantástica, sin dificultad y si te gusta la paz de la montaña y la soledad por sus caminos, para hacer entre semana y en “temporada baja” (que por lo visto al ser tan accesible está siempre muy concurrida). Y si te estás empezando a liberar los pies o te animas a probar, sin duda, una ruta fantástica en esta época para ir haciendo tus pinitos descalcistas 😉

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Montcau, nos quedas pendiente nos veremos las caras 😉

Ruta con nieve y Fivefingers: Santuari de Corberà – Roc d’Orò – La Torreta

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Desde el retrovisor del coche, estampa aventurera

Track que seguíamos: https://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2348232

Con la llegada de los fríos invernales, fue difícil decidir hacia dónde orientar nuestra siguiente ruta, ya que, por un lado, queríamos aprovechar para disfrutar de la nieve no fuera a ser que no tuviésemos más oportunidades este año, y por otro, nos arriesgábamos a encontrarnos con unas condiciones tan adversas que nos impidieran disfrutar del día. Al final, salimos a la aventura en dirección al Berguedà sin saber lo que nos íbamos a encontrar, si nos sonreía la fortuna quizá un poquito de nieve, si no, algo mucho peor…

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Procesionaria del pino (Imagen: Wikipedia)

En estas fechas este pequeño engendro está en todo lo suyo y nos temíamos que en vez de bellos copos de nieve, lo que amenazara con caernos mientras hacíamos la ruta fueran los nidos de nuestras archienemigas (archienemigas de nuestros peludos, se entiende… aunque si he de ser sincera, pese a nuestra formación y amor por todo lo vivo, este ser no se encuentra entre nuestros preferidos…).

Al llegar a Berga y dirigirnos a los Rasos de Peguera por la carretera ya vamos viendo lo que hay: blanco en los pinos y en el suelo, afortunadamente poca cosa de ambos.

Mirador Desde la carretera a rasos de peguera

Vistas desde la carretera de Berga a los Rasos de Peguera

Ya en el Santuario de Corberà, punto de inicio y fin de la ruta, la cosa parecía estar clara: nidos en los árboles aún sin visos de caer, nieve en las voreras y rincones apartados, sol y día frío pero bastante apacible. Teníamos un par de horas hasta que empezaran a caer las temperaturas (en negativo, se entiende, porque estábamos a sólo tres grados), así que decidimos hacer la ruta en plan minimalista con las Fivefingers Trek Ascent y las Spyridon (y las botas de montaña en la mochila y algo de ropa por lo que pudiéramos encontrar a más altitud).

Santuari de Corberà

Santuari de Corberà

fivefingers trek ascent nieve

Las Fivefingers Trek Ascent en la nieve

Según avanzábamos el ratio de blanco suelo/árboles cambiaba para nuestro regocijo, había cada vez más nieve en el suelo y menos nidos en las copas. No obstante, esto y el aumento de la nubosidad y viento, nos hizo plantearnos la ruta de otra manera: se intentaría hacerla tal cual (circular) pero si no lo veíamos claro, nos dábamos la vuelta en el momento que fuera.

Fivefinger trek ascent nieve

¡Qué gustito romper y hundir los pies en la nieve!

Como el tiempo no empeoraba (ya no hacía sol todo el rato pero el viento no era continuo y no parecía que fuera a caer nieve) nos dirigimos hacia la base de las paredes que íbamos a tratar de superar.

Llegamos a la Font de Tagast, donde nos detuvimos un rato a hacer fotos y tras un par de carreras caninas proseguimos la ruta.

Al empezar a subir y aumentar la cobertura arbórea, el frío y la nieve empezaron a hacerse más patentes. Afortunadamente, la ruta deja la pista para tomar algunos “atajos” por senderos cuyo desnivel templaba el cuerpo y los ánimos, y fuimos avanzando contentas hasta llegar a la siguiente fuente: la Font d’Estela en el coll d’Estela, donde tendríamos que habernos desviado para subir al Cogulló d’Estela (otro día será, porque las condiciones no acompañaban). Desde aquí, nos dirigimos al Roc d’Orò, pasando por la Font del Porró y la de la Constància. De todas ellas brotaba un hilillo de agua helada (literalmente).

Fue una pasada disfrutar de esta parte del recorrido de la ruta salpicado por nieve sin que la misma nos dificultara el paso o nos hiciera incómodo el avance con calzado minimalista. Moló lo suyo.

Comprobamos que no había apenas nieve y hielo en el corto tramo de ascenso al Roc d’orò y nos atrevimos a subir (la cadena no es 100% necesaria, pero siempre viene bien, sobre todo de bajada) aunque una vez arriba no nos apeteció quedarnos a disfrutar de las vistas ya que el viento era fuerte y la parte canina del equipo, sobre todo el componente más pequeño, corría el riesgo de salir volando peña abajo. Así que foto y para abajo.

Aquí hacía un frío del carajo, pese al solete, pero decidimos continuar y llegar hasta las antenas en la Torreta, alcanzando así la máxima cota de la ruta. En un primer momento nos tiramos por un sendero marcado que se dirigía hacia allí pero Bruma se plantó y nos informó amablemente que el montañismo no era lo suyo y que, muy a su pesar, no le parecía bien seguirnos por ahí (una variante, que cresteaba entre rocas para trepar y llegar a la Torreta directamente desde el collado a los pies del Roc). Efectivamente, no era por ahí (aunque se puede subir y bajar con precaución), la ruta que llevábamos en el OruxMaps seguía bordeando la ladera cruzando la pedrera y ascendiendo suavemente por el lateral hasta llegar a un collado.

Lo alcanzamos con relativa facilidad, aunque en algún tramo se nos hundieron los pies en un palmo de nieve. Pero una vez arriba y a sólo unos metros de la cumbre, nos encontramos con esto:

Mar de hielo en el collado justo antes de la Torreta

Mar de hielo en el collado justo antes de la Torreta

Como la nieve no era reciente, se había helado y deshelado varias veces, convirtiéndose en una gruesa capa compacta que se extendía bastantes metros en todas direcciones. Los perros patinaron, alucinando y yo intenté ascender un tramo para calibrar cómo estaba el asunto, pero no había nada que hacer, la cosa estaba de crampones y eso ya eran palabras mayores. Además no sabíamos qué nos íbamos a encontrar en la otra ladera, mientras que por donde habíamos subido no había apenas nieve ni hielo. Así que la decisión estaba clara, la prudencia se impuso y volvimos por donde habíamos venido.

El Cogulló desde el collado

El Cogulló desde el collado

Mientras volvíamos le comentaba a Sara que entendía (aunque no comparto) su frustración por no poder hacer la ruta tal como habíamos planificado, pero que por otro lado, me gustaba que la montaña me venciera y me hiciera sentir humilde. Quizá unos diez años atrás, la inconsciencia y la intrepidez me habrían llevado a vivir más a tope mis experiencias, a correr aventuras más alucinantes… pero actualmente, soy lo que soy… y me cuesta arriesgar la integridad de la mejor herramienta que dispongo para alcanzar bienestar y disfrutar de la vida: mi cuerpo. Me cuido tanto de él como de mi otra herramienta principal (la mente) cuya relación, integración y dependencia de/con la primera cada vez entiendo mejor. 

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La vuelta fue sencilla y amena (no hizo falta seguir el GPS, ya que podíamos contar con nuestra memoria y donde esta fallaba, estaban nuestras huellas ¡muy guay seguir nuestro propio rastro jajaja!).

Rastro nieve huellas perros fivefinger calzado minimalista

Nuestro rastro en la nieve

Y aunque era tarde y habíamos considerado comer en la zona de la Font de Tagast o en Can Déu (la casita la rural de más abajo donde nos llevaban esperando desde el mediodía con los Calçots preparados, guiño, guiño), decidimos seguir hasta el coche haciendo alguna pequeña variación del recorrido en la bajada, y así comer calentitos porque entre el frío que hacía, que ya no daba nada el sol y el bajón que da después de comer, más nos valía estar a resguardo.

Efectivamente, la temperatura había caído hasta los -2ºC y no eran ni las cuatro de la tarde, así que, tras el breve receso para nutrir al cuerpo y con los pies secos y calentitos (las five y los calcetines estaban empapadas, así que las botas y calcetines gordos que había paseado toda la ruta vinieron de lujo), iniciamos el retorno a casa.

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No se aprecia pero estoy a dos carrillos 😛

Como íbamos a llegar prontito a casa, decidí que haría mi ECD antes de cenar y así lo hice, nada más llegar, antes de ducharme. Craso error…

Nota: es mi rutina de Ejercicios de Calistenia Difíciles, un entreno rápido de: 10xBarbwire Pushup 10xCondensed Pushup 10xDeep Pushup 10xDiamond Kiss Pushup 10x  Frog Pushup 20xHindu Squat 10x Crazy Lunge  10x “Caída de torre” 20xBear Squat

Someter al cuerpo a determinados niveles de estrés es beneficioso porque éste responde adaptándose y fortaleciéndose (o volviéndose antifrágil), pero hay un punto más allá del cual (tanto por intensidad del agente estresante concreto como por suma de diferentes agentes estresantes) ya no hay beneficio, sino perjuicio. “Si te pasas, te lo pierdes” y yo me pasé.

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Hormesis: la dosis hace al veneno 😛

Madrugar (más de lo habitual)+Primer día de la menstruación (pérdida de sangre afortunadamente no habitual)+Actividad física de baja intensidad en ayunas (esto sí es habitual)+Exposición al frío y humedad intensa (más frío y tiempo de lo habitual)+Ingesta copiosa (mayor de la habitual)+Actividad física de intensidad media haciendo la digestión (habitual pero con una digestión menos exigente)… PUF Nivel de estrés tolerable sobrepasado y consecuencias inmediatas: agotamiento físico, bajada de defensas y microorganismos ganando la batalla en forma de catarro.

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No todo iban a ser fotos estupendas, esta es mi cara de hecha polvo

Ahora no queda otra que retirar por completo cualquier agente estresante que esté en mi mano retirar, primar el descanso y dejar que el cuerpo haga lo que “nadie” mejor que él sabe hacer: defenderse y recuperar el equilibrio. Son muchos miles de años haciendo su trabajo y perfeccionando su habilidad, aunque nos hayamos estado empeñando los últimos miles en ponerle la zancadilla… sigue siendo “el mejor” cumpliendo su cometido. ¡Vamos que tú puedes! ¡Make it quick que sabes que me cuesta estarme quieta! 😛

PD: A fecha de hoy hace una semana de esta ruta y afortunadamente ya estoy casi recuperada del catarro (no me he estado tan quieta como debería, me temo, pero me he portado muy bien y me he esforzado en ayudar a mi sistema inmune a través de la dieta).

rastro huellas perro fivefinger nieve

La pata que cojea: ¿Tímida yo?

Juampeyyo

Sigo batallando con la cuarta pata de la mesa y esta vez me ha dado por reflexionar un poco más seriamente al respecto de mi historial, mi trayectoria personal y mi status quo actual. He estado revisando textos serios relacionados con aspectos de la personalidad como la timidez, la introversión, la fobia social… etc, etc, para intentar ubicarme a mí misma dentro del espectro de la personalidad y la conducta social (ya adelanto que no he podido). En el proceso he estado recordando y reviviendo cómo me he sentido y desenvuelto socialmente a lo largo de mi vida y también le he dado vueltas a cómo me siento ahora. Esto es lo que encontrarás en esta entrada, si te atreves con ella (sólo recomiendo abordar este bodrio a lectores verdaderamente interesados en conocerme muy a fondo, es realmente un coñazo de escrito que no sé siquiera si a mí me interesará releer algún día y que probablemente está lleno de incoherencias, sinsentidos e interpretaciones erróneas). Así que si sigues leyendo, te doy mi más sentido pésame por las neuronas que se te van a suicidar en el proceso.

Volviendo al pasado: de cómo una niña extrovertida empieza a sentir ansiedad y rechazo hacia a los adultos

Si retrocedo y escarbo lo suficiente en mis recuerdos, no me cuesta demasiado volver a mi yo infantil. No recuerdo que fuera tímida de pequeña. Todo lo contrario, era más bien extrovertida.

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Yo creo que al principio todo era muy simple: la gente era muy atractiva y por ello su presencia era celebrada y deseada. Es lógico, la presencia otros significaba cosas buenas: atención, mimos, comida, diversión, estimulación y en general necesidades satisfechas. Gente=bien

La gente desconocida o con la que me relacionaba con menor frecuencia era aún más interesante porque aportaba novedades o cosas diferentes. La presencia de gente desconocida significaba mayor estimulación, descubrimientos nuevos, información nueva, diferentes posibilidades… Gente desconocida=bien

En algún punto todo se torció. Aprendí que las demás personas tenían opiniones. Y lógicamente, me gustaba más cuando su opinión sobre cualquier cosa relacionada conmigo era positiva que cuando era negativa.

Yo con la Begoña

La aprobación me hacía sentir bien y la desaprobación me hacía sentir mal. No mucho al principio, ni lo uno, ni lo otro. Al fin y al cabo, no le daba mucha importancia al asunto. Me importaba más yo misma, mi bienestar inmediato y mi proceso de descubrimiento del mundo.

Pero cada vez me fue importando más y más. La matraca incesante de “lo que está bien” y “lo que está mal”, con sus consecuencias positivas o negativas, fue haciendo mella. Y la sensación de que mi conducta era constantemente evaluada por los demás, cada vez era más patente.

Y empecé a buscar la aprobación de los demás e intentar evitar su desaprobación. Era sencillo, sólo había que identificar qué esperaban los demás de ti y cumplir con ello. A veces era fácil y no costaba apenas esfuerzo (sólo era cuestión de hacer una elección correcta), otras no era capaz pese a intentarlo y no conseguía cumplir. Las consecuencias negativas no eran muy intensas entonces, porque al saber que lo había intentado, no había enfado ajeno, pero como siempre he sido muy perceptiva, notaba la decepción de los demás y sentía vergüenza. Y había veces (muchas) que, directamente no quería hacer lo que se esperaba de mí y no cumplía con ello por decisión propia. Entonces sí había desaprobación directa y habían consecuencias negativas más que evidentes (enfados, castigos, mal humor…), de modo que yo sentía frustración y culpabilidad.

Creo que hubo en mi infancia más desaprobación que aprobación. Y entonces la gente dejó de ser bien. La presencia de otros empezó a ser incómoda. La gente juzgaba, la gente censuraba, la gente me impedía ser libre y hacer lo que yo quería. La gente seguía siendo necesaria para acceder a todo lo bueno y deseable, pero a la vez era fuente de ansiedad, angustia y malestar. Ahí se fue todo a la porra y cambiaron las tornas, porque la gente era necesaria (proporcionaba recursos) y a veces todo iba bien en su presencia, pero frecuentemente no era así, de modo que cada vez que tenía que interaccionar con algún adulto o estar en su compañía, de forma previa a ello, sentía algo de ansiedad al respecto. Temía que que esta interacción/compañía fuera desagradable.

Al principio no había evitación, sólo malestar inicial ante ciertas situaciones, pero pronto empezó a aparecer, es el curso lógico del proceso.

A la par, comencé a mostrar ciertas conductas que se relacionan con la timidez, la introversión… Nada del otro mundo, lo común en una hija única: jugar sola, encerrarme en mi cuarto, leer, amigos imaginarios… etc etc. Pero lo cierto es que ya había una gran diferencia entre lo cómoda y a mis anchas que me sentía sola y lo incómoda e inhibida que me sentía con adultos cerca o teniendo que interaccionar con ellos directamente.

Con otros niños (de mi edad o más pequeños) no me sentía incómoda, excepto por tener que compartir recursos. Eso de compartir o hacer lo que otros querían en vez de lo que yo pensaba que sería más divertido… ejhem, digamos que nunca se me ha dado bien. Empecé siendo sólo algo mandona y egocéntrica/egoísta pero en cuanto desarrollé un poquito más la personalidad pasé a ser directamente manipuladora (lograr que los demás hicieran lo que yo quería con artimañas se me daba excelentemente bien :P). No era mala (no me movía el hacer daño, causar sufrimiento ni disfrutaba con el padecimiento ajeno), era (y sigo siendo) egoísta. Primero yo, luego los demás. Y si puede ser, que no se note que te aprovechas de ellos, que te ahorra problemas.

carnaval

El caso es que me sentía cómoda con niños de mi edad o menores… pero no con los mayores. Los mayores, aunque no eran adultos, también me ponían algo nerviosa. Pero no puedo decir que me sintiera inhibida ante su presencia. Pero como los mayores eran más hábiles, inteligentes y capaces que yo, no me quedaba otra que convertirme en “seguidora” y avenirme a que dirigieran nuestros juegos/interacciones o tomaran las decisiones. No molaba tanto jugar con niños mayores, simplemente, pero no me sentía tan juzgada/censurada por su parte, ni sentía que tuviera que “comportarme” y representar un papel ante ellos. Ante los adultos sí. Ante los adultos había que fingir que una no era… en extremo curiosa, irrespetuosa, ruidosa, inquieta, egoísta, irresponsable… y parecer todo lo contrario. Yo era lo que era y a los adultos no les gustaba y querían hacer de mí otra cosa, yo intentaba representar ese papel en su presencia y así tenerles contentos… pero si uno tiene que fingir en presencia de otros para lograr su aprobación y que no haya consecuencias negativas… obviamente no se siente cómodo entre ellos. Gente adulta=mal

Ana Lucila y yo

Inhibiciones conductuales varias

De peque mis padres me obligaban a interaccionar con ciertos extraños (vendedores, dependientes, camareros…) y yo, en vez de habituarme, cada vez me fui sensibilizando más y más. Me vino de perlas tener a mi prima para poder mandarla a ella a hacer “recados”. Actualmente no puedo usar a mi prima… pero a menudo me descubro empleando a mi señora para evitarme una interacción similar con un funcionario/dependiente/vecino… Trabajar de cara al público siempre ha sido de gran ayuda para tratar esta tendencia mía y gracias a ello lo llevo mucho mejor, pero a fuerza de exponerme y obligarme a ello a diario. Los periodos de tiempo que he pasado lejos de esta obligación, han tenido como consecuencia un recrudecimiento bastante fuerte de mi evitación hacia los desconocidos. De hecho conforme menos trato con la gente, más me incomoda su presencia, más me desagradan, más rechazo me causan… Gente=muy mal

Demons

En algún punto de mi vida desarrollé fobia a llamar por teléfono (lo sitúo entre los 17 o 18 años). No a responder una llamada, con eso no tengo demasiado problema (según mi estado emocional) pero sí a hacerla, fundamentalmente si habrá alguien desconocido al otro lado del teléfono. No estoy hablando de sólo sentirme un poco nerviosa ante ello y evitar enfrentarme a la situación al máximo, he llegado al punto de sufrir verdaderos bloqueos con crisis de ansiedad asociada. Hace unos años decidí que no podía seguir tolerando esta fobia y empecé a enfrentarme a ello. Actualmente he recuperado la funcionalidad y soy capaz de hacer una llamada cuando hace falta o necesito algo. Pero no llamo por placer… a nadie y mi primer instinto es evitar hacer una llamada. Si quieres hablar conmigo por teléfono, llámame e insiste si no te lo cojo, pero no esperes que te llame de motu proprio, ni mucho menos. No lo haré, no me nace. Sólo llamo cuando me siento obligada a ello o me obligo para no volverme a sensibilizar con el tema.

Ni tímida ni introvertida

Sin embargo, pese a estos y otros ejemplos, cuando leo al respecto, no consigo identificarme del todo como una persona de carácter tímido, introvertido o que padezca fobia social. Pero lo cierto es que hoy día, tampoco soy una persona que socialice con normalidad.

Siempre me ha gustado tener amigos (imaginarios o reales) y jugar con ellos. He tenido pandilla, mejores amigos (diferentes según qué época), he formado parte de grupos sociales (más pequeños o más grandes) y no me he aislado o retraído al llegar a un entorno social nuevo ni en mi infancia, ni en mi adolescencia ni en mi etapa juvenil (me integré bien al cambiar de cole, seguí haciendo amigos al entrar en el instituto, forjé grandes amistades y conocí a mucha gente en la universidad, ningún problema a la hora de trabajar en equipo con gente nueva en prácticas, he trabajado de cara al público y en equipo la mayor parte de mi vida laboral… etc, etc). Si lo pienso, en realidad, soy una persona muy sociable… pero no social.

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Una persona tímida se pone tan nerviosa cuando tiene que interaccionar con gente en la que no confía o conoce poco que tiene síntomas físicos (se le acelera el corazón, se pone rojo, tiembla, suda, tartamudea, evita la mirada…). Una persona con fobia social lo lleva aún peor y le entra tal ansiedad que deja de ser funcional y lo pasa francamente mal, tanto como para evitar por completo a los demás.

Yo no soy así, ni tampoco ha caracterizado mi personalidad la “inhibición conductual” ante lo extraño. No creo tener mucho problema en este aspecto, aunque a veces pienso que tiendo a “sobreactuar” cuando interacciono con desconocidos, sospecho que para compensar cierto grado de timidez. Pero no calificaría este grado de anormal o patológico. Es una timidez normal, que además probablemente tenemos todos.

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Es sólo que no busco a la gente… y si puedo, la evito. Me siento más cómoda yendo a mi aire, sin compartir tiempo y espacio con otros seres humanos o interaccionar con ellos de forma directa. Además, la interacción directa con los demás me agota mental y físicamente, en mayor medida cuanto menor sea la confianza que tengamos. He estado mucho tiempo considerando si eso es que soy introvertida, porque a menudo lo definen de modo similar. Pero no termina de convencerme esto tampoco.

El camino a la introversión

Cierro la noche copia

Para empezar, yo he llegado a esto, pero no he sido siempre así así. Quizá hoy sí se me podría definir como introvertida (considerando la introversión como una dimensión de la personalidad que agrupa las características de sujetos tranquilos, reservados, introspectivos, retraídos, distantes con los demás excepto con amigos íntimos, cautelosos y con elevado control emocional), pero desde luego, no se podría definir así mi personalidad hasta hace pocos años. Y se supone que una personalidad introvertida se muestra ya al año de edad y se manifiesta, generalizada a múltiples ámbitos de la vida, con inhibición ante lo no familiar… bla bla bla.

Nah, yo no puedo decir que la introversión haya definido mi personalidad durante toda mi existencia. Para nada. Más bien creo que cada vez soy más introvertida como consecuencia a determinadas circunstancias personales.

Primer paso hacia a la introversión: percibir y ser sensible al juicio ajeno.

En primer lugar, como avanzaba al principio, tengo un cierto grado de ansiedad ante el juicio y la evaluación ajena, que en ciertas situaciones, me genera rechazo, evitación e inhibición conductual. Y he subrayado mucho ese “en ciertas situaciones” porque es importante. No me define, no me acompaña constantemente, no me obsesiona, no me incapacita… pero es problemático en ciertas situaciones.

Segundo paso hacia la introversión: tener una percepción algo traumática al respecto de mis habilidades y mi historial en cuanto a la socialización que me genera ansiedad al socializar, me impide relajarme y me hace obsesionarme con la sensación de no estar integrándome adecuadamente.

La fobia social suele desarrollarse a raíz de eventos traumáticos. Yo no tengo fobia social, pero no socializo con normalidad, me cuesta demasiado esfuerzo, no lo hago con naturalidad. No me siento cómoda entre los demás y a menudo siento que fracaso en mis esfuerzos e intentos por integrarme en los grupos sociales.

Una y otra vez, a través de muchas interacciones sociales en mi vida que he sentido y calificado como “no exitosas” he ido reforzando (por refuerzo variable) ciertos convencimientos internos al respecto de mí misma:

Algo falla conmigo. Soy diferente a los demás. Tengo que esforzarme para “encajar” entre la “gente normal” porque si me muestro tal como soy, me rechazarán por ser demasiado diferente, no de forma directa pero sí involuntaria, por no encontrar lo suficiente en común conmigo como para integrarme en su grupo. Tengo que encontrar cosas en común y centrarme en ellas, aunque sean en cierto modo fingidas o producto de una exageración deliberada… Y todo esto me ha llevado a sufrir una especie de “ansiedad social” y a que mi conducta no sea natural cuando socializo y que, además, me cueste relajarme y olvidar que “estoy siendo juzgada”.

Así, parece que cuando consigo “encajar”, lo hago a costa de lucir un yo desfigurado o disfrazado. Y cuando me muestro tal cual soy… me siento fuera de lugar. Y eso sí ha sido un constante en mi vida desde el colegio. Sentirme una pieza de un puzzle diferente, intentando encajar a la fuerza en un hueco más o menos parecido… pero nunca el indicado. Nunca el verdadero hueco al que esa pieza pertenece.

He pasado muchos años buscando ese hueco. O bien cincelando la pieza para lograr que encajara o bien moldeando activa e infatigablemente los bordes del hueco más parecido que he logrado encontrar.

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¿Y qué? Menudo drama. Nos pasa a todos, en mayor o menor medida. Ese hueco es una utopía, como tantas me han obsesionado en mi existencia. Es una asíntota a la que uno puede acercarse pero nunca llegar y a base de:

  • Suerte: para encontrar huecos lo más afines y similares al que idealmente correspondería a la pieza
  • Empeño y esfuerzo: para que la pieza no sea tan rígida y se pueda adaptar a un hueco o huecos “imperfectos”
  • Intervención activa: para influir y modificar en lo posible la forma del hueco para que éste se adapte mejor a la pieza

Por si nos hemos perdido con tanta metáfora: la pieza soy yo y el hueco el grupo/relación social XD

Tercer paso hacia la introversión: ser reactiva y no tolerar el nivel de estímulos habitual y considerado normal en nuestra sociedad y de mi entorno social habitual.

A todo esto se le ha ido sumando otro aspecto de la personalidad muy relacionado con la introversión: mi nivel de saturación sensorial cada vez es más bajo.

Mi cerebro se satura cada vez más pronto ante el nivel de estímulos habitual de la vida moderna y el entorno social. Mi umbral cada vez es menor y enseguida me canso y necesito alejarme y desconectar. Y no sólo me refiero a los estímulos externos que capto con los sentidos (en este orden: auditivos, visuales, táctiles, olfativos y gustativos) sino a estímulos internos (emoción y cognición).

Me agotan los ambientes ruidoso o recargados, la interacción física continuada, me desagradan los alimentos muy dulces o muy salados… y hace mucho que tiendo a la estabilidad emocional (por control voluntario e involuntario, ya que en cuanto estoy sintiendo cualquier emoción más intensamente de lo normal se me “corta” de forma automática) y me canso prontísimo de cualquier actividad que requiera pensar, reflexionar u otras tareas cognitivas.

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Todo esto tiene que estar relacionado con mi neuroanatomía (vías neurales, neurotrasmisores y cantidad de receptores) y niveles hormonales. Y me encantaría entenderlo mejor, la verdad. Pero bueno, intuyo que mis vivencias/experiencias pasadas, mi aprendizaje y adquisición de habilidades gracias a la TREC (terapia racional emotivo-conductual) y mi actual estilo de vida sano y activo tiene mucho que ver. Se han descartado y perdido vías neuronales, se han formado nuevas, que se han ido reforzando cada vez más debido a que están asociadas con el bienestar. Y mis niveles de serotonina, dopamina y adrenalina están regulados gracias al ejercicio físico y la dieta baja en carbos. Mantengo a raya el cortisol y glucocorticoides (estrés) con actividades relajantes, introspección, desconexión y meditación…

Todo estupendo, pero yo estoy en una onda y el resto del mundo en otra. No cabe duda de que el nivel de estímulos al que la sociedad actual se ha acostumbrado y mi entorno social necesita está muy alejado del punto óptimo y natural al que el ser humano está evolutivamente adaptado, pero es el que es y que a mí me sature condiciona mucho mi forma de socializar.

Cuarto paso hacia la introversión: ser tan fiel a mi estilo de vida, rutinas y hábitos que me disguste y trastorne sacrificarlos para adaptarme a los de la mayor parte de mi entorno social (que difieren bastante) y poder compartir más con ellos o dedicarles más tiempo y esfuerzo.

Le sumamos a la ecuación mi rigidez conductual. He encontrado el equilibrio en mi vida, sí, pero a costa de hacer las cosas de una determinada manera, de cumplir con ciertas rutinas sí o sí y como sea, de ser todo lo inflexible y persistente que puedo, invirtiendo y desarrollando al máximo mi fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio. Me disgusta y rechazo la debilidad sobre todo para mí misma (pero también en los demás) porque sé que me lleva directamente a caminos por los que sé que pierdo el norte con facilidad. No quiero volver a transitar esos caminos, de modo que me empeño con fuerza en no poner ni un pie en ellos. Porque me conozco, por si acaso… Pero eso me hace ser muy estricta al respecto de mis hábitos y rutinas sobre todo con el tema del ejercicio físico y la alimentación. Pero también con otras muchas aspectos de la vida diaria. No soy una persona que se adapte fácilmente al estilo de vida de los demás. Más bien necesito que los demás se adapten al mío.

budha prayer

Cada vez veo menos claro el tema de ajustar la cuarta pata de la mesa (ver etiqueta La pata que cojea) la verdad… como no me monte una tribu “slow” de inadaptados/obsesivos como yo… :S

Resumen del mes de Estefa: Junio 16

correr collserola perros mediodía

Empezamos hard el día 1… en concreto hard stop de abdominales en V, un ejercicio que cada mes trae consigo una buena cantidad de agujetas para el día siguiente… y un paseo por montaña con varios km descalzos (los cuatro, aunque los perros nos llevan ventaja en esto) para fortalecer y endurecer la planta del pie

Paseo descalza

Ruta larga de senderismo por Torrelles el día 2 con cheat-meal por la tarde

y una mini sesión de kettlebell el día 3 (suelo hacer un 10x por cada lado de los siguientes ejercicios: Halo/Ochos/Around de world/Giros/Peso muerto/Swing a dos manos/Clean/Swing a una mano/Clean to press/Snatch con la kettle de 12 o la de 16, según esté de fuerzas). El día 4 tocó repetir test: 358 repes, como siempre unas poquitas repes menos que en inicial, pero nada mal.

test paleo anterior

El día 5 me piré a correr y me da por variar la ruta y meterme por corriols, con nefasto resultado… correr, corrí poco… las huaraches dejan al pobre Homo sapiens muy a merced del agresivo “amor” del mesomediterráneo (queridas coscoja y aliaga, vuestro amor me destroza… las piernas ¡auch!).

salida a correr huaraches minimalista collserola perros aliagas

Duele el amoooor ♪♫

Por la tarde me animé con lo que nosotras llamamos “Planchimus”, una especie de “Máximus” con planchas (10 tipos de planchas, 120” con 30” de descanso entre ellas acabando con 5′ de plancha normal).

El día 6 tocaba definir el test haciendo el máximo de repes en un minuto y luego un ratito de metabólico de resistencia, que yo llevo ya bastante tiempo trasformándolo en una sesión de multisaltos indoor.

Test 1

El día 7, aunque aún no tocaba, hice el test de la primera semana de la programación (me venía mejor por el horario del curro) y sin duda fue una buena decisión: 392 repes, mi record hasta ahora. Luego me fui a correr un ratito con los perros (descalza por asfaslto, en huaraches por tierra).

El día 8, tras madrugón por curro y cansada del día anterior, hice mi entreno de “espalda” habitual con bastante flojera. El día 9 estrenamos ruta: Circular por El Papiol-Valldoreig (10km), ayunando hasta la cena (cheat-meal… ¡yai!).

Ruta Papiol Madrona Valdoreix sol

En estas fechas ya nos vamos empezando a replantear si no sería mejor intercambiar el monte por la playa… demasiada insolación, demasiado calor… pero bueno, a la cabra le tira lo que le tira 😛

Ruta senderismo Papiol Madrona Valdoreix

Cabrillas tirando “pal” monte

El día 10 hicimos una carrerita paleo (indoor) y el día 11, aunque no tocaba aún, adelanté el interval sin pausa (4 vueltas de 2 ejercicios dedicados al core). El día 12 acabé la semana saliendo a correr por montaña (unos 8km).

El día 13 tocó interval a repeticiones cronometrado: 13′ 30” (casi 30” menos que el mes pasado, guay 🙂 ). El día 14 vuelvo a entrenar la espalda, esta vez sin flojera, con lo que me deja unas estupendas agujetas para el día 15, que tocaba carerra paleo. El día 16 nos lo tomamos de relax y nos fuimos todos a la playa y a romper la monotonía de la dieta (mmmm delicioso cheat-meal).

playa vallcarca perros corriendo mar

El día 17 tocaba espabilar el metabolismo con tabatas (de nuevo salto estrella… argj, qué horror) y unos progresivos. El día 18 no tengo registro de lo que hice, algo haría, digo yo pero no ha trascendido 😛 Sea como fuere, por la tarde me bajó la regla. Últimamente tengo más en cuenta en qué momento del ciclo me encuentro, para ajustar mejor el entrenamiento a mi entorno hormonal, cosa que las féminas no solemos tener en cuenta y no es tema baladí, sobre todo para comprender por qué unos días rendimos más y otros menos. El día 19 salí a correr por la mañana y por la tarde hice una sesión libre y poco exigente de kettlebell, dominadas, handstand… para estirar el cuerpo un poquico.

giphy

Empieza la semana chunga del programa. El día 20 fue duro, curré de mañana y entrené por tarde en ayunas tocando además uno de los buenos: “huracán” y metabólico de resistencia puro. El día 21 hice una sesión de espalda y por la tarde, alargando el ayuno, una de kettlebell en la playa (por fin empezamos a practicar malabares con la kettle de 8kg, qué guay!!). El día 22 tocó “maximus” y el día 23 se me va la perola y tras ver un ejemplo de “spartraining” de WODS en su página de facebook decido probarlo (adaptado) en casa. Acabo completándolo, con muchos descanso y ejecutando los ejercicios como me da la gana en 56′ (sí, un poco patético… ¡pero también heroico! XD).

El día 24 hice una carrera paleo y luego di un buen paseo por senderos al solete del mediodía (pista forestal F01 de Collserola). Empiezo a adoptar el modo de desplazamiento de mis compañeros peludos: sólo hay que seguir dos normas: 1 – correr en el sol y 2 – andar/descansar en la sombra (muy divertido y mucho más rentable físicamente que sólo caminar).

Ruta F01 Molins

Descansando un ratito en Molins de Rei

El día 25 tocaba Big Paleo e interval sin pausa, ejecutado con poca energía, la verdad, el cansancio se acumula y el rendimiento baja 😦 El día 26 acabé la semana yéndome a correr por Collserola (variando la ruta de nuevo, pero esta vez sin meterme por corriols salvajes jajaja).

correr collserola perros

Un corriol no tan salvaje (nos cruzamos con otro aguerrido corredor incluso)

Empiezo la semana de recuperación a tope de fuerzas y el día 27 hago dos entrenos por la tarde uno en ayunas (una carrera paleo) y otro tras medio-digerir la comida (“planchimus” otra vez). El día 28 el entreno del día se lo dedico a la espalda (por la tarde, aún en ayunas). El día 29 volvemos al principio: hard stop de abdominales en V. El día 30 fue un día un poco de mierda, pero bueno así es la vida, unos días mejor otros peor: paseo corto de senderismo, cheat-meal (comida) y sesión ligera de kettlebell por la tarde.

Ha sido un buen mes, pero el calor empieza a apretar y a hacer mella en los ánimos, que también se escalfan. No augura nada bueno para julio… pero bueno qué remedio, no nos pilla de susto, julio es es un infierno que hay que atravesar todos los años… y acaba pasando, como todo lo malo 😉

sometimes shit happens

Si es que a veces, la mierda simplemente ocurre


Como el enlace de los comentarios está al principio de la entrada y es poco intuitivo os dejamos aquí otro por si os apetece dejarnos un mensaje en esta entrada. ¡Queremos comentarios! 🙂


Senderismo minimalista (Fivefingers Trek Ascent y Lightrun sandals) – Ruta del Sol Blau

En asfalto Fivefingers trek ascent

Lee la crónica de la ruta completa aquí

Impresiones de Estefa:

Escalando roca Fivefingers trek ascent

Tramo Torrelles-Subida al Puig Vicenç: con los pies frescos, las sensación de llevar las Five puestas es como llevar cualquier otra zapatilla, vamos que me encuentro muy alejada del suelo para mi gusto… no lo noto y no me fijo apenas en cómo camino. La pista y el camino de tierra es arenosa y blandita así que tampoco supone mucho desafío.

Tramo de subida al Puig Vicenç: en cuanto comienza el sendero de ascenso empiezo a alucinar con las Five ¡qué agarre, me quedo pegada a las rocas pulidas! ¡qué maravilla poder hacer tracción con los dedos de los pies para elevar mi cuerpo en las partes más empinadas! Disfruto especialmente este tramo, tengo todos los músculos frescos y la subida es muy estimulante y agradable.

Trepando árbol Fivefingers trek ascent

Tramo Puig Vicenç-Subida a la Penya del Moro: camino más rápido y sin necesitar fijarme tanto en el relieve del suelo con las Five (en comparación con las Newfeel o las huaraches), pero noto bastante el suelo pedregoso y aunque la planta del pie va sufriendo los impactos de las piedras, el cansancio y dolorcillo en la planta tarda más en llegar que otras veces.

Tramo de subida a la Penya del Moro: sensaciones parecidas al ascenso al Puig Vicenç pero con la musculatura de pies y piernas menos ávida de ascenso, cuesta más subir y se nota el cansancio muscular. Empiezo a notar los pies algo aprisionados y agobiados (mala circulación, algo de hinchazón, poca traspiración…).

Tramo Penya del Moro-desvío a Torrelles: en mitad de la pista pedregosa de bajada la sensación de agobio se me hace insoportable y me pongo las LightRun. Al fin libertad y traspiración… ahora el suelo es jodido y con menos suela me cuesta más avanzar. El cansancio muscular y el dolor en las plantas de los pies aumenta rápidamente, pero la mayor movilidad y sensación de que los pies “respiran” en balance, merecen la pena.

Tramo desvío a Torrelles-sendero de bajada hasta carretera: sigo con las huaraches, caminando con cuidado y sintiendo a tope el suelo. La parte de pista-camino plana un coñazo, el suelo está muy duro, demasiado plano, monótono y ofrece demasiada resistencia… no lo paso bien, la verdad, pero bueno, voy intentando adecuar la forma de caminar para que el dolor en la planta del pie no me obsesione. Al llegar de nuevo al sendero todo cambia y vuelvo a sentir que avanzo más a gusto, caminando, no sólo desplazándome paso tras paso…

Tramo desde la carretera hasta la roca del Barret: pista pedregosa en bajada pronunciada, con los pies cansados y doloridos. No veo el momento de llegar a la roca, liberarme de todo calzado y descansar un rato… no se me hace especialmente largo, afortunadamente. Tras el descanso me pongo las Fivefingers de nuevo. Aún quedan muchos km y necesito algo de soporte extra.

Agarre roca fivefingers trek ascens

Tramo roca del Barret-subida al Turó de Tabor: un horror incognoscible, cansancio muscular, plantar y mental. No mola, pero la suela y el soporte del calzado ayudan a pasar por ello.

Tramo subida al Taró de Tubor: la cuesta es mi especialidad y vuelo hasta arriba. Siento como se me espabilan todos los músculos y los estiro durante el ascenso, se estimula la circulación y al llegar arriba del todo vuelvo a sentirme más fresca. Los 5 minutos de descanso sentada en el banco terminan de insuflar ánimos y fuerzas para acometer el último tramo de la ruta.

Ruta senderismo Fivefingers trek ascent

Tramo Turó de Tabor-Torrelles: pista de tierra fácil de caminar, con el paso ya más que estable y adaptado al cansancio (protegiendo las zonas de la planta más doloridas, apoyando donde me duele menos y haciendo fuerza con dedos y músculos) avanzo sin tregua. Se va bien y sólo hay que seguir pasito a pasito hasta acabar la ruta. No se hace tan interminable ni insufrible como la vez anterior, que iba con diferente calzado (Newfeel Many) y menor preparación física.

asfalto Fivefingers trek ascent

Impresiones de Sara:

Penyes Can Reinal Torrelles Lightrun sandals

Tramo Torrelles-Subida al Puig Vicenç: Para esta ruta quise atreverme con las huaraches,ya que intuía que al menos los primeros cinco o seis kilómetros los iba a poder completar sin complicaciones. Los primeros tres son de asfaltado y luego pista forestal muy cómoda. Disfruté especialmente de llevar los pies tan fresquitos (y, por qué no admitirlo, llenos de polvo rojo del camino) y poder caminar con tanta naturalidad, maravillándome del cambio experimentado desde la primera vez que salí con las huaraches al campo, no solo gracias al ajuste si no también a la progresiva adaptación de mis pies. Nada de sensación de pies de pato ni de piedrecillas que se clavan o se meten en los pies (que me sacaban de quicio al principio).

Ruta senderismo lightrun sandals huaraches

Tramo de subida al Puig Vicenç: La subida al Puig Vicenç es empinada y muy divertida, con un sendero muy irregular machacado por la erosión del agua pero también muy transitado, así que está bien pisado y despejado, no hay mucha piedra suelta o ramas que pudieran suponer una amenaza para mis pies, así que tampoco tuve que andar obsesionada con ver donde ponía los pies. Pese a tener que moverme entre rocas y cárcavas y pequeñas trepadas, el cerebro y el cuerpo son mucho más hábiles de manera inconsciente de lo que esperamos. Más allá de tener que darlo todo (muscularmente hablando) en algún punto tan empinado que como te descuides te vas para atrás y tener cuidado de no hacer “hojaplanning” en algún punto, no tuve dificultades importantes. Fue una experiencia muy estimulante y aunque me moría de ganas de probar las FiveFingers, no me arrepentí en ningún momento.

Ruta senderismo montaña roca lightrun sandals

Tramo Puig Vicenç-Subida a la Penya del Moro: Una vez pasado el vértice geodésico empieza de nuevo la pista con bastantes piedras, habitualmente muy incómoda y pesada lleves lo que lleves puesto. Tuve que andarla con cuidado para no hacerme más daño de la cuenta, pero no fue tan difícil como para considerar cambiar de calzado aunque esa era mi intención inicialmente. Pero estaba demasiado a gusto con las sandalias y pasado un kilómetro o así, deja de ser tan pedregosa aunque no tan cómoda como la primera, así que nada de zapatillas.

Trekking Fivefingers trek ascent

Tramo de subida a la Penya del Moro-desvío a Torrelles: La mini subida y bajada a la Penya del Moro hizo que se me desajustara la sandalia derecha y desde ese punto ya no la conseguí ajustar igual de bien aunque me paré varias veces para hacerlo. Eso me empezó a machacar un poco, pero todavía no tenía dolor, así que las aguanté varios kilómetros más.

Tramo desvío a Torrelles-sendero de bajada hasta carretera:Aproximadamente a la mitad de la ruta, una vez en los campos de Begues, me empecé a cansar de verdad y decidí que tenía que cambiar a las zapatillas porque ya no estaba pisando igual de bien y eso me iba a acarrear dolores y rozaduras y aún quedaban muchos kilómetros por delante. Quise aguantar hasta pasar los campos y cambiarme antes de acometer la bajadita por el sendero, pero entre que no había sombra para pararse con comodidad y que me sabía mal hacer parar a Estefa que iba con el turbo, al final la bajé también con las sandalias y conseguí llegar, no sin bastante dolor, al desvío hacia la roca del Barret.

Tramo desde la carretera hasta la roca del Barret: En este punto ya me suponía bastante molestia cada paso, aunque intenté no bajar demasiado el ritmo, me ardía la planta del pie por el rozamiento y no podía hacer tracción bien, y se me estaban cargando un poco los tobillos. Trepar la roca dolió bastante, pero llegué a la sombra de la cueva con dignidad. Me sentí bastante orgullosa, no obstante, de haber hecho unos doce kilómetros y a buen ritmo, además cargando con el peso todo el rato.

Senderismo pista piedras Fivefingers trek ascent

Tramo roca del Barret-subida al Turó de Tabor: Al cambiarme a las Fivefingers me siguió doliendo bastante la planta durante un ratito por la irritación que me había causado, pero fue un alivio poder volver a hacer tracción con el pie sin destrozarme. Fui muy cómoda con ellas todo el rato, me gustó especialmente la protección y confianza que me daban en las pronunciadas bajadas de la pista donde con cualquier otro tipo de calzado más rígido, tienes que andar con mi ojos para no patinar en las piedras y dar con el culo en el suelo. El agarre de las Five, por su suela y la flexibilidad que permite al pie, es excelente.

Tramo Turó de Tabor-Torrelles: A falta de un par de kilómetros, tras la fuerte empecé a notar el típico dolorcillo de rozadura en el talón, donde normalmente te protege el calcetín. Se me levantó un poco la piel en seguida, pero aguanté hasta el final. Me preocupa bastante este tema, ya que rozadura en solo cuatro kilómetros no es buen augurio. Pero en fin, habrá que seguir probando y llevar siempre algo de protección por si se hace insoportable y hay que tapar la zona.