Multitarea y productividad, optimización para la vida diaria

2017-07-18 10.04.25

Hoy mientras me tomaba el primer café de la mañana he leído esta interesante entrada del blog Ciencia Cognitiva y me he propuesto divulgar un poquito de ciencia con cariño para todo aquel que se deja caer por esta prolongación virtual de nuestra existencia porque me parece realmente útil para cualquier persona.

Supongamos que nos proponen dos tareas: Tarea 1 y Tarea 2, pues bien, cuanto más simultánea sea su propuesta (cuanto más “a la vez” se presenten), más tardaremos en responder la Tarea 2. Parece que poner en marcha los mecanismos que necesitamos para resolver la primera tarea conlleva un proceso que siempre requiere el mismo tiempo, se presenten o no otras tareas a la vez. Sin embargo, el tiempo requerido para resolver la segunda tarea sí que es mayor cuanto más “procesando la primera tarea” estuviéramos cuando se nos propone (efecto del periodo refractario psicológico o PRP, Pashler y Johnston, 1989).

Ejemplo: estoy en el sofá y llega Sara y me dice “hay que sacar a los perros”. Supongamos que estoy de buenas y no refunfuño así que dejo todo lo que estaba haciendo rápidamente y me dispongo a ello. Tardo… 30 segundos en levantarme del sofá y 1min en estar preparada en la puerta con los perros con sus correas, las bolsitas para las cacas y las llaves. Ahora supongamos que estoy en el sofá y llega Sara y me dice “hay que sacar a los perros”, se va a al baño y mientras se lava los dientes me dice “y bajar la basura y el reciclaje”. Yo tardo 30 segundos en levantarme del sofá igual y 1min en prepararnos para bajar, pero OJO, dentro de este minuto en el que me levanto del sofá, cuanto MENOS tarde Sara desde el baño en decirme que haga la segunda tarea MÁS tiempo tardaré yo en procesar lo que tengo que hacer para bajar el reciclaje (ir a la galería, coger las bolsas etc etc). Cuanto MÁS tarde ella en decírmelo (por ejemplo, si espera a que me haya levantado del sofá y me haya puesto en marcha ya, MENOS tardaré yo en preparar la basura y el reciclaje para bajarlo.

Supongamos ahora que se me proponen a la vez dos tareas. Realizar la Tarea 1 requiere tiempo y es complicado. La Tarea 2, por contra, se hace en poco tiempo y es relativamente sencilla. Pues bien, si se escoge realizar la Tarea 2 (corta y sencilla) primero y luego la Tarea 1 (larga y compleja), el tiempo de respuesta requerido para ponerse a resolver la segunda tarea, disminuye (ojo, no el tiempo que tardamos en resolverla en sí, sino el rato en el que pensamos cómo a hacerlo y nos decidimos a hacerlo).

Ejemplo: Sara está en el sofá y llego yo y le digo “hoy toca limpiar la arena de la Mimi” , me voy a la barra de dominadas, hago cinco y cuando me bajo le digo “y hay que poner una lavadora”. Sara está hasta las narices de la puñetera foto que está revelando porque no le termina de quedar como ella quiere y apaga el PC mientras intenta decidir qué hacer. Si decide poner la lavadora (tarea corta y fácil, se tarda máximo 1-2 min) antes que limpiar la arena de la Mimi (larga, desagradable y relativamente más compleja, puede llevar de 5 a 10 min). Tardará MENOS en ponerse con la segunda tarea, que si decide hacerlo al contrario, aunque tardará lo mismo en realizar cada tarea (1-2 min y 5-10min). Pero el tiempo de procesamiento, es decir pensar en qué necesita preparar/hacer y en qué orden, será menor.

Ahora, sabiendo esto, ¿cómo incrementar la productividad en casa? Estoy en el sofá y Sara, desde el PC del cuarto de al lado me dice que he de bajar a los perros. Gruño un “ya voy” (Sara recuerda que hay que bajar la basura también, pero ha leído esta entrada y recuerda aquello del “efecto del periodo refractario psicológico”, así que espera a que me levante del sofá y empiece a preparame para sacarlos para decirme “ah, estaría bien que bajaras la basura y el reciclaje”. Mientras termino de prepararme para bajar a los perros, voy a la galería a por las bolsas veo la lavadora y me viene el aroma inconfundible de la presencia felina en la casa. Sara sigue con su PC y yo tengo dos tareas en mente que proponerle. Primero le digo “hale nos vamos, pon la lavadora porfa”. Le doy un beso y me voy a la puerta con mis chuchos y mis bolsas (sí, tengo dos manos sólo peeeero… productividad XD) mordiéndome el labio para no soltar lo de la arena de la Mimi, una vez allí oigo cómo su silla giratoria se menea… justo la señal que esperaba, cruzo el umbral y suelto: “y hoy toca limpiar la arena de la Mimi”. Oigo un gruñido y quejas sobre la frecuencia y abundancia de la excreción de la gata, cierro la puerta y me alejo satisfecha.

**PRODUCTIVITY BOOST SUCCESSFULLY ACTIVATED**

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La pata que cojea: ¿Tímida yo?

Juampeyyo

Sigo batallando con la cuarta pata de la mesa y esta vez me ha dado por reflexionar un poco más seriamente al respecto de mi historial, mi trayectoria personal y mi status quo actual. He estado revisando textos serios relacionados con aspectos de la personalidad como la timidez, la introversión, la fobia social… etc, etc, para intentar ubicarme a mí misma dentro del espectro de la personalidad y la conducta social (ya adelanto que no he podido). En el proceso he estado recordando y reviviendo cómo me he sentido y desenvuelto socialmente a lo largo de mi vida y también le he dado vueltas a cómo me siento ahora. Esto es lo que encontrarás en esta entrada, si te atreves con ella (sólo recomiendo abordar este bodrio a lectores verdaderamente interesados en conocerme muy a fondo, es realmente un coñazo de escrito que no sé siquiera si a mí me interesará releer algún día y que probablemente está lleno de incoherencias, sinsentidos e interpretaciones erróneas). Así que si sigues leyendo, te doy mi más sentido pésame por las neuronas que se te van a suicidar en el proceso.

Volviendo al pasado: de cómo una niña extrovertida empieza a sentir ansiedad y rechazo hacia a los adultos

Si retrocedo y escarbo lo suficiente en mis recuerdos, no me cuesta demasiado volver a mi yo infantil. No recuerdo que fuera tímida de pequeña. Todo lo contrario, era más bien extrovertida.

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Yo creo que al principio todo era muy simple: la gente era muy atractiva y por ello su presencia era celebrada y deseada. Es lógico, la presencia otros significaba cosas buenas: atención, mimos, comida, diversión, estimulación y en general necesidades satisfechas. Gente=bien

La gente desconocida o con la que me relacionaba con menor frecuencia era aún más interesante porque aportaba novedades o cosas diferentes. La presencia de gente desconocida significaba mayor estimulación, descubrimientos nuevos, información nueva, diferentes posibilidades… Gente desconocida=bien

En algún punto todo se torció. Aprendí que las demás personas tenían opiniones. Y lógicamente, me gustaba más cuando su opinión sobre cualquier cosa relacionada conmigo era positiva que cuando era negativa.

Yo con la Begoña

La aprobación me hacía sentir bien y la desaprobación me hacía sentir mal. No mucho al principio, ni lo uno, ni lo otro. Al fin y al cabo, no le daba mucha importancia al asunto. Me importaba más yo misma, mi bienestar inmediato y mi proceso de descubrimiento del mundo.

Pero cada vez me fue importando más y más. La matraca incesante de “lo que está bien” y “lo que está mal”, con sus consecuencias positivas o negativas, fue haciendo mella. Y la sensación de que mi conducta era constantemente evaluada por los demás, cada vez era más patente.

Y empecé a buscar la aprobación de los demás e intentar evitar su desaprobación. Era sencillo, sólo había que identificar qué esperaban los demás de ti y cumplir con ello. A veces era fácil y no costaba apenas esfuerzo (sólo era cuestión de hacer una elección correcta), otras no era capaz pese a intentarlo y no conseguía cumplir. Las consecuencias negativas no eran muy intensas entonces, porque al saber que lo había intentado, no había enfado ajeno, pero como siempre he sido muy perceptiva, notaba la decepción de los demás y sentía vergüenza. Y había veces (muchas) que, directamente no quería hacer lo que se esperaba de mí y no cumplía con ello por decisión propia. Entonces sí había desaprobación directa y habían consecuencias negativas más que evidentes (enfados, castigos, mal humor…), de modo que yo sentía frustración y culpabilidad.

Creo que hubo en mi infancia más desaprobación que aprobación. Y entonces la gente dejó de ser bien. La presencia de otros empezó a ser incómoda. La gente juzgaba, la gente censuraba, la gente me impedía ser libre y hacer lo que yo quería. La gente seguía siendo necesaria para acceder a todo lo bueno y deseable, pero a la vez era fuente de ansiedad, angustia y malestar. Ahí se fue todo a la porra y cambiaron las tornas, porque la gente era necesaria (proporcionaba recursos) y a veces todo iba bien en su presencia, pero frecuentemente no era así, de modo que cada vez que tenía que interaccionar con algún adulto o estar en su compañía, de forma previa a ello, sentía algo de ansiedad al respecto. Temía que que esta interacción/compañía fuera desagradable.

Al principio no había evitación, sólo malestar inicial ante ciertas situaciones, pero pronto empezó a aparecer, es el curso lógico del proceso.

A la par, comencé a mostrar ciertas conductas que se relacionan con la timidez, la introversión… Nada del otro mundo, lo común en una hija única: jugar sola, encerrarme en mi cuarto, leer, amigos imaginarios… etc etc. Pero lo cierto es que ya había una gran diferencia entre lo cómoda y a mis anchas que me sentía sola y lo incómoda e inhibida que me sentía con adultos cerca o teniendo que interaccionar con ellos directamente.

Con otros niños (de mi edad o más pequeños) no me sentía incómoda, excepto por tener que compartir recursos. Eso de compartir o hacer lo que otros querían en vez de lo que yo pensaba que sería más divertido… ejhem, digamos que nunca se me ha dado bien. Empecé siendo sólo algo mandona y egocéntrica/egoísta pero en cuanto desarrollé un poquito más la personalidad pasé a ser directamente manipuladora (lograr que los demás hicieran lo que yo quería con artimañas se me daba excelentemente bien :P). No era mala (no me movía el hacer daño, causar sufrimiento ni disfrutaba con el padecimiento ajeno), era (y sigo siendo) egoísta. Primero yo, luego los demás. Y si puede ser, que no se note que te aprovechas de ellos, que te ahorra problemas.

carnaval

El caso es que me sentía cómoda con niños de mi edad o menores… pero no con los mayores. Los mayores, aunque no eran adultos, también me ponían algo nerviosa. Pero no puedo decir que me sintiera inhibida ante su presencia. Pero como los mayores eran más hábiles, inteligentes y capaces que yo, no me quedaba otra que convertirme en “seguidora” y avenirme a que dirigieran nuestros juegos/interacciones o tomaran las decisiones. No molaba tanto jugar con niños mayores, simplemente, pero no me sentía tan juzgada/censurada por su parte, ni sentía que tuviera que “comportarme” y representar un papel ante ellos. Ante los adultos sí. Ante los adultos había que fingir que una no era… en extremo curiosa, irrespetuosa, ruidosa, inquieta, egoísta, irresponsable… y parecer todo lo contrario. Yo era lo que era y a los adultos no les gustaba y querían hacer de mí otra cosa, yo intentaba representar ese papel en su presencia y así tenerles contentos… pero si uno tiene que fingir en presencia de otros para lograr su aprobación y que no haya consecuencias negativas… obviamente no se siente cómodo entre ellos. Gente adulta=mal

Ana Lucila y yo

Inhibiciones conductuales varias

De peque mis padres me obligaban a interaccionar con ciertos extraños (vendedores, dependientes, camareros…) y yo, en vez de habituarme, cada vez me fui sensibilizando más y más. Me vino de perlas tener a mi prima para poder mandarla a ella a hacer “recados”. Actualmente no puedo usar a mi prima… pero a menudo me descubro empleando a mi señora para evitarme una interacción similar con un funcionario/dependiente/vecino… Trabajar de cara al público siempre ha sido de gran ayuda para tratar esta tendencia mía y gracias a ello lo llevo mucho mejor, pero a fuerza de exponerme y obligarme a ello a diario. Los periodos de tiempo que he pasado lejos de esta obligación, han tenido como consecuencia un recrudecimiento bastante fuerte de mi evitación hacia los desconocidos. De hecho conforme menos trato con la gente, más me incomoda su presencia, más me desagradan, más rechazo me causan… Gente=muy mal

Demons

En algún punto de mi vida desarrollé fobia a llamar por teléfono (lo sitúo entre los 17 o 18 años). No a responder una llamada, con eso no tengo demasiado problema (según mi estado emocional) pero sí a hacerla, fundamentalmente si habrá alguien desconocido al otro lado del teléfono. No estoy hablando de sólo sentirme un poco nerviosa ante ello y evitar enfrentarme a la situación al máximo, he llegado al punto de sufrir verdaderos bloqueos con crisis de ansiedad asociada. Hace unos años decidí que no podía seguir tolerando esta fobia y empecé a enfrentarme a ello. Actualmente he recuperado la funcionalidad y soy capaz de hacer una llamada cuando hace falta o necesito algo. Pero no llamo por placer… a nadie y mi primer instinto es evitar hacer una llamada. Si quieres hablar conmigo por teléfono, llámame e insiste si no te lo cojo, pero no esperes que te llame de motu proprio, ni mucho menos. No lo haré, no me nace. Sólo llamo cuando me siento obligada a ello o me obligo para no volverme a sensibilizar con el tema.

Ni tímida ni introvertida

Sin embargo, pese a estos y otros ejemplos, cuando leo al respecto, no consigo identificarme del todo como una persona de carácter tímido, introvertido o que padezca fobia social. Pero lo cierto es que hoy día, tampoco soy una persona que socialice con normalidad.

Siempre me ha gustado tener amigos (imaginarios o reales) y jugar con ellos. He tenido pandilla, mejores amigos (diferentes según qué época), he formado parte de grupos sociales (más pequeños o más grandes) y no me he aislado o retraído al llegar a un entorno social nuevo ni en mi infancia, ni en mi adolescencia ni en mi etapa juvenil (me integré bien al cambiar de cole, seguí haciendo amigos al entrar en el instituto, forjé grandes amistades y conocí a mucha gente en la universidad, ningún problema a la hora de trabajar en equipo con gente nueva en prácticas, he trabajado de cara al público y en equipo la mayor parte de mi vida laboral… etc, etc). Si lo pienso, en realidad, soy una persona muy sociable… pero no social.

2bat

Una persona tímida se pone tan nerviosa cuando tiene que interaccionar con gente en la que no confía o conoce poco que tiene síntomas físicos (se le acelera el corazón, se pone rojo, tiembla, suda, tartamudea, evita la mirada…). Una persona con fobia social lo lleva aún peor y le entra tal ansiedad que deja de ser funcional y lo pasa francamente mal, tanto como para evitar por completo a los demás.

Yo no soy así, ni tampoco ha caracterizado mi personalidad la “inhibición conductual” ante lo extraño. No creo tener mucho problema en este aspecto, aunque a veces pienso que tiendo a “sobreactuar” cuando interacciono con desconocidos, sospecho que para compensar cierto grado de timidez. Pero no calificaría este grado de anormal o patológico. Es una timidez normal, que además probablemente tenemos todos.

uni

Es sólo que no busco a la gente… y si puedo, la evito. Me siento más cómoda yendo a mi aire, sin compartir tiempo y espacio con otros seres humanos o interaccionar con ellos de forma directa. Además, la interacción directa con los demás me agota mental y físicamente, en mayor medida cuanto menor sea la confianza que tengamos. He estado mucho tiempo considerando si eso es que soy introvertida, porque a menudo lo definen de modo similar. Pero no termina de convencerme esto tampoco.

El camino a la introversión

Cierro la noche copia

Para empezar, yo he llegado a esto, pero no he sido siempre así así. Quizá hoy sí se me podría definir como introvertida (considerando la introversión como una dimensión de la personalidad que agrupa las características de sujetos tranquilos, reservados, introspectivos, retraídos, distantes con los demás excepto con amigos íntimos, cautelosos y con elevado control emocional), pero desde luego, no se podría definir así mi personalidad hasta hace pocos años. Y se supone que una personalidad introvertida se muestra ya al año de edad y se manifiesta, generalizada a múltiples ámbitos de la vida, con inhibición ante lo no familiar… bla bla bla.

Nah, yo no puedo decir que la introversión haya definido mi personalidad durante toda mi existencia. Para nada. Más bien creo que cada vez soy más introvertida como consecuencia a determinadas circunstancias personales.

Primer paso hacia a la introversión: percibir y ser sensible al juicio ajeno.

En primer lugar, como avanzaba al principio, tengo un cierto grado de ansiedad ante el juicio y la evaluación ajena, que en ciertas situaciones, me genera rechazo, evitación e inhibición conductual. Y he subrayado mucho ese “en ciertas situaciones” porque es importante. No me define, no me acompaña constantemente, no me obsesiona, no me incapacita… pero es problemático en ciertas situaciones.

Segundo paso hacia la introversión: tener una percepción algo traumática al respecto de mis habilidades y mi historial en cuanto a la socialización que me genera ansiedad al socializar, me impide relajarme y me hace obsesionarme con la sensación de no estar integrándome adecuadamente.

La fobia social suele desarrollarse a raíz de eventos traumáticos. Yo no tengo fobia social, pero no socializo con normalidad, me cuesta demasiado esfuerzo, no lo hago con naturalidad. No me siento cómoda entre los demás y a menudo siento que fracaso en mis esfuerzos e intentos por integrarme en los grupos sociales.

Una y otra vez, a través de muchas interacciones sociales en mi vida que he sentido y calificado como “no exitosas” he ido reforzando (por refuerzo variable) ciertos convencimientos internos al respecto de mí misma:

Algo falla conmigo. Soy diferente a los demás. Tengo que esforzarme para “encajar” entre la “gente normal” porque si me muestro tal como soy, me rechazarán por ser demasiado diferente, no de forma directa pero sí involuntaria, por no encontrar lo suficiente en común conmigo como para integrarme en su grupo. Tengo que encontrar cosas en común y centrarme en ellas, aunque sean en cierto modo fingidas o producto de una exageración deliberada… Y todo esto me ha llevado a sufrir una especie de “ansiedad social” y a que mi conducta no sea natural cuando socializo y que, además, me cueste relajarme y olvidar que “estoy siendo juzgada”.

Así, parece que cuando consigo “encajar”, lo hago a costa de lucir un yo desfigurado o disfrazado. Y cuando me muestro tal cual soy… me siento fuera de lugar. Y eso sí ha sido un constante en mi vida desde el colegio. Sentirme una pieza de un puzzle diferente, intentando encajar a la fuerza en un hueco más o menos parecido… pero nunca el indicado. Nunca el verdadero hueco al que esa pieza pertenece.

He pasado muchos años buscando ese hueco. O bien cincelando la pieza para lograr que encajara o bien moldeando activa e infatigablemente los bordes del hueco más parecido que he logrado encontrar.

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¿Y qué? Menudo drama. Nos pasa a todos, en mayor o menor medida. Ese hueco es una utopía, como tantas me han obsesionado en mi existencia. Es una asíntota a la que uno puede acercarse pero nunca llegar y a base de:

  • Suerte: para encontrar huecos lo más afines y similares al que idealmente correspondería a la pieza
  • Empeño y esfuerzo: para que la pieza no sea tan rígida y se pueda adaptar a un hueco o huecos “imperfectos”
  • Intervención activa: para influir y modificar en lo posible la forma del hueco para que éste se adapte mejor a la pieza

Por si nos hemos perdido con tanta metáfora: la pieza soy yo y el hueco el grupo/relación social XD

Tercer paso hacia la introversión: ser reactiva y no tolerar el nivel de estímulos habitual y considerado normal en nuestra sociedad y de mi entorno social habitual.

A todo esto se le ha ido sumando otro aspecto de la personalidad muy relacionado con la introversión: mi nivel de saturación sensorial cada vez es más bajo.

Mi cerebro se satura cada vez más pronto ante el nivel de estímulos habitual de la vida moderna y el entorno social. Mi umbral cada vez es menor y enseguida me canso y necesito alejarme y desconectar. Y no sólo me refiero a los estímulos externos que capto con los sentidos (en este orden: auditivos, visuales, táctiles, olfativos y gustativos) sino a estímulos internos (emoción y cognición).

Me agotan los ambientes ruidoso o recargados, la interacción física continuada, me desagradan los alimentos muy dulces o muy salados… y hace mucho que tiendo a la estabilidad emocional (por control voluntario e involuntario, ya que en cuanto estoy sintiendo cualquier emoción más intensamente de lo normal se me “corta” de forma automática) y me canso prontísimo de cualquier actividad que requiera pensar, reflexionar u otras tareas cognitivas.

yoruidera

Todo esto tiene que estar relacionado con mi neuroanatomía (vías neurales, neurotrasmisores y cantidad de receptores) y niveles hormonales. Y me encantaría entenderlo mejor, la verdad. Pero bueno, intuyo que mis vivencias/experiencias pasadas, mi aprendizaje y adquisición de habilidades gracias a la TREC (terapia racional emotivo-conductual) y mi actual estilo de vida sano y activo tiene mucho que ver. Se han descartado y perdido vías neuronales, se han formado nuevas, que se han ido reforzando cada vez más debido a que están asociadas con el bienestar. Y mis niveles de serotonina, dopamina y adrenalina están regulados gracias al ejercicio físico y la dieta baja en carbos. Mantengo a raya el cortisol y glucocorticoides (estrés) con actividades relajantes, introspección, desconexión y meditación…

Todo estupendo, pero yo estoy en una onda y el resto del mundo en otra. No cabe duda de que el nivel de estímulos al que la sociedad actual se ha acostumbrado y mi entorno social necesita está muy alejado del punto óptimo y natural al que el ser humano está evolutivamente adaptado, pero es el que es y que a mí me sature condiciona mucho mi forma de socializar.

Cuarto paso hacia la introversión: ser tan fiel a mi estilo de vida, rutinas y hábitos que me disguste y trastorne sacrificarlos para adaptarme a los de la mayor parte de mi entorno social (que difieren bastante) y poder compartir más con ellos o dedicarles más tiempo y esfuerzo.

Le sumamos a la ecuación mi rigidez conductual. He encontrado el equilibrio en mi vida, sí, pero a costa de hacer las cosas de una determinada manera, de cumplir con ciertas rutinas sí o sí y como sea, de ser todo lo inflexible y persistente que puedo, invirtiendo y desarrollando al máximo mi fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio. Me disgusta y rechazo la debilidad sobre todo para mí misma (pero también en los demás) porque sé que me lleva directamente a caminos por los que sé que pierdo el norte con facilidad. No quiero volver a transitar esos caminos, de modo que me empeño con fuerza en no poner ni un pie en ellos. Porque me conozco, por si acaso… Pero eso me hace ser muy estricta al respecto de mis hábitos y rutinas sobre todo con el tema del ejercicio físico y la alimentación. Pero también con otras muchas aspectos de la vida diaria. No soy una persona que se adapte fácilmente al estilo de vida de los demás. Más bien necesito que los demás se adapten al mío.

budha prayer

Cada vez veo menos claro el tema de ajustar la cuarta pata de la mesa (ver etiqueta La pata que cojea) la verdad… como no me monte una tribu “slow” de inadaptados/obsesivos como yo… :S

De playa con perros: Cala Vallcarca (Sitges)

Cala Vallcarca Sitges Perros Playa Canina

Actualización 2017: visita esta entrada.

Hemos ido ya un par de veces a esta cala con Hugh y Bruma. Es pequeña (65m de largo y 15 de ancho, que de vez en cuando se reducen a cero cuando viene una ola más grande de lo normal) y aunque es de arena y tiene bastante plataforma, no es demasiado cómoda ni para bañarse ni para tumbarse a tomar el sol. Sin embargo es perfecta para estar un rato y darse un par de chapuzones con los enanos. Sobre todo si vas temprano y la pillas poco concurrida.

Cala Vallcarca Sitges cementera industrial perros

Esta cala hasta hace bien poco no era una playa canina como tal pero como está en la zona de la cementera es un poco “tierra de nadie” y siempre ha habido cierta permisividad al respecto de su uso acudía mucha gente con su mascota. Este año han puesto un cartel que indica que se puede acceder con perros, así que parece que la cosa ya es más oficial. No es tampoco una cala muy bonita, todo hay que decirlo, es una pequeña ensenada en una zona industrial, aunque al estar situada en entorno natural, no es tan terrible.

Cala Vallcarca Sitges Perros Playa Canina

Al ser una cala más o menos peque, siempre hay oleaje

Se llega por la C-32 cogiendo la salida a Garraf y siguiendo por la C-31. Está muy bien indicado. Hay zona para aparcar (pequeña), un urinario portátil y dos o tres cubos de basura.

En principio, siendo respetuosos con el resto de usuarios, teniendo controlados a los perros en todo momento y siendo exhaustivos en el tema de la higiene, no debería haber problema en acudir a esta cala para pasar un buen rato en compañía de los peludos. Pero bueno, nunca se puede descartar que se presenten las autoridades pertinentes a poner multas orden y verificar que no existe ningún riesgo para el resto de usuarios y el entorno, así que siempre llevamos a mano la documentación que certifica que están microchipados, vacunados, desparasitados… etc, etc.

Las dos veces que hemos ido hemos vuelto con muy buenas impresiones. Hemos encontrado siempre perros muy sociables y gente muy amable, comprensiva y cívica. Cierto es que nosotras, por deformación personal, somos muy exhaustivas en cuanto al bienestar de nuestros perros y cuando vamos, vamos sabiendo que la prioridad son ellos.

Cala Vallcarca Sitges Perros Playa Canina

Un pena que sean firmas de mierda en vez de grafittis chulos

No les quitamos ojo ni un momento, supervisamos su interacción con todos los perros y evitamos que molesten a las personas, les pedimos que estén en todo momento coordinados con nosotras, atentos a nuestras indicaciones y nos mantenemos en movimiento prácticamente todo el rato para evitar que se aburran y se vayan a buscar entretenimiento por su parte y empiecen a volverse “sordos” a las llamadas.

Cala Vallcarca Sitges Perros Playa Canina

Cavamos juntos un hoyo (pero luego nadie me ayuda nunca a taparlo :P)

Para que no haya problemas y disfruten al máximo su rato de playa NO les permitimos jugar con juguetes/pelotas (ni propios ni ajenos), acercarse a las toallas/bebederos de otros, alejarse demasiado ni jugar a perseguirse corriendo descontrolados por todo el perímetro de la playa.

Cala Vallcarca Sitges Perros Playa canina

Queremos que tengan claro que allí vamos a jugar juntos los cuatro y con otros perritos sin montar follón ni molestar, a meternos en el agua y nadar un poco y salir rápido para no dar lugar a malos rollos con el mar y las olas (nunca obligados) y a descansar unos minutos a la sombra para rebajar la intensidad si nos descontrolamos un poco o estamos cansados del agua y los demás perretes.

 

Entramos y salimos voluntariamente (siempre estamos cerca para dar seguridad y apoyo)

Otros usuarios son más permisivos con sus perros y esto, unido al desconocimiento de las posibles fuentes de conflicto caninas y a la poca pericia a la hora de gestionar las emociones perrunas, puede ser fuente de problemas, así que no se pueden descartar puntuales malas experiencias futuras. Pero bueno, de momento lo dicho, todo ha ido como la seda y hemos salido todos encantados.

Cala Vallcarca Sitges Perros Bruma y yo jugando en la orilla

Supongo que esto también es debido a que no solemos estar mucho rato (1-2 horas como máximo), precisamente para evitar que los perros, cansados, empiecen a gestionar mal las cosas o a incordiar a los demás.

Cala Vallcarca Sitges Perros Playa Canina

Hugh siendo super-amistoso con un dulce cachorrito X__D

No hay que olvidar que los perros, como los niños, cuando están cansados se ponen MUY PLASTAS. Mi abuelo decía: “Apúntate a todas y retírate en lo mejor” y es muy buen consejo. Es mejor irse pronto, de buen humor y satisfechos por lo bien que ha ido el ratito de interacción social humano-canina en la playa que cabreados porque ya no se pueda estar a gusto después de haber tenido algún marrón o mal rollo del tipo que sea y por culpa de quien sea. 😉

Cala Vallcarca Sitges Perros Playa Canina

Satisfacción playera

PD: Bruma cada vez es más valiente con el agua, es una pasada verla nadar y saltar olas con cara de felicidad absoluta.

Cala Vallcarca Sitges Perros Playa Canina

Parece que yo también me lo paso teta ¿eh? XD

Aunque tener que meterla en la bañera a la vuelta para darle un remojón y quitarle la sal es un coñazo por la que se lía en casa, no deja de merecer la pena. Que tus “perrijos” disfruten al máximo una experiencia que comparten contigo, sin correr riesgos estúpidos gracias a tu protección y supervisión, aunque conlleve esfuerzo y sacrificio, siempre merece la pena.

Encuentros desagradables cuando corres

No me gusta publicar este tipo de entradas en las que uno se desahoga en plan quejica-acusica… no me gustan porque, pese a su innegable efecto catártico, no dejan de ser un reflejo sesgado de una realidad que es muchísimo más rica y compleja en sus manifestaciones. No obstante, una vez escrito, tiene valor y no sería justo dejarla encerrada en un cajón. Por ello la publico, pero la publico manifestando mi desacuerdo ante su parcialidad 😛

Siempre estoy cantando alabanzas a mi salida larga a correr. Me sirve para desconectar y lo pasamos teta los tres. Una semana sin poder salir a correr es una semana de mierda. Bueno pues sí, así es, pero no todo es miel sobre hojuelas. No siempre brilla el sol, los pajaritos cantan… etc etc. Cuando corres (sobre todo corres minimalista por el campo) sabes que habrá incomodidades y molestias. Puede que te claves una piedra o dos, que des un traspiés o te resbales, que te mojes si llueve, que tengas que intentar sortear charcos, que haga demasiado calor o una humedad sofocante, que te duela un gemelo, que te canses antes de lo que esperabas… es lo que hay, pequeñas o grandes molestias que das por hecho que pueden suceder y que cuando suceden ni perturban tu paz interior ni te impiden disfrutar de la salida.

Luego están las otras, las sí la perturban. Esas que no consideras como naturales e inevitables, porque en tu utópico fuero interno consideras crees que podrían evitarse con un poquito de por favor por parte de la gente, que huelga por su ausencia. Ups, vaya, ¡spoiler! Se me ha colado sin querer el malo de la peli de hoy: la gente. Pero no cualquier tipo de gente… cruzarme con gente cuando salgo a correr no es el problema, de hecho me hace feliz cruzarme con alguien que ha salido al mismo sitio que yo a hacer prácticamente lo mismo que yo porque siempre es grato que aunque no nos conozcamos, existen personas con gustos, costumbres y aficiones parecidas a las mías. Entonces… ¿qué tipo de gente perturba mi paz interior cuando salgo a correr con mis niños?

Pintemos el cuadro de la última:

– Salir a correr con tus perros, ataditos por su seguridad y por respeto a los demás. Que un perro suelto “desobedezca” a su responsable que le llama sin éxito y cruce una carretera con curvas sin visibilidad para abordarte a ti y a tus perros que vais bajando (en pendiente) corriendo con cuidado por un paso para bicis-peatones. Al menos, en este caso, el propietario se disculpó reiteradas veces… pero eso no le exime de su irresponsabilidad.

– Atravesar una pista que lleva a un área recreativa atestada de ruidosos domingueros, coches aparcados por doquier y coches accediendo/abandonando la zona. Tener que ponerte delante de un coche para que frene lo suficiente como para que podáis pasar tú y otros caminantes por su lado, una vez seguros de que os ha visto y cuando te ha rebasado, comerte la nube de polvo que venía levantando durante un buen rato.

– Apartarte y apartar a tus perros amablemente de una excursionista que lleva a su perro atado, ver que ésta no se aparta y parece confiar en que su perro se comportará… Que su perro se lance a atacar y ladre a los tuyos de sopetón, porque resulta que no era sociable y su dueña siga su camino sin más, porque, al parecer, con que vaya atado es suficiente…

– Cruzarte con una familia haciéndose fotos en mitad de un sendero estrecho en pendiente con bastante desnivel y que al pasar corriendo con tus perros el padre les pida que esperen y que mientras tú pasas disculpándote por molestar y estropearles la foto (sin decir ni mú sobre que ellos te hagan parar de golpe en mitad de una subida fuerte), los niños se aparten dando muestras de terror de ti y tus perros (atados y pasando a metros de distancia). Al menos, en este caso la madre ha intentado trasmitirles que no pasaba nada…

– Ir ya de vuelta por zona urbana y pasar por una calle con una pequeña zona verde al costado y que un par de señores con su Yorkshire suelto pero “atado” con los 3-5 metros de la flexi sueltos, en mitad de la calle (no del parque) se te queden mirando con cara de lerdos mientras empieza a comentar sonrientes lo que ven. Ver que su perro tiene intención de saludar a los tuyos (que van atados, recogidos por ti en cuanto has visto gente en la calle y van corriendo a tu lado bien controlados), pedirle que llame o ate en corto a su perro, por respeto porque vas a pasar y el propietario se empiece a reír de ti y te grite que “¿respeto a quién, a los perros? Manda cojones… no te jode…”

No, señor, no me jode, así, con esa burda y torpe simpleza que refleja su vulgar expresión.

Lo que me parece es falta de respeto. De civismo. De valores.

De todos ellos.

Del que suelta a su perro sin haberse asegurado antes de que le obedecerá y le pone a éste y a los demás en una situación de peligro. Si lo has intentado adiestrar y no lo has conseguido, no lo sueltes o lo pasees atado para siempre, busca ayuda profesional hasta que lo logres.

De la que pasea atado a un perro asocial y no se aparta aún a sabiendas de que es probable que reaccione lanzándose de improviso a intentar agredir o ladrar agresivamente a cualquiera que no le parezca bien o no tolere (ya sea por enemistad o por inseguridad/miedo). Si tienes un perro con problemas de autocontrol y que reacciona mal ante ciertos estímulos y no lo sabes arreglar tú, busca ayuda profesional y que te asesore un buen técnico en modificación de conducta animal.

De los que salen el domingo al campo de excursión y en vez de disfrutar de la naturaleza y de las posibilidades que ofrece para enriquecer a sus hijos, se centran en el postureo (habiendo un mirador diseñado a tal fin a escasos metros) y siguen perpetuando el miedo y el rechazo hacia todo lo desconocido, todo lo que puede entenderse como un riesgo… Si tus hijos tienen miedo a los perros… revisa si no has causado tú dicho miedo (escucho demasiadas veces “no te acerques que te va a morder”) y si no lo ha sido, tanto da, esfuérzate por encontrar la manera de que superen sus miedos, que somos muchas personas en el mundo que adoramos a los niños y tenemos perros sociales, más que dispuestos a ayudarte…

Y en especial el cazurro que piensa que puede comentar sin disimulo cualquier cosa que le llame la atención mientras no percibe en absoluto que su falta de control sobre lo que hace su perro pueda conllevar riesgo o molestia para otro usuario de la vía en la que se encuentra (que tiene todo el derecho a pasar por su lado sin tener que detener su marcha ni poder caerse por culpa del perro ajeno). Y que cuando se le pide que ponga medios para impedir esto, tiene la desfachatez de reírse con sorna e indignarse porque se le haya llamado la atención.

No, no me jode simplemente. Me decepciona y me entristece encontrarme personas con tan poca educación, respeto y civismo. Me parece realmente penoso tener que comprobar estas carencias en ciertos individuos con los que desgraciadamente me tengo que cruzar con demasiada frecuencia en mi existencia y que tanto yo como la gran mayoría de mis conciudadanos, mucho más educados, respetuosos y cívicos que estos otros, tengamos que soportar sus consecuencias.

Está claro que no meto a todo el mundo en el mismo saco… hay grados y grados de falta de educación, de irrespetuosidad y de incivismo. Hay condicionantes, atenuantes… hay de todo en la viña del señor. Y yo no me libro de mis propias faltas, que tampoco hay que ser más papista que el papa, ni hipócrita, dicho sea de paso. Pero no es lo mismo pisar una piedra de canto o mojarte un poco corriendo que tener que discutir con un subnormal profundo o esquivar perros descontrolados. Lo uno es una de esas fatalidades del destino de las que puedes sacar algo bueno, aprendizaje y adaptación… puedes salir fortalecido de su encuentro. Lo otro es harina de otro costal, produce rabia, tristeza, decepción e impotencia. Y si te descuidas, te conduce inexorablemente a perder la perspectiva y empezar a asociar “encuentros” con “molestia e incomodidad”. Cuando debería ser todo lo contrario, cuando encontrarnos, debería ser motivo de regocijo por ser dos seres sociales que coincidimos disfrutando de lo mismo en un momento dado de nuestra existencia. No me jode, no, me duele, porque tu conducta incívica nos aleja, so capullo v_v

Cannicross correr perros collserola

Nuestra música para entrenar

Fitness workout motivation music mix (rock, metal, epic)

Sí, uso Ubuntu desde hace años y soy muy feliz

De momento van ya casi 150 canciones incluidas en nuestra lista de canciones preferidas para entrenar, donde la mitad son cañeras: rock y metal fundamentalmente (y alguna punkarra, popera y rapera que se nos cuelan, para bien :P) Y la otra mitad son instrumentales con o sin coro.

Algunas simplemente porque molan y punto (hasta hace poco Sara no entendía por qué me gusta tanto Poison, de Alice Cooper ni por qué está en nuestra playlist, ahora sabe que es por la dopamina) otras por el mensaje motivador o de rebeldía que transmiten y la gran mayor parte porque son “uplifting” (vamos te hacen venirte arriba con toda su epicidad o su discurso).

Las primeras te remueven y te elevan el “espíritu” de forma que sintonizas automáticamente con todos aquellos héroes y campeones que lo dieron todo y lograron lo imposible autosuperándose y sacrificándose, ya fuera en la realidad o en mundos míticos e imaginarios. Y tú lo das todo porque sabes que mereces brillar de esa forma, aunque sólo sea un instante en la eternidad, y, ¿por qué no? porque a ti también te pertenece la gloria y la victoria de los valientes, de los guerreros.

De los que eligen el sacrificio, el esfuerzo, el dar lo mejor de sí mismos, el enfrentarse a sus miedos e hipocresías y superar sus limitaciones, de los que rechazan la flaqueza, el abandono y la pena (como decía Manolo García). Eso significa “uplifting” para mí y eso es lo que me trasmite este tipo de música.

Y luego están las que hablan de ir a tu bola, de no aceptar las reglas, de seguir adelante aún a pesar de estar hasta los mismísimos, de aceptar la oscuridad (la del mundo y la tuya propia) y seguir esforzándote y disfrutando de la vida pese a ella… las que le gritan al mundo que pese a todo sigues ahí y piensas seguir plantando batalla porque sólo tú te puedes vencer tú a ti mismo y tú ya estás a vuelta de todo y no estás para ir aceptando derrotas autoimpuestas. Bueno, o eso interpreto yo, que para el caso es lo mismo.

Escuchar la frase exacta en el momento exacto no tiene precio (durante el esfuerzo físico). Luego cuando ya te sabes la canción, empiezas a anticiparlo y te vienes arriba aún sin fijarte en lo que dice la letra, por asociación. Otras canciones es porque sonaban cuando estabas en estado de flujo y se quedaron asociadas a esa sensación para siempre, por lo que te lo evocan cada vez que las oyes. Eso tampoco tiene precio. Que suene una de estas justo antes de empezar un entrenamiento de tipo test es genial, te pone “en sintonía” y te permite creer que podrás superar tus propias marcas. Ah, bendito subidón de dopamina…

En fin, a lo que íbamos. Nuestra querida playlist para entrenar:

Es un ente vivo que crece con el tiempo, por lo que está abierta a nuevas incorporaciones (por ello, ruego, imploro, que por favor, si crees que nos va a gustar alguna canción, ¡coméntanoslo!) y que buscamos que sean cañeras, además de llevar mensaje o ser épicas (si son lentas nos amuermamos).

Os presento a nuestros cantantes/compositores/grupos favoritos, por género:

Rock (Classic, Hard, Alternative…): AC/DC, Alice Cooper, Bon Jovi, Deep Purple, Foo Fighters, Guano Apes, Guns N’ Roses, Motörhead, Pillar, Pop Evil, Queen, Scorpions, Shinedown, Skillet, The Used, Trapt, Treat.

Metal (Heavy-power, Melodic Death, Nu…): Black Veil Brides, Breaking Benjamin, Cult to follow, Disturbed, Korn, Manowar, Masterplan, Metallica, Shakra, Sick Puppies, The Unguided, Thornwill, Three Days Grace.

Punk/Rap/Pop: A skylit drive, Blink 182, Fall Out Boy, Fort Minor, Michael Jackson, Paul Engemann, Roy Jones Jr, Sum 41, Survivor, The Offspring.

Instrumentales (epic, symphonic, soundtrack, new age…): Androis, Audiomachine, Auracle music, Brand X Music, Two Steps From Hell, Benson Tylor, Daniel Heath, Empire syndicate, Epic Score, Futur World Music, Gothic Storm Music, Helmut Vonlichten, Illya Zaki, Inmediate Music, Ivan Torrent, Jo Blankerburg, Jonh Dreamer, Liquid Cinema, Magnus Opus, Mark Petrie, Mel Wesson, Michael Conn, Normand Corbeil, Peter Roe, Position Music, Really Slow Motion, Sergey Saliev, Song to your eyes, Steve Jablonsky, Story of the Year, Thomas Bergersen, Tony Clarke, Twisted Jukebox, Two Steps from Hell.

Y aquí os dejo un listado de las canciones en pdf Fitness workout motivation music mix (rock, metal, epic). Nota: este listado es un pequeño orgullo para mí porque para obtenerlo diseñé a mano un programita sencillo en python que pasara a texto y limpiara de cosas innecesarias el archivo de exportación de la playlist que me generaba reproductor de audio. Viva Linux y viva la autonomía informática. Y viva yo, qué coño, que me hice un curso de iniciación a un lenguaje de programación y sirvió para algo.

Por prudencia no voy a poner aquí ningún enlace de descarga, pero huelga decir que si estás interesado/a en nuestra pequeña y mimada compilación (todas en mp3 y la mayor parte a 320kbps, casi con todas las etiquetas y carátulas puestas…), contacta y te pasaremos por privado nuestro enlace eD2k para compartirla a través de un gestor de descargas P2P. Aunque aviso de que no es ligera: aún comprimida en .rar ocupa casi 1Gg.

Y ya para acabar, quiero confesar que le he echado un montón de horas a todo este asunto por un simple motivo: me habría encantado encontrar esta compilación ya hecha y que hubiera sido tan sencillo como descargar y ya está. Yo no la encontré, pero espero que tú si tengas esa suerte y me sentiré muy satisfecha si es gracias a que yo me preocupé por ponértela al todo lo al alcance de la mano que puedo.

Así que no te cortes y pídemela o sugiéreme canciones o comenta cualquier cosa 😉

La pata que cojea: ¿Cómo nacieron mis amistades?

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Con la edad he ido perdiendo capacidad de establecer nuevas amistades y sobre todo, profundizar en mis relaciones de amistad y mantenerlas todo lo vivas que me gustaría. Hacer amigos y tener “mejores amigos” era terriblemente sencillo y simple en la infancia, vital y factible sin demasiadas dificultades en la adolescencia y espontáneo en la etapa veinteañera. ¿Qué me falta ahora, en mi treintena, que parezco no ser capaz renovar amistades y/o avivar las que ya tengo? Intentaré buscar respuesta a la pregunta que titula esta entrada para ver si analizando mi experiencia saco algunas conclusiones que me sean útiles en el presente.

La condición sine qua non parece que fue el verse forzado a interaccionar. Todas mis amistades surgieron de situaciones similares: colegio, instituto, universidad, cursos… convivencia forzosa y, a menudo, actividades que requieren colaboración entre los participantes.

Otra de las condiciones podría ser la reunión e interacción social durante los descansos y el tiempo libre que queda en dicha situación (tiempo libre que uno no puede invertir en volver a casa). Todas mis amistades se han establecido mediante la libertad de lo que se comparte y se hace en estos espacios/ratos de ocio: el patio del cole/instituto, cafetería/césped de la universidad, hora de la comida en determinados cursos…

Por último, pero no menos importante, en todas ellas también hubo interés en mantener el contacto. Interés que se tradujo en acciones concretas que se planificaron y realizaron sin dejar que pasara mucho tiempo. Es decir, se deseaba seguir interaccionando pese a que ya no fuera forzoso u obligatorio y se mantuvo el contacto desde el momento 0 mediante la búsqueda activa o creación de nuevas situaciones en las que reunirse e interaccionar, sin dejar que dichas ocasiones de contacto tardaran mucho en volverse a producir. Quedar después del colegio/instituto, irse a dormir a casa de alguien, pasar unos días de convivencia en vacaciones, realizar actividades juntos, quedar para tomar un café o pasar la tarde en casa… todo ello alimentaba nuestra amistad y mantenía fresco el deseo de seguir reuniéndonos cada poco.

También es cierto que otras relaciones las forjé algo más “por casualidad” sin seguir este patrón. Nacieron gracias a:

– Ser los únicos semejantes en un espacio en el que estábamos relativamente aislados (niños de edad parecida en una urbanización).

– Búsqueda activa de personas afines (bloggers, a través de las redes).

Así, bajo mi experiencia: el contacto frecuente con muchas personas diferentes ayuda a ser más abierto, tolerante y extrovertido, pero no ayuda a entablar nuevos lazos de amistad. Para establecer relaciones de amistad más profundas habría que buscar situaciones de convivencia e interacción forzosa con otras personas que contaran con ratos muertos de descanso en los que poder presentarse y conversar para conocerse mejor y finalmente, una vez se hayan identificado posibles personas afines, se debería contactar cuanto antes con éstas y crear nuevas situaciones en las que interaccionar con ellas. Cuanta más interacción y más interés se muestre en mantener el contacto, por el medio que sea, más se profundizará en la relación.

Vamos nada nuevo bajo el sol.

En conclusión, que siendo “seta” y pasivo no se renuevan ni conservan las amistades. Hay que salir ahí afuera, apuntarse a algo y buscar lo que uno quisiera encontrar. Y una vez encontrado, procurar, activamente, hacerlo evolucionar y conservarlo invirtiendo esfuerzo y tiempo en ello.

¿Realmente puedo introducir estos cambios en mi vida sin perjudicar ni restarle tiempo y esfuerzo al cuidado del resto de patas de la mesa? Me gustaría encontrar el modo… ¿Algún consejo o idea?

La pata que cojea: Extroversión laboral, introversión personal

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Saludo a unas 230 personas al día en el trabajo. Con la mayor parte sólo cruzo unas palabras pero con muchas tengo conversaciones rápidas. Suelen ser conversaciones amables y agradables en su mayoría (por fortuna y salvo contadas excepciones). Nunca jamás había “socializado” tanto y para mí está siendo una experiencia muy positiva. He evolucionado y madurado mucho gracias a este contacto tan variado y frecuente con mis semejantes. En síntesis es eso mismo, actualmente sitúo a cualquier ser humano que entra al establecimiento (sea del sexo, raza, edad y condición que sea) en el grupo de “mis semejantes”. Da igual si es de derechas que si es de izquierdas, si se pasa las horas muertas viendo Gran Hermano o series de Miyazaki, si es una yaya alemana o un chaval catalán de 14. Todos son mis semejantes, a todos los sitúo prácticamente al mismo nivel y a todos los trato por igual (aunque unos me aporte más o menos y tenga mayor o menor facilidad de comunicación con ellos). Eso antes no era así, ni mucho menos. Mi grupo mental “mis semejantes” era mucho más reducido y mi sentimiento de pertenencia al grupo estaba asociado a un grupo bastante menos amplio y general. Es de perogrullo pero, verme forzada a conocer y relacionarme con gente de todo tipo, aunque sea de forma superficial me ha vuelto más abierta, tolerante y social, en general.

Pero bueno, estas interacciones no dejan de ser conversaciones triviales, banales y superficiales, en las que ambas partes nos vemos limitadas por la situación y naturaleza forzada de la relación y por supuesto, por las convenciones sociales. Aunque todos nos mostramos un poquito y algo verdadero de nosotros se revela, no deja de ser todo “fachada”, “figuración”, “actuación”… Nuestra cara social. La que se relaciona con otros con mesura, educación y modos más o menos “protocolarios”. No se conecta realmente con nadie, aunque intuyes que, de ser otra la situación, con tal o cual persona, quizá podrías hacerlo. Pero no parece haber lugar, necesidad, o modo natural de encontrar a estas personas en otras situaciones. Pertenecemos a mundos separados y sólo coincidimos en ese. No existe interés (ni creo que estuviera bien visto socialmente*) por coincidir en otro.

* “El otro día me atendió una cajera muy simpática y tuvimos una conversación de buen rollo y nos caímos tan bien que quedamos para dar una vuelta y charrar un rato”. No, esto no suele suceder. Y seamos sinceros, al leer esta frase, es fácil prejuzgar que uno (u ambos) pretenden ligar.

Hace mucho que no forjo una relación profunda con nadie. Y lo percibo como una carencia y una necesidad insatisfecha.

En el pasado sí forjé algunas y claro, actualmente cuento con relaciones profundas que vienen de diferentes épocas de mi vida. Están esas que aún permanecen, latentes aunque “sin usar”, otras con “escaso e insuficiente uso” que quedaron en pausa tras algún intento de reflote infructuoso, aquellas olvidadas, prohibidas o totalmente extinguidas que ya nunca más podré “volver a usar” y esas que sé que “debería usar más” o acabarán por extinguirse también… pero no encuentro cómo ni sale de forma natural hacerlo. Esto último daría para su propia reflexión, pero de momento quisiera centrarme en de cómo forjé en el pasado esas relaciones profundas, para tener una idea cómo puede ser el proceso general…

Quizá el extraer de mi experiencia un patrón lógico y unas conclusiones sea de ayuda mejorar en el aspecto social. Sigue en…

La pata que cojea: ¿Cómo nacieron mis amistades?