Senderismo en el Parc Nacional d’Aigüestortes

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Lo que, en un inicio, iba a ser un desesperado intento de conseguir un par de días a principios de Junio para desconectar y “vivir” un poco antes del largo y sufrido verano, se convirtió finalmente en una semana de vacaciones como la copa de un pino (o abeto 😉 ), que no queremos dejar de compartir con vosotros, aunque sea de manera bastante resumida.

Después de mucho darle a la olla decidimos, esta vez sí, exprimir a tope la semana haciendo noche en diferentes localizaciones, y así no quedarnos sin ver nada de lo que nos apetecía. Además, para ahorrarnos las horas de montar y desmontar tienda y por qué no decirlo, también el cansancio, decidimos prescindir de ella y alojarnos de manera más cómoda y rápida, ya que podíamos permitirnos hacer un poco más de inversión. Por ello y para no hacerlo muy pesado, voy a dividir la crónica en tres entradas correspondientes a cada una de las tres “zonas” en las que estuvimos. Agárrense que vienen curvas.

subida al port de la bonaigua vall aran

Mi idea principal cuando aún no sabía cuantos días íbamos a tener era aprovechar para visitar el Parc Nacional d’Aiguestortes y llac de Sant Maurici. Visita obligatoria para todo catalán que se precie y que, tras dos años, aún teníamos pendiente. De nuevo, me surgieron dudas al respecto y estuve a punto de descartar esta zona para partir en busca de otros lugares menos masificados y “domesticados”, pero finalmente valoramos que era la mejor oportunidad por la época del año en que estábamos, y que era muy poco probable que nos decidiéramos a ir únicamente allí en cualquier otro momento.

Me alegro mucho de no haberla descartado. La visita al parque superó con creces mis expectativas, la época del año era perfecta y para nada me dio la sensación que me trasmitía lo que había estado leyendo por internet. Estaba precioso, espectacular, todavía con algo de nieve en las zonas altas y agua a borbotones por todas partes. Encontramos gente y algún 4×4, pero para nada lo que imaginaba, y al no haber comenzado ni siquiera la temporada de la Carros de Foc, tuvimos muchos momentos de completa soledad y tranquilidad. En verano no quiero verlo ni en fotos, pero, como digo, el momento fue ideal y mereció mucho la pena invertir el día y medio que estuvimos en el parque y sus alrededores.

Con una eficacia admirable conseguimos tener todo listo el Domingo a las cinco y poco de la tarde (yo había trabajado hasta las tres, pero fue un fin de semana muy bien organizado) y salimos para Espot, donde llegamos a las nueve de la noche, todavía con bastante luz. Nos alojamos en el Hotel Saurat en el centro mismo del pueblo, uno de los pocos sitios “a cubierto” donde nos aceptaron con nuestros perros y la verdad,  salimos muy contentas. Totalmente recomendable.

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Espot. Vistas desde la ventana del pasillo del Hotel Saurat

La previsión meteorológica para toda la semana era variable, con probabilidad de lluvias todos los días, especialmente del medio día al anochecer. Así que cada día salimos bien equipadas de primavera-verano y, cómo no, con nuestras five, pero también preparadas con abrigo y ropa impermeable para que cualquier chaparrón o bajada brusca de temperatura alpina no nos fastidiara el día.

Para el primer día tocaba conocer el Llac de Sant Maurici al fin y, si nos veíamos bien, subir hasta el Estany d’Amitges para volver por el otro lado del lago. Una ruta un poco más larga de lo que nuestros pies querrían, por lo que íbamos con reservas y decididas a acortarla si era necesario. La podéis ver aquí, es el único track que he encontrado que hace casi exactamente lo que nosotras, aunque hay un tramo que traza una linea recta que evidentemente no es real, por lo que la distancia total está más cerca de los 18,5 km que de los 17,5.

Dejamos el coche en el enorme parking del Prat de Pierró, último lugar al que se permite llegar en vehículo privado, a unos 4km y algo de Sant Maurici, y comenzamos a caminar a las nueve de la mañana, primero por un sendero adaptado de madera de unos 800m que discurre junto al río, y posteriormente subiendo muy poco a poco por el fondo del valle alternando prado y abetal, por un sendero mucho más majo de lo que yo esperaba y en absoluta soledad.

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El Riu Escrita bajaba abundante y salvaje, preludio de lo que encontraríamos en la cabecera del valle

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Primeras vistas de Els Encantats y la roca del Estany

 

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El llac de Sant Maurici a rebosar, verde y sereno este Lunes primaveral

Una vez en el Estany y  en el camino hacia la cascada de Ratera nos encontramos con alguna familia y parejas disfrutando de la espectacularidad del salto de agua, pero en la breve pero intensa subida hacia en Estany de Ratera los fuimos perdiendo, de manera que cuando llegamos a este precioso lago y a los siguientes disfrutamos totalmente del entorno en una soledad absoluta. Únicamente nos cruzamos con un taxi 4×4 con tres o cuatro turistas que nos alcanzó en el Estany de la Bassa, pero siguió su camino por la pista y ya no nos molestó mas.

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La mole de Els Encantats presidiendo la mayor parte de la ruta

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Cascada de Ratera. Agua. Mucha. Me estoy mojando.

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Espectacular caída hasta el Estany. Al fondo el Portarró. Me estoy mojando mucho.

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Estany de Ratera. Grande y muy bonito, es un circo precioso mires hacia donde mires

Nos adentramos por el pequeño y precioso sendero que, poco a poco, asciende junto a les Obagues de Ratera y finalmente hasta el Refugi d’Amitges, haciendo el mismo camino de subida y bajada pero evitando la infernal y costeruda pista. Además de disfrutar de las vistas pudimos solazarnos con el encuentro con unos gamos que, con total desvergüenza (sólo un poco de preocupación porque al parecer nos acompañaba un lobo) nos observaron pasar y seguir nuestro camino sin moverse de su mirador privilegiado.

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Les Obagues de Ratera estaba tan lleno que incluso había quedado sumergido parte del camino y tuvimos que subir un poco para evitar el agua. Nuestro favorito de toda la ruta

Amitges nos sorprendió totalmente solitario y todavía medio congelado, una estampa chulísima que, aprovechando que las nubes no parecían decididas a quedarse y que pese a las apariencias, la temperatura era estupenda, quisimos disfrutar con tranquilidad comiendo y dando un poco de libertad a los perros (en los Parques Nacionales el control es mucho mayor y pese a la soledad, tampoco nos gusta que hagan los ceporros o puedan molestar a la fauna en sitios con tanta presión).

 

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Estany i Agulles d’Amitges. Todo un privilegio haber estado ahí

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El Refugio-chalet d’Amitges, todavía cerrado (aunque cuenta con una pequeña caseta antigua que siempre esta abierta con literas y mantas para que cualquiera pueda resguardarse

Después, descansados y rellenos, intentamos continuar ruta hasta el Estany de la Munydera y dels Barbs, que estaba a solo unos metros más allá del refugio para verlos y dar la vuelta, pero una buena acumulación de nieve sin fin a la vista nos hizo desistir. Congelarnos los pies no era buena idea cuando aún nos quedaba más de media ruta, así que iniciamos el regreso por les Obagues hasta el cruce con la pista, ahora sí cruzándonos con algunas parejas que empezaban a llegar por allí.

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Vistas desde el mirador del Estany. El día no acompañó mucho a las fotos pero en vivo fue bastante bonito y se agradeció no estar todo el día a pleno sol

Desde esta intersección continuamos hasta el mirador del Estany y más allá para cruzar una pequeña tartera con unas vistas de infarto y recorrer la otra vertiente del valle, en dirección hacia el refugio Ernest Mallafre.

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Le dije “pasa de los perros, quiero que salgamos nosotras bien”. Alguien tenia una opinión al respecto.

 

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Riu del Portarró, Sí, por ahí pasaba el camino. Nos estamos mojando. Otra vez

Una vez pasado el torrente comenzó una buena bajada de esas que nos queman bastante, con una buena dosis de piedras, así que el cansancio y el dolor de pies ya era bastante acusado cuando finalmente alcanzamos los prados junto al refugio, donde mi novia dice que vio una urogallina (todavía estoy esperando verla para creerlo).

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A eso me refería

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Vistas hacia Amitges y Pui Pla

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Un rato de sol nos permitió disfrutar del lago en toda su belleza

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A lo lejos la cascada de Ratera, se pueden apreciar sus dimensiones

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Y las de este abeto-secuoya y sus amigos

Desde Ernest Mallaffre se puede volver al Estany para salir al mismo punto por donde lo alcanzamos a la ida, pero para abreviar cogimos la pista que lleva directamente unos metros más abajo cerca de la ermita de Sant Maurci y su fuente, desde donde sí que ya no hay más remedio que desandar los cuatro kilómetros hasta el parking. Como intuíamos, fueron muy largos después de todo el día, sobre todo para mi acompañante que venía con su fascitis un poco perjudicada, pero mereció mucho la pena hacer el recorrido tal cual. Afortunadamente, tampoco teníamos ninguna prisa, ya que rondaban las cinco de la tarde y pese a que cayeron cuatro gotas, ese día nos libramos de la lluvia. En total fueron unas nueve horas de ruta, con cerca de dos horas de paradas entre comer y otras.

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Las vacas eran muuuuuy majas. Tanto que algún ternero corrió hacia nosotros con ganas de fiesta ante la atenta y preocupada mirada de su madre. Con los perros hay que andarse con mucho cuidado con las madres, no les hacen ninguna gracia

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Despidiéndonos del valle

Lo bien que nos sentó el baño caliente y la cena esa tarde-noche en el hotel sólo lo pueden intuir aquellos que disfruten de pasarse el día caminando por la montaña hasta caer agotados en un “refugio” de la misma manera que nosotras.

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Bona nit

La otra zona del parque que queríamos conocer era Vall de Gerber, situada un poco más al norte de camino a Vall d’Aran, donde pernoctaríamos al siguiente día. Esta entrada fue la que me descubrió e inspiró para hacer esta ruta. Desde aquí, gracias, la disfrutamos enormemente. Así que el martes bien temprano recogimos “campamento” y nos despedimos de Espot y su hotel prometiendo volver, para intentar aprovechar la mañana al máximo posible ya que esa tarde, sí o sí, iba a llover. Tras 30 minutos de carretera, entusiasmadas por el entorno y a sólo unos metros del  puerto de la Bonaigua (a 2070 metros de altitud) dejamos el coche en la estación de Esquí de la Peülla, totalmente deshabitada en aquel momento, para adentrarnos hacia Vall de Gerber.

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Seguimos el pastoril sendero durante una media hora, llaneando con vistas al valle y a la vertiginosa carretera, hasta que llegamos a la entrada misma del valle de Gerber  donde tuvimos que salvar una corta subida que, en apenas 15 minutos, nos dejó en el primer rincón maravilloso de esta ruta, la estanyola de Gerber.

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Perfecto lugar para la meditación

Aunque nos habríamos quedado aquí todo el día, nos hicimos el ánimo y continuamos, siguiendo las marcas (creo recordar que rojas o naranjas) es una ruta que no tiene pérdida, cruzando arroyos y bloques de piedra en una divertidísima subida hasta el siguiente nivel del valle: el Estany Petit.

 

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Sus caras de emoción lo dicen todo

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Otro bello rincón para solazarse

La nieve empezó a hacer acto de presencia y con precaución y siguiendo las huellas de alguien que había pasado antes que nosotras cruzamos un par de mini neveros que habían cubierto el sendero. El camino nos llevó al estrecho desagüe y las bonitas cascadas a la salida del Estany de Gerber, que finalmente alcanzamos en su inmensidad en un par de horas de recorrido (con mucha calma). Precioso.

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A la izquierda los Puis de Gerber, a la derecha el Tuc de Serós

Alcanzamos en este punto a dos compañeros y su perrilla que estaban disfrutando del ibón en una roca junto al agua. Nos saludamos y nosotras continuamos. Los bordes del Estany son muy inclinados, al menos en esta época del año no hay camino para bordearlo por abajo y se ha de subir bastante para continuar por el sendero camino al refugio de Mataró. Salvado este desnivel, continuamos en llano por el pequeño pero bien trazado sendero disfrutando de unas maravillosas vistas de la laguna, hasta que llegamos a un canchal junto a la cascadita que baja del Estany Long. Cruzamos el canchal para intentar continuar la ruta evitando pisar demasiada nieve o agua, pero justo bajo la cascada, en plena umbría, nos esperaba un buen nevero de bastantes metros en profundidad, distancia y caída. Nadie lo había pisado todavía, y aunque era evidente que el sendero continuaba unos metros más allá hasta el collado y nos había gustado llegar al menos hasta el Estany Long, decidimos no arriesgarnos a cruzarlo.

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Merece la pena ver la inmensidad y profundidad del Estany desde lo alto

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Cascada de Gerber e importante acumulación de nieve a partir de este punto. Con palos y botas probablemente habríamos cruzado sin mayor problema pero como unas son asín de sencillas pues habrá de esperar a la próxima.

Comimos en paz junto al camino mismo, en unas rocas que parecían un banquito puesto adrede en el estupendo mirador. El cielo nos obsequió incluso con un buen rato de sol en el que pudimos disfrutar del profundo azul del ibón, pero las nubes que se empezaban a arremolinar en el Tuc de Serós, no presagiaban nada bueno.

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cascada gerber aiguestortes primavera

Con el cielo azul y la luz del sol todo parece más fácil… pero no hay que dejarse engañar

Antes de que nos sobreviniera demasiada bajona iniciamos la vuelta por el mismo camino, sin más compañía que la de una pareja de ánades, alguna marmota lejana y algún mosquito demasiado cercano. La disfrutamos casi tanto como la ida, aunque se nos hizo muuuyy corta.

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estany de gerber primavera

Me quedo con la paz de estos rincones y las ganas de ir siempre más allá

Sobre las cuatro, tras la breve pero maravillosa ruta ya estábamos en el coche y de camino a Vall d’Aran, donde pasaríamos el siguiente día. Nuestra productiva visita relámpago a este pintoresco rincón de nuestra geografía la dejaremos para la próxima entrada.

Como bonus, os dejo con un video con mis flamantes fivefingers nuevas, para que veáis con qué gracia y soltura (aunque un poco menos al ir grabando, no tenía ganas de estampar mi preciosa lente contra una roca) nos movemos por este tipo de terreno con ellas 🙂

 

Perros y playa 2017: Cala Vallcarca (Sitges), El Garraf y Àrea de lleure Can Roca (Castelldefels)

Cala Vallcarca Sitges perros

Llevamos ya un par de semanas que llega el día libre y al cuerpo sólo le apetece un buen remojón en el mar y un rato de desconexión tomando el sol en la playa. Vivir a veinte minutos de costa, para quien disfruta en la arena, es un lujazo que no tiene precio.

El problema es que no somos dos, sino cuatro, los que nos merecemos un día de relax y desconexión al aire libre (la gata no cuenta, que a la que te descuidas se pasa el día relajada y desconectada XD). Así que, a pesar de estar rodeadas de preciosas playas y calas a todo lo largo de la costa de Cataluña, las dos veces que hemos ido de momento este año a la playa, han sido al mismo sitio: la cala Vallcarca en Sitges.

Hugh y Bruma cala perros Barcelona Sitges

Los dos nos siguen al agua con entusiasmo, aunque a Bruma no le gusta meterse más allá del pecho y Hugh se agobia en cuanto nada unos minutos

Tal y como contábamos el año pasado, la experiencia canina en esta calita es inmejorable, exceptuando algún que otro altercado con canes pendencieros y/o malhumorados con deficiente supervisión de su responsable y algún que otro acto bienintencionado pero falto de previsión como llevar hembras en celo, juguetes y pelotas, comida… que puede y suele generar problemas por competencia entre ellos.

bruma playa vallcarca perros

A Bruma, que tiene tendencia a pagar su inseguridad con perros grandes con un poco de mala leche, le viene de perlas relacionarse en libertad con tantos perros de todo tipo y “recuperar” un poco de “educación social canina”

No hay que olvidar nunca que el hecho de que tu perro sea respetuoso con “los recursos” de otro, no implica que el resto lo sea, por lo cual, mejor evitar problemas evitando conductas de riesgo.

Bruma y Hugh se lo pasan genial en la playa, aunque no aguantan más de dos horas sin cansarse. Y como un perro cansado, al igual que un niño, ya no disfruta, se pone “potroso” y un poco de mal humor y empieza a costarle tener paciencia, lo mejor es ahuecar el ala e irnos a descansar a otra parte. Pretender estar tranquilo sin que nada ni nadie te moleste en esta playa tan pequeña y concurrida no es la mejor idea…

Bruma playa canina Vallcarca sitges

Bruma es especialista en hacernos notar con una gran variedad de conductas molestas que empieza a estar agobiada. Su preferida: hurgar en pertenencias ajenas en busca de alimento

Así que nosotras, aunque podríamos pasarnos el día allí, entre ratos de sol, baños, y ratos de sombra, sacrificamos un poco nuestras preferencias y buscamos alternativa para conseguir que TODOS disfrutemos del día. El primer día la alternativa fue un road trip por el Parque Natural del Garraf (llegamos a las puertas del Templo Budista y luego hicimos una mini-ruta a pie cerca de la cantera hasta una hermosa sombra de los pinos que encontramos, donde paramos a comer).

Hugh picnic

Con nuestra lona y nuestra neverita portátil, no hay picnic improvisado que se nos resista

El segundo día la alternativa fue una estupenda zona de picnic con mesitas en el interior de Castelldefels a la que llegamos en 20 minutos en coche desde la cala y en la que, sorprendentemente, estuvimos solos salvo por un par de caminantes que pasaron por allí (las ventajas de librar cuando la mayor parte de gente trabaja), y pudimos relajarnos a gusto a la sombra y disfrutando de la paz y el airecito fresco que corría bajo los pinos.

Balsa y Fuente Can Roca Castelldefels

Junto al área recreativa encontramos esta balsa-fuente

Aunque esta zona de picnic, situada al final mismo de la urbanización Can Roca de Castelldefels y tocando con los límites del Parque Natural, actualmente sólo cuenta con un buen numero de bancos bien repartidos entre sol y sombra en unos antiguos cultivos repoblados, unos contenedores y una fuente con agua potable (anteriormente tenía unos servicios y zona para barbacoas, en el momento actual clausurados), para nosotros fue todo un hallazgo. Como no tienen acceso los coches (se deben aparcar en un parking de tierra en la urba y luego caminar unos metros por pista hasta encontrar la zona), la sensación de estar en el campo es mayor de lo que se esperaría dada su situación. Así que fue un gustazo poder comer en total tranquilidad y tumbarnos a la sombra o al sol según nos apetecía bajo los pinos y algarrobos, disfrutando del silencio y los pajaritos, con los perros a su aire y remojándonos (en la fuente, no el la balsa) para refrescarnos y quitarnos la sal de la playa.

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Disfrutando por primera vez de un coco verde, no hace ninguna falta irse a Punta Cana de vacaciones

Relax en Can roca Castelldefels

De relax tras la comida, postergando el momento de volver al calor del hogar

Vamos que, aunque cuesta refrenar el espíritu viajero y montañero cuando el calor aprieta tanto, tampoco es que lo estemos pasando muy mal en los ratos libres. Una pena que, con el avance del verano, las playas estén cada vez más saturadas y sucias y ya no sean tan apetecibles. No obstante, seguro que aún cae alguna visita más este año 😉

Fivefingers® Trek Ascent: Muchos kilómetros después

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Hace mucho tiempo que tengo esta entrada casi acabada pero, por diversas circunstancias, no he sido capaz de publicarla hasta ahora.  Quería haber escrito esta reseña como colofón a los post sobre nuestras rutas en el Pirineo aragonés, donde ya adelanto que triunfaron y nos terminamos de enamorar perdidamente de ellas, pero al final no pudo ser (ni los posts), y tampoco antes de Navidad cuando la comencé (sí, habéis leído bien, todo este tiempo).

El caso es que ya hace un año que compramos nuestras primeras “Five”, y más de 350 km después, podemos decir que han sido exhaustivamente puestas a prueba y que han aprobado todos los exámenes con nota, así que no puedo demorar más la publicación de esta reseña sobre los que han sido, probablemente, los 110 euros  mejor invertidos de nuestra vida.

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Sobre un lecho de hojas en un Montseny otoñal. Ruta corta y variadísima donde las exponemos a un metro de hojas secas traicioneras, roca viva, pista, pedreras, río… y nunca fallan.

Como ya hemos adelantado en alguna entrada, las Trek Ascent se han convertido en unas excelentes compañeras de senderismo, siendo su prueba más importante los más de 40 km de montaña que nos ayudaron a completar en el pirineo aragonés en las vacaciones del año pasado, aunque desde entonces la verdad es que no podemos decir que el uso que les hemos seguido dado sea menos digno de mención.

A continuación os dejo una lista de las rutas completadas por mí (porque como leeréis después, a mí me han durado más) con ellas, además de las múltiples fotos, para que podáis haceros una idea de la distancia aproximada y tipos de terreno a los que nos hemos enfrentado juntas a lo largo de estos meses (algunas tienen su propia entrada, pero la gran mayoría no he tenido tiempo/ganas de reseñarlas en el blog. Una pena, muchas realmente lo merecían, pero todas las podéis encontrar parecidas en Wikiloc). No he incluido los frecuentes paseos por Collserola, cuya distancia ha oscilado entre los 4 y los 15 km.

  • Ruta del Sol Blau. Torrelles del Llobregat (18km, no todos con las Five)
  • Camins de Ronda. Tossa de Mar (12 km sumando los de otro paseo por allí)
  • Pont de Pedret a Sant Pere de la Portella y vuelta. Berga (16 km)
  • Valles de Ordiso y Otal (20 km)
  • Subida a la Ripareta y Ermita de San Úrbez. Cañón de Añisclo (17 km)
  • Bajada del ibón de Bernatuara hasta Bujaruelo (5,5 km)
  • Garganta de Escuaín y surgencia del Yaga por la faja de Cazcarra (12 km)
  • Cola de caballo de Ordesa por Cacilarruego (18 km)
  • Subida al Penyagolosa por Barranc Oscur y bajada por Pegunta. Castellón (11 km)
  • Agudes i Turò de l’home desde Passavets. Montseny (9 km)
  • Subida a la Gallina Pelada desde Peguera. Berga (13,5 km)
  • Fageda d’en Jordá y volcanes de la Garrotxa. (11 km)
  • Aiguafreda i Castell de Tagamanent (14,5 km)
  • Puig d’agulles desde Gelida (13,5 km)
  • Cingles d’aiats. Collsacabra (11 km)
  • Santuari de Corberà al Roc d’orò y la Torreta (10 km)
  • Agudes i Turò de l’home desde Passavets. Montseny (9 km)
  • Els estrets d’Arnes i riu de les valls. Tarragona (14 km)
  • Roques de Benet. Tarragona (8km)
  • 7 Gorgs de Campdevànol circular.  Ripoll (15 km)
  • Puigsacalm i Puig dels Llops (10 km)
  • Rocalladre i Puig rodó. Garrotxa (12km)
  • Puig Vicenç desde Cervellò (8 km)
  • Gorg negre i Passetjadors. Riells del Montseny (9 km)
  • Cingles de Riells de Fai y Sant Miquel del Fai (10 km)
  • Del coll d’Estenalles a Sant Llorenç de munt. (12 km)
  • Subida a Sant Miquel de les Formigues. Sant Hilari Sacalm (8 km)
  • El Cogull i el Capolatell. Sierra de Busa (13,5 km)

Y, tras todo esto, os damos nuestra opinión…

Lo mejor:

El agarre y agilidad (no se como llamarlo) que permiten. En roca seca, mojada, tierra suelta, nieve, canchales, cornisas mínimas que jamás podrías usar para subir/bajar con una botarra de montaña normal, hojas secas, barro, mierda de vaca, para arriba, para abajo, en el rio, en el mar… Con la de kilómetros que hemos hecho, se pueden contar los patinazos que hemos dado con los dedos de una mano (o de un pie), y esto no sólo es una cuestión de autoprotección frente al ridículo, si no también de seguridad y rapidez. La combinación del dibujo tipo “neumático” de la suela con la flexibilidad y movimiento que permite al pie adaptarse a cualquier situación del terreno ofrece muchas más posibilidades a la hora de desplazarse por la montaña que un calzado más rígido y con protecciones, lo que se traduce en una seguridad al caminar que, personalmente, nunca había experimentado.

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Las Fivefingers triunfaron en el cañón de Añisclo, despertando la curiosidad de varios excursionistas (fue la primera vez que me pararon para preguntarme, ahora ya estoy acostumbrada) y a la bajada cuando tuvimos que descender por sitios como este lloviendo a cantaros sin un solo resbalón

No entraré en sensaciones más subjetivas pero también muy importantes y positivas como son integrarse y ser uno con el terreno, sentir el relieve, las formas y texturas, moverse por la montaña como parte de ella cual cabra y desplazarse con el leve crujido de las hojas secas, y no como si cayera una avalancha de rocas. Yo, que siempre he tenido perro, a menudo me descubría envidiando la agilidad y posibilidades de sus patitas en la montaña. Desde que uso las five, me siento mucho más cerca de ellos en ese sentido, y en general de las posibilidades de movimiento que, como animal, me corresponderían.

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En Huesca nos mojamos un par de veces, por lo que hubo momentos en que no tuvimos más remedio que cambiar de calzado. Ahora bien, se vinieron de paseo hasta Francia para volver a nuestros pies tan pronto como estuvieron más o menos secas

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Y así, sí, bajando como cabrillas, con rapidez y seguridad, del ibon de Bernatuara

Muy importante compartir que, después de una larga ruta en la que, en el pasado (y no sólo por nuestra peor forma física) habríamos acabado con un cansancio muscular bestial y múltiples dolores articulares, especialmente en las rodillas, ahora en su lugar acabamos con un dolor de pies interesante pero que desaparece casi por completo en una noche de descanso y mucho menos resentidas en general, lo cual da idea de lo beneficioso que es llevar un poco de minimalismo al senderismo y montañismo (cuánto -ismo…), y poder usar toda la potencia y habilidad de nuestros pies y nuestro cuerpo al desplazarnos. Para apuntarse a ello, considero que son unas compañeras excelentes y se las recomendaría a todo el mundo.

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Incluso con nieve y lluvia, mojarse los pies no es tan incómodo como puede parecer, ya que la transpiración es excelente y no retienen el agua, por lo que no vas “chapoteando” con los pies inundados, lo que pasaría con otro tipo de calzado cerrado.

Es cierto que la protección frente a las dificultades del terreno que ofrecen es diferente a la de una bota de montaña y hay que aprender a moverse diferente, con más cuidado de dónde y cómo pisamos y menos pretensiones, pero la adaptación es muy rápida y prácticamente inconsciente. Natural, diría yo. El único terreno que nos puede resultar realmente duro son los canchales y pedreras, o caminos con pedregosidad grande y muy elevada, donde al final la planta del pie se resiente bastante. Pero, si son tramos cortos y no se está demasiado cansado, son una herramienta más que suficiente, y, como decía, este dolor plantar desaparece a las pocas horas. Obviamente, hay que tener mucho autoconocimiento y un poco de sentido común. Son unas zapatillas para correr/caminar  en casi cualquier situación por debajo de los 2000 metros, que es a lo que habitualmente nos dedicamos. A partir de ahí, depende mucho del terreno y nuestra habilidad y resistencia, pero no considero que sean adecuadas para hacer “alpinismo”, donde sea necesario atravesar canchales durante tres horas, o enfrentarse a los peligrosos neveros. No obstante seguro que hay alternativas algo minimalistas para aquellos que gustan de llegar más lejos y más alto.

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En la cumbre de mi amado Penyagolosa, el techo de nuestra tierra. No sé si por el cansancio acumulado después de los pirineos, pero para lo corta que es la ruta, creo que me costó más dolor de pies que ninguna otra. Ojito con las montañas de la terreta.

Lo peor:

Después de tantos kilómetros y tantas contorsiones sobre roca viva, mis fivefingers están desgastadas del dibujo de la suela, y ya sufro un poco en determinados terrenos, pero no tienen ni un descosido y, hasta hace unos 30 km, tampoco presentaban ningún punto de debilidad. Ahora bien, como digo yo las he reservado casi exclusivamente para las salidas por campo y montaña, que suman aproximadamente muy de lejos unos 400 km. Estefanía, sin embargo, también las empezó usando una o dos veces por semana para correr por pista y sendero y también a diario, y a los pocos meses ya presentaban este aspecto:

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Bastante más desgastadas de la suela que las mías, y con un fatídico desgarro en ambos dedos gordos e índices que se resistió a cualquier arreglo.  Que se te rompan unas zapatillas de más de cien euros en tres meses es doloroso, sobre todo porque el resto de la zapatilla estaba bastante bien (por lo que siguió usándolas bastante tiempo y aún lo hace, aunque no para rutas largas) pero hay que reconocer que el uso fue intensivo. Imagino que este desgaste dependerá bastante de la anatomía de cada pie y del apoyo, pero teniendo en cuenta que las mías también se han roto al final únicamente por esta zona, parece lógico pensar que será el destino de la mayoría de ellas.

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En la breve por intensa subida hacia el Cap de Llizet o Gallina Pelada nos enfrentamos a una mini pedrera preludio del Pedraforca que nos hizo darlo todo, y a la vez nos lleno de buenas vibraciones al respecto de nuestra inevitable second round con la montaña más cañera de Cataluña)

Otra consideración importante con el uso continuado es que hay que tener mucho cuidado de limpiarlas y ventilarlas adecuadamente, especialmente si se usan sin calcetines, por los motivos obvios. Aunque en la lavadora quedan como nuevas, tampoco es cuestión de estar lavándolas cada semana si queremos que duren, así que es muy importante limpiarlas en seco por fuera después de usarlas, y ventilarlas bien. De otra manera, es posible que matemos a alguien cuando, entusiasmado, nos pida verlas de cerca.

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Sobre los restos de un volcán en la Garrotxa, donde me hicieron hasta fotos (autógrafos y otras peticiones indecororsas en el formulario de contacto, por favor)

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También nos llevamos mas de una mirada y comentario en el valle de Ordesa (algunos en idiomas desconocidos que no obstante entendíamos perfectamente) aunque entre los cientos de personas que nos cruzamos, algún que otro minimalista nos sonrió con complicidad.

No podemos dejar de hacer notar que no son unas zapatillas baratas (ningún modelo de esta marca lo es). En su día costaron 110 euros, y aparte los calcetines, que tampoco son precisamente baratos (nos regalaron un par de los básicos, pero los que más nos han gustado son los de trail). Ahora bien, aunque lo que le pasó a la Estefi es una lástima, después de ver lo que han aguantado las mías creo que el desembolso mereció la pena, por durabilidad y por todo lo que me han permitido experimentar. Tanto, que estaría dispuesta a hacerlo de nuevo. Afortunadamente, con la llegada de nuevos modelos, si estamos avispados y hacemos uso de plataformas de compra online de diversa índole, podemos encontrar muy buenas oportunidades en esta marca. De hecho, ahora mismo tenemos siete pares de diferentes modelos en casa, y ninguna ha costado más de 80 euros. Incluyendo las sustitutas para las Trek Ascent, que están ya preparadas para que les de al menos la misma caña que a  las anteriores 🙂

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Una de sus últimas rutas “largas”, en Riells del Fai. La última, algo más montañera, ya sufrí bastante en las zonas pedregosas, así que me temo que sus días de alta montaña han terminado. No obstante, espero que aún me den muchos buenos paseos.

Concluyendo:

Las Fivefingers Trek Ascent son unas zapatillas de 10 y fueron una elección perfecta para cubrir nuestras necesidades. Creo que no exagero cuando digo que nos han redescubierto el senderismo. No obstante, y como no me canso de decir a todo el que me pregunta si son cómodas, son maravillosas una vez te has acostumbrado y sí, notas las piedras (de eso se trata, otra cosa diferente es que duela más o menos) y sí, tienes que aprender a andar de otra manera y reducir mucho tus expectativas de tiempo y distancias. Pero creo que he dejado claro que el “sacrificio” merece la pena. Realmente espero seguir teniéndolas disponibles muchos años, porque yo ya no concibo salir de ruta con otro calzado. O sí, pero será otra cosa.

Espero también que esta entrada, por la que, aunque no lo parezca, no recibimos ningún tipo de contraprestación por parte de la marca (tampoco estaría mal), os sirva de ayuda a muchos y os anime a experimentar la naturaleza, la montaña y las posibilidades de vuestro cuerpo de una manera diferente y muy gratificante.

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Ruta minimalista / descalcista por Sant Llorenç de Munt: del Coll d’Estenalles a la Mola y vuelta

https://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4834107

Una ruta corta (unos 12km) que discurre fácilmente por pista cementada y caminos sencillos, de tierra con pocos tramos de gravilla y piedrecillas y sólo dos o tres tramos de roca y pendiente moderada. Geología alucinante, buenísimas vistas y conexión con la tierra para quien se atreva a desprenderse del calzado para caminar con los pies libres (aunque sea sólo a ratos, como yo, el grueso lo hicimos con las Fivefingers Trek Ascent).

Nosotras dejamos el coche en el aparcamiento frente al centro de interpretación del Coll d’Estenalles. Subimos por pista de cemento hasta la bifurcación de la subida al Montcau (que dejamos para otro día), la pista acaba al llegar al coll d’Eres, aquí el camino se transforma en un sendero que nos lleva al encinar.

Al entrar en el encinar y empezar a avanzar entre la arboleda por el húmedo y blandito camino de tierra empecé a notar cierta necesidad…  las miles de terminaciones nerviosas de mis pies me estaban rogando sentir y disfrutar ese suelo. A los pocos pasos me sentí incapaz de seguir desoyendo esa llamada y me quité las Fivefingers. Madre mía qué sensación caminar con los pies desnudos y sentir el camino… es tanto lo que nos perdemos al caminar con calzado y se enriquece tantísimo el senderismo al liberar los pies…

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Caminando descalza bajo el encinar

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Pisar un charco con los pies desnudos y seguir caminando… placer homínido

Fuimos subiendo poco a poco hasta el Collet dels Tres Termes y seguimos recto por una zona más despejada en donde el camino ya no es tan blandito y hubo que avanzar de nuevo con suelas. Poco a poco y con paciencia, que mis pies aún están muy verdes. Bajamos por un tramo pedregoso hasta entrar de nuevo en el encinar, caracterizado por su agradable sendero de tierra. En la bajada tuvimos que detenernos un rato para dejar pasar a una recua de mozuelos de instituto que subía ya de vuelta… pedazo de excursión chula para ellos, muchos apenas la apreciarán pero seguro que alguno habrá que se enamore de la montaña y de la naturaleza gracias a ella.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Entre encina y encinar, el camino es algo más difícil para el pie desnudo

Alcanzamos la carena de Sescorts y nos dirigimos por un tramo más pedregoso hacia el Morral del Drac (una chulada de rocote al que nos desviamos para hacer alguna fotillo).

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Con el Morral del Drac de fondo

El camino sigue por sendero hasta un pequeño collado y llega a una canal, en donde se conserva un un antiguo empedrado que asciende por una chulísima zona encajonda llena de rincones de cuento.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Sendero con algo más de pendiente

Al salir, seguimos hasta un pradito que subía con pendiente moderada hasta el monasterio de Sant Llorenç de Munt, donde merece la pena detenerse un buen rato para disfrutar de las vistas y de la fantástica arquitectura del edificio.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Últimos pasos hacia el monasterio

Tras darle la vuelta al monasterio y afotarlo bien, buscamos un rincón alejado del camino en el que comer y descansar antes de iniciar la vuelta por el mismo sitio.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Foto a traición XD

Nos tomamos la vuelta con toda la calma que pudimos, para disfrutar del camino (yo fui alternando entre ir calzada y descalzada, según el terreno) y dado que a esas horas nos cruzábamos con pocos senderistas, los perros también gozaron de un poquito más de libertad.

En resumen, una ruta fantástica, sin dificultad y si te gusta la paz de la montaña y la soledad por sus caminos, para hacer entre semana y en “temporada baja” (que por lo visto al ser tan accesible está siempre muy concurrida). Y si te estás empezando a liberar los pies o te animas a probar, sin duda, una ruta fantástica en esta época para ir haciendo tus pinitos descalcistas 😉

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Montcau, nos quedas pendiente nos veremos las caras 😉

Ruta con nieve y Fivefingers: Santuari de Corberà – Roc d’Orò – La Torreta

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Desde el retrovisor del coche, estampa aventurera

Track que seguíamos: https://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2348232

Con la llegada de los fríos invernales, fue difícil decidir hacia dónde orientar nuestra siguiente ruta, ya que, por un lado, queríamos aprovechar para disfrutar de la nieve no fuera a ser que no tuviésemos más oportunidades este año, y por otro, nos arriesgábamos a encontrarnos con unas condiciones tan adversas que nos impidieran disfrutar del día. Al final, salimos a la aventura en dirección al Berguedà sin saber lo que nos íbamos a encontrar, si nos sonreía la fortuna quizá un poquito de nieve, si no, algo mucho peor…

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Procesionaria del pino (Imagen: Wikipedia)

En estas fechas este pequeño engendro está en todo lo suyo y nos temíamos que en vez de bellos copos de nieve, lo que amenazara con caernos mientras hacíamos la ruta fueran los nidos de nuestras archienemigas (archienemigas de nuestros peludos, se entiende… aunque si he de ser sincera, pese a nuestra formación y amor por todo lo vivo, este ser no se encuentra entre nuestros preferidos…).

Al llegar a Berga y dirigirnos a los Rasos de Peguera por la carretera ya vamos viendo lo que hay: blanco en los pinos y en el suelo, afortunadamente poca cosa de ambos.

Mirador Desde la carretera a rasos de peguera

Vistas desde la carretera de Berga a los Rasos de Peguera

Ya en el Santuario de Corberà, punto de inicio y fin de la ruta, la cosa parecía estar clara: nidos en los árboles aún sin visos de caer, nieve en las voreras y rincones apartados, sol y día frío pero bastante apacible. Teníamos un par de horas hasta que empezaran a caer las temperaturas (en negativo, se entiende, porque estábamos a sólo tres grados), así que decidimos hacer la ruta en plan minimalista con las Fivefingers Trek Ascent y las Spyridon (y las botas de montaña en la mochila y algo de ropa por lo que pudiéramos encontrar a más altitud).

Santuari de Corberà

Santuari de Corberà

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Las Fivefingers Trek Ascent en la nieve

Según avanzábamos el ratio de blanco suelo/árboles cambiaba para nuestro regocijo, había cada vez más nieve en el suelo y menos nidos en las copas. No obstante, esto y el aumento de la nubosidad y viento, nos hizo plantearnos la ruta de otra manera: se intentaría hacerla tal cual (circular) pero si no lo veíamos claro, nos dábamos la vuelta en el momento que fuera.

Fivefinger trek ascent nieve

¡Qué gustito romper y hundir los pies en la nieve!

Como el tiempo no empeoraba (ya no hacía sol todo el rato pero el viento no era continuo y no parecía que fuera a caer nieve) nos dirigimos hacia la base de las paredes que íbamos a tratar de superar.

Llegamos a la Font de Tagast, donde nos detuvimos un rato a hacer fotos y tras un par de carreras caninas proseguimos la ruta.

Al empezar a subir y aumentar la cobertura arbórea, el frío y la nieve empezaron a hacerse más patentes. Afortunadamente, la ruta deja la pista para tomar algunos “atajos” por senderos cuyo desnivel templaba el cuerpo y los ánimos, y fuimos avanzando contentas hasta llegar a la siguiente fuente: la Font d’Estela en el coll d’Estela, donde tendríamos que habernos desviado para subir al Cogulló d’Estela (otro día será, porque las condiciones no acompañaban). Desde aquí, nos dirigimos al Roc d’Orò, pasando por la Font del Porró y la de la Constància. De todas ellas brotaba un hilillo de agua helada (literalmente).

Fue una pasada disfrutar de esta parte del recorrido de la ruta salpicado por nieve sin que la misma nos dificultara el paso o nos hiciera incómodo el avance con calzado minimalista. Moló lo suyo.

Comprobamos que no había apenas nieve y hielo en el corto tramo de ascenso al Roc d’orò y nos atrevimos a subir (la cadena no es 100% necesaria, pero siempre viene bien, sobre todo de bajada) aunque una vez arriba no nos apeteció quedarnos a disfrutar de las vistas ya que el viento era fuerte y la parte canina del equipo, sobre todo el componente más pequeño, corría el riesgo de salir volando peña abajo. Así que foto y para abajo.

Aquí hacía un frío del carajo, pese al solete, pero decidimos continuar y llegar hasta las antenas en la Torreta, alcanzando así la máxima cota de la ruta. En un primer momento nos tiramos por un sendero marcado que se dirigía hacia allí pero Bruma se plantó y nos informó amablemente que el montañismo no era lo suyo y que, muy a su pesar, no le parecía bien seguirnos por ahí (una variante, que cresteaba entre rocas para trepar y llegar a la Torreta directamente desde el collado a los pies del Roc). Efectivamente, no era por ahí (aunque se puede subir y bajar con precaución), la ruta que llevábamos en el OruxMaps seguía bordeando la ladera cruzando la pedrera y ascendiendo suavemente por el lateral hasta llegar a un collado.

Lo alcanzamos con relativa facilidad, aunque en algún tramo se nos hundieron los pies en un palmo de nieve. Pero una vez arriba y a sólo unos metros de la cumbre, nos encontramos con esto:

Mar de hielo en el collado justo antes de la Torreta

Mar de hielo en el collado justo antes de la Torreta

Como la nieve no era reciente, se había helado y deshelado varias veces, convirtiéndose en una gruesa capa compacta que se extendía bastantes metros en todas direcciones. Los perros patinaron, alucinando y yo intenté ascender un tramo para calibrar cómo estaba el asunto, pero no había nada que hacer, la cosa estaba de crampones y eso ya eran palabras mayores. Además no sabíamos qué nos íbamos a encontrar en la otra ladera, mientras que por donde habíamos subido no había apenas nieve ni hielo. Así que la decisión estaba clara, la prudencia se impuso y volvimos por donde habíamos venido.

El Cogulló desde el collado

El Cogulló desde el collado

Mientras volvíamos le comentaba a Sara que entendía (aunque no comparto) su frustración por no poder hacer la ruta tal como habíamos planificado, pero que por otro lado, me gustaba que la montaña me venciera y me hiciera sentir humilde. Quizá unos diez años atrás, la inconsciencia y la intrepidez me habrían llevado a vivir más a tope mis experiencias, a correr aventuras más alucinantes… pero actualmente, soy lo que soy… y me cuesta arriesgar la integridad de la mejor herramienta que dispongo para alcanzar bienestar y disfrutar de la vida: mi cuerpo. Me cuido tanto de él como de mi otra herramienta principal (la mente) cuya relación, integración y dependencia de/con la primera cada vez entiendo mejor. 

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La vuelta fue sencilla y amena (no hizo falta seguir el GPS, ya que podíamos contar con nuestra memoria y donde esta fallaba, estaban nuestras huellas ¡muy guay seguir nuestro propio rastro jajaja!).

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Nuestro rastro en la nieve

Y aunque era tarde y habíamos considerado comer en la zona de la Font de Tagast o en Can Déu (la casita la rural de más abajo donde nos llevaban esperando desde el mediodía con los Calçots preparados, guiño, guiño), decidimos seguir hasta el coche haciendo alguna pequeña variación del recorrido en la bajada, y así comer calentitos porque entre el frío que hacía, que ya no daba nada el sol y el bajón que da después de comer, más nos valía estar a resguardo.

Efectivamente, la temperatura había caído hasta los -2ºC y no eran ni las cuatro de la tarde, así que, tras el breve receso para nutrir al cuerpo y con los pies secos y calentitos (las five y los calcetines estaban empapadas, así que las botas y calcetines gordos que había paseado toda la ruta vinieron de lujo), iniciamos el retorno a casa.

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No se aprecia pero estoy a dos carrillos 😛

Como íbamos a llegar prontito a casa, decidí que haría mi ECD antes de cenar y así lo hice, nada más llegar, antes de ducharme. Craso error…

Nota: es mi rutina de Ejercicios de Calistenia Difíciles, un entreno rápido de: 10xBarbwire Pushup 10xCondensed Pushup 10xDeep Pushup 10xDiamond Kiss Pushup 10x  Frog Pushup 20xHindu Squat 10x Crazy Lunge  10x “Caída de torre” 20xBear Squat

Someter al cuerpo a determinados niveles de estrés es beneficioso porque éste responde adaptándose y fortaleciéndose (o volviéndose antifrágil), pero hay un punto más allá del cual (tanto por intensidad del agente estresante concreto como por suma de diferentes agentes estresantes) ya no hay beneficio, sino perjuicio. “Si te pasas, te lo pierdes” y yo me pasé.

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Hormesis: la dosis hace al veneno 😛

Madrugar (más de lo habitual)+Primer día de la menstruación (pérdida de sangre afortunadamente no habitual)+Actividad física de baja intensidad en ayunas (esto sí es habitual)+Exposición al frío y humedad intensa (más frío y tiempo de lo habitual)+Ingesta copiosa (mayor de la habitual)+Actividad física de intensidad media haciendo la digestión (habitual pero con una digestión menos exigente)… PUF Nivel de estrés tolerable sobrepasado y consecuencias inmediatas: agotamiento físico, bajada de defensas y microorganismos ganando la batalla en forma de catarro.

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No todo iban a ser fotos estupendas, esta es mi cara de hecha polvo

Ahora no queda otra que retirar por completo cualquier agente estresante que esté en mi mano retirar, primar el descanso y dejar que el cuerpo haga lo que “nadie” mejor que él sabe hacer: defenderse y recuperar el equilibrio. Son muchos miles de años haciendo su trabajo y perfeccionando su habilidad, aunque nos hayamos estado empeñando los últimos miles en ponerle la zancadilla… sigue siendo “el mejor” cumpliendo su cometido. ¡Vamos que tú puedes! ¡Make it quick que sabes que me cuesta estarme quieta! 😛

PD: A fecha de hoy hace una semana de esta ruta y afortunadamente ya estoy casi recuperada del catarro (no me he estado tan quieta como debería, me temo, pero me he portado muy bien y me he esforzado en ayudar a mi sistema inmune a través de la dieta).

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Ruta circular Valles del Ara, Ordiso y Otal – Pirineo Aragonés

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Dificultad: Media-Alta, por duración y desnivel. No hay pasos complicados aunque parte transcurre fuera de sendero o con éste muy degradado.

Distancia: Aprox. 20 km

Desnivel acumulado: 950 m

Tiempo: Aprox. 7 horas en movimiento

Track: Con variaciones http://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4814524

Amanecer en mitad del valle de Bujaruelo y echar a andar con todo el día por delante en la montaña hizo que, automáticamente, casi olvidásemos lo duro que había sido establecer el campo base en el camping del refugio (algunos detalles chungos sobre el camping de San Nicolás de Bujaruelo en próximas entregas).

Para nuestro primer día habíamos planificado la ruta más larga de todo el viaje, para cogerla con más fuerzas y tener días de sobra para recuperarnos de cara a la otra ruta más dura del viaje (el valle de Ordesa). Una circular de unos 20 km que, partiendo del mismo refugio, nos permitiría adentrarnos hacia la cabecera del rio Ara y visitar los tranquilos valles cercanos de Ordiso y Otal.

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La “playa” de San Nicolás de Bujaruelo, solitaria y tranquila en la fresca mañana

Salimos del refugio de Bujaruelo cuando los primeros rayos de sol entraban en el valle (a eso de las diez de la mañana). Cruzando el puente de San Nicolás, cogimos el GR11 en dirección a Ordiso y los baños de Panticosa. La primera parte de la ruta transcurre por los prados y bosques junto al río Ara, pudiendo hacerse por el margen derecho (sendero) o izquierdo (pista), ya que ambos se van a unir en el puente de Ocins, antes de que el Ara se estreche entre paredes de roca.

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Dispuestos a darlo todo

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Poza increíblemente apetitosa en el puente de Oncins

Con pena nos separamos de la maravillosa poza pensando en volver si teníamos tiempo en los próximos días para darnos un baño (no llevábamos ni una hora de camino y quedaban muchos kilómetros por delante) y empezamos la subida hacia el puente de Ordiso y la cabecera del Ara. La pista sube sin tregua entre el abetal para llevarnos a un estupendo mirador sobre los valles de Otal y Bujaruelo, que alcanzamos en unos quince minutos. A mitad de la misma encontramos el desvío hacia el puente colgante de Burguil, donde se escuchaba  mucho alboroto de gente bañándose o iniciando el descenso del río, así que decidimos no bajar.

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Valle de Bujaruelo con el Mondarruego al fondo

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Valle de Otal con la sierra de Turbión y el pico Otal al fondo

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Uno de los puntos más bonitos de todo el viaje. Empezamos fuerte

Tras un buen rato llaneando, el valle se vuelve a abrir para dar paso a la parte alta del Ara y la confluencia con el valle de Ordiso. Este es un lugar bucólico, muy fácil de alcanzar, y encontramos varios grupos de gente disfrutando de los remansos del río.

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Entrada al valle de Ordiso

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Valle de la cabecera del Ara, con el Vignemale al fondo

Hasta aquí la ruta había sido maravillosa, pero obviamente no podíamos conformarnos con sólo esto, así que nos adentramos en el valle de Ordiso, todo el rato por encima de los 1600 metros. A partir de aquí abandonamos todo sendero señalizado, así que tuvimos que empezar a consultar el track para saber qué sendero teníamos que coger, ya que el valle es mucho más cerrado de lo que parece, esta lleno de senderos de la gente que pasea por allí y sobre todo de las vacas, y es un poco confuso.

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Adentrándonos en el solitario valle de Ordiso

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Pose chachi en el punto donde vimos nuestra primera marmota ^^

No es un camino muy frecuentado y está bastante invadido por la vegetación y el barro y otros tipos de productos naturales del campo (mierda de vaca, por si alguien no lo pilla). Después de una hora de andar hacia el circo a pleno solete, en una vegetación cada vez más alpina y viendo como tristemente el río dejaba de llevar agua, llegamos al circo de Ordiso.

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La alta montaña en Septiembre, señores, más vale esto que la nieve

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Circo de Ordiso, imponente pero sequito

En este  punto debíamos abandonar el sendero (que nos habría llevado a los pequeños ibones de Ordiso pasando junto a una espectacular cueva), cruzar el río y comenzar a remontar por la ladera sur del valle hasta alcanzar el collado de Ordiso, que divide los dos valles a 2200 metros de altitud. Una gran cantidad de vacas y terneros reposaban al sol justo en la zona más indicada para comenzar la ascensión,  siguiendo el track. Como es lógico, las rodeamos para no asustarlas, ya que habitualmente reaccionan con bastante más desconfianza hacia los perros que hacia las personas, de manera que acometimos la agreste ladera un poco más hacia el sur de lo indicado, y nuestra deriva entre trochas de vaca no hizo si no alejarnos aún más de la ruta indicada.

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Eso sí, las vistas mu bonitas

A los quince minutos o así de caminar campo a través por la ladera pinchuda, nos detuvimos en la última (y única) sombra de una roca (aproximadamente a la una y media del mediodía), el sol pegaba con rabia y se nos acababa el agua. La grandísima cantidad de ganado y sus desechos nos hizo desistir de coger agua en la parte alta del circo, ni siquiera haciendo uso de las pastillas potabilizadoras.

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La sombra única

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Imágenes que no reflejan la dura realidad

Nos quedaba un buen rato de subida dura y probablemente otro equivalente de bajada, también expuesta al sol, es decir, sin poder parar a comer y descansar, pero pensamos que iba a ser mucho peor tener que hacerlo a las tres de la tarde y haciendo la digestión, así que continuamos la ascensión.

La subida fue penosa y muy larga, interminable. Quizá si no nos hubiésemos desviado del track habríamos ido más directas y por sitios un poco menos incómodos de andar, pero aunque intentamos corregir el rumbo, sólo nos encontramos con algo que parecía pisado por personas casi llegando al final. Los múltiples caminitos de vacas no hacían si no despistarnos en nuestra ascensión, no sabiendo si decidirnos por la agotadora subida entre las rocas del barranquillo que intentábamos seguir, o la cansina ladera de roca y pinchos por la que parecíamos no avanzar, teniendo que escoger sabiamente donde poner nuestros desprotegidos pies para no colarlos en un hoyo traicionero. Y un calor…

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Y, cuando parece que ya has llegado, aún queda otro tanto

No fue muy divertido, pero no fue tan malo como para que, una vez llegamos al collado a 2230 metros, bordeamos más vacas y disfrutamos de las vistas, no nos diera el pequeño subidón por la proeza realizada y se nos pasara bastante el cansancio y el mal humor. Optamos por no subir hasta el pico Ordiso, aunque quedaba a unos metros, por la imposibilidad de descansar por allí.

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Estas echaron a andar y chino chano se plantaron en el fin del mundo

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Como digo, de relativo buen humor

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Muy lejos, muy alto, y nada atractivo: el mítico Vignemale

Entonces comenzó la bajada hacia el valle de Otal, que se veía muy muy lejos y, tal y como esperábamos, con una total ausencia de resguardo hasta muchos metros más abajo. Para hacer la bajada, contaba con varias opciones procedentes de diversos tracks, pero consideré que, aunque fuera más larga, seguir el sendero “oficial” de gran recorrido nos resultaría más sencillo y menos arriesgado y cansado. Así que, descendiendo levemente, nos dirigimos hacia la cabecera del valle, equivocándonos nada más empezar por culpa de otro sendero de vaca, que son mucho más evidentes que los de personas…

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Paisaje un poco desolador con el circo de Otal y la sierra Tendeñera al fondo

Una vez corregimos y nos encontramos con las primeras indicaciones del GR, fui comprobando el track cada pocos minutos, pero Estefa, que iba con el turbo para intentar llegar a una sombra lo antes posible, más que nada por los perros que empezaban a venirse abajo, me sacó bastante delantera. Puñetera casualidad que, justo en un punto donde debíamos girar de nuevo hacia la cabecera del valle para descender por otro lado, había unas 15 vacas con varios terneros justo en mitad del camino. En varios puntos del camino, de hecho. Estefa me manifestó que tenía que rodearlas porque una de las vacas estaba haciendo muestras bastante evidentes de agresividad, y yo le intenté trasmitir que lo hiciera, pero que luego tenía que girar a la derecha  y bajar porque el sendero giraba e iba por abajo. No me entendió. Cuando yo también conseguí pasar la amenaza vaca, comprobé con horror que había seguido caminando por un sendero (de vaca) en la misma dirección hacia la salida del valle (pero muchos muchos metros ladera arriba, apenas habíamos bajado del collado en realidad) y estaba ya muy lejos. Cuando la conseguí alcanzar, evidentemente hubo bronca por ambas partes (os ahorraré los embarazosos detalles y otros pormenores de nuestra relación personal) y decidimos dar la vuelta para retomar el sendero correcto. Podríamos habernos despeñado por la ladera como en este track, pero no estaba segura de dónde estábamos y yo no quise arriesgarme a encontrar alguna complicación insalvable y que fuera mucho peor en tiempo y dificultad.

En fin, muy malhumoradas y sofocadas volvimos con las vacas y, con dificultades y barro, las rodeamos, ahora por abajo. El sendero no era fácil de encontrar ni de seguir, no hay apenas marcas y está degradadísimo por las pisadas de los animales, el barro y la vegetación. Es comprensible toda nuestra confusión y desde luego, la considero una experiencia poco recomendable, al menos en esta época del año. Varios zigzags más después y, tras sortear algún otro grupo de vacas más y varios barrizales (o al menos esperas que sea barro eso blando y mojado en lo que, bajo los pastos secos, estás hundiendo el pie), llegamos a la pista en el valle de Otal, junto a la cabaña de la Paul. Habíamos tardado más de dos horas en bajar, sin comer, sin beber, y a pleno sol, y ni siquiera en la cabaña había una sombra en la que cobijarse.

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Muchos muchos pasos después

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Siempre me ha parecido que esta foto es un reflejo de nuestras almas cuando alcanzamos la pista

El río apenas llevaba agua tan arriba, así que tampoco nos acercamos mucho. Echamos andar por la pista lo más rápido posible, con la lejana visión de los abetos en la entrada del valle en el bello Bujaruelo, que nunca debímos haber abandonado. No me cabe duda de que el valle de Otal, en su tónica bucólica y pastoril, debe ser muy bello y entrañable para los visitantes que vienen paseando, especialmente en primavera, pero lo cierto es que, al menos en la época del año que nos tocó, lo vivimos como un infierno de torridez, pasto seco y caca de vaca. Todo muy degradado y para nada merecedor del esfuerzo que habíamos hecho.

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Salvo quizá por este gran momento 😀

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Y Estefa jurando venganza a todas y cada una de las vacas que se le pusieron a tiro

A  eso de las cinco de la tarde llegamos al inicio del valle o collado de Otal, donde la pista cruza el rio sobre un pequeño puente, y alguien soltó las cosas y se fue al agua. Pero no tanto como yo. Fue un momento muy reparador y aunque no había agua para beber, el baño nos curó un poco de la deshidratación. A partir de este punto empezamos a adentrarnos en el bosque para bajar, a ratos por la pista y a ratos por el sendero, más empinado y pedregoso, hacia Bujaruelo, Y ya que estábamos, quisimos continuar hasta las orillas del Ara, para descansar en paz finalmente en un prado verde con aguas cristalinas.

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Valle de Bujaruelo desde Otal, foto complementaria a la de la mañana

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Cruzando el Ara

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Me morí y fui al puto cielo bajo la atenta y preocupada mirada de Hugh

Volvimos al camping refrescados y comidos (estábamos a 15 minutos) cuando se nos fue el sol (después de la insolación del día, el destemple que teníamos era épico). Agotaditos física y mentalmente, nos dimos una ducha calentita y purificadora y  nos retiramos a “cenar” o “seguir comiendo” y a dormir, esperando que las bellas imágenes del día fueran más fuertes que los momentos duros y las vacas no poblaran también nuestras pesadillas.

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Con las últimas luces del día sobre el Mondarruego, imagen que guardo muy mucho, me despido hasta que coja fuerzas para una nueva entrega de nuestras ya lejanas vacaciones.

 

Planificar tus vacaciones en la montaña (y no morir en el intento)

Seguimos luchando con denuedo contra la depresión post-vacacional, o mejor dicho, contra los nefastos efectos que podría llegar a tener de no ser por nuestros esfuerzos. La llevamos con más o menos dignidad, intentando no renegar excesivamente del trabajo, pero aquí nadie está exento del bajón de energía y la apatía a la que nos lleva el “duelo” por la pérdida de ese ser amado que es el tiempo de ocio y de aventura. Sólo nos queda contemplarla como proceso natural que es y, en la medida que nos lo permita, ir recuperando e incluso mejorando los hábitos que mantienen a nuestros neurotransmisores más o menos equilibrados, hasta que se aleje definitivamente tan naturalmente como vino.

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Los perros tenían mucho que recuperar física y mentalmente, pero no me cabe duda de que la vuelta a la rutina les dejó en un estado igual de catatónico que a nosotras.

Quiero adelantar que esta entrada es un batiburrillo en el que se han mezclado ideas que quería haber comentado antes de irnos de vacaciones (pero no lo hice por falta de tiempo y porque no es demasiado prudente compartir públicamente que te vas de vacaciones), con algunos aspectos del viaje en sí que no tienen demasiada cabida dentro de los próximos post que tengo pensado escribir con la descripción de las rutas. Y, aunque haya quedado un poco extraño, no quería dejar de compartir estas cosillas, para la posteridad y por si le son de utilidad a alguien, Además, espero que escribirlo me ayude a vencer el bloqueo creativo al que me enfrento tras la vuelta a la rutina y a mi jornada laboral de 40+ horas :S

A principios de año, después de nuestras minivacaciones de febrero en Alicante, decidimos que este año aprovecharíamos para visitar los Pirineos, antes de que a la vida se le cruce devolvernos al árido y lejano sur. Teniendo como tenía toooodo el largo verano de trabajo para planificar el viaje, es fácil imaginar que no fue hasta casi agosto que me puse con ello (en mi defensa diré que no fue hasta agosto que supe las fechas definitivas de mis vacaciones…). Inicialmente queríamos pegarnos el viaje padre, pasar entre 10 y 12 días fuera, acampar en diferentes sitios y visitar varias zonas. Vamos, ver mucho para sentir que habíamos aprovechado nuestras “largas” vacaciones al máximo.

Nos enfrentamos así a la primera de las decisiones. Hasta primeros de agosto mi idea era pasar dos o tres días en el pirineo catalán (Aigüestortes, principalmente) y después movernos hacia Ordesa y Monte Perdido para pasar el resto de las vacaciones allí. Sin embargo, cuando me puse a mirar rutas para hacer, decidimos que nos iba a salir más a cuenta pasar todas las vacaciones y ver todo lo que queríamos ver en Huesca que gastar 3 días (entre viajes, montar campamento, etc…) para ver el Llac de Sant Maurici y poco más.  Al fin y al cabo lo tenemos más cerca y, aunque tenemos muchas ganas de ir y conocerlo, la masificación y mercantilización del sitio también nos tiran bastante para atrás.

Una vez decidido que iríamos solamente a Huesca y que nos íbamos a alojar en el camping de San Nicolás de Bujaruelo (porque ¿quién va a quedarse en un camping de cuatro estrellas a pie de pueblo y a media hora de todos los sitios que queríamos visitar pudiendo ir a acampar en mitad de la nada en el puto último sitio habitado de España…?) vino la segunda decisión chunga.

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Refugio y camping de Bujaruelo. Con sus más y sus menos, lo cierto es que se ha ganado un hueco muy especial en nuestro corasonsito.

Y es que cuando uno se pone a mirar rutas por pirineos y descubre ese vasto mundo de  GRs y travesías, y ve tantas personas que han estado en todas partes, y te parece que “gente normal” se lanza a hacer tresmiles y rutas de más de 30 km… es difícil no sentirse “mediocre” por hacer lo que hace todo el mundo. Es difícil no volverse loco y caer en la tentación de querer hacer más de lo que uno puede.

Y lo que nosotras podemos, pese al entrenamiento físico, estaba condicionado por 3 cosas:

1º Los perros: En el momento en que decidimos llevarlos (que es siempre mientras podamos y ellos estén bien), ellos son lo primero y en función de su estado debemos planificar todo lo que hacemos. Afortunadamente, aún son adultos jóvenes y están bien entrenados, pero habiendo tenido ya alguna mala experiencia por no contar con su desgaste, decidimos ser prudentes. Rutas de más de 20 km casi entran en la categoría de maltrato, especialmente si se acumulan varios días y empiezan a aparecer heridas en las almohadillas, así que intentamos evitarlas.  Por otro lado, aunque son mucho más fuertes y hábiles que nosotras para algunas cosas, no pueden trepar paredes (generalmente) o subir cadenas o escalas de mano, así que cualquier pequeña trepa o paso delicado nos puede hacer tachar una ruta de la lista, por más que nos duela.

2º El minimalismo: Aunque fuimos extremadamente previsoras y cargamos el coche con todo tipo de calzado, nuestra primera opción siempre fueron nuestras queridas Fivefingers. No se puede hacer ni aguantar lo mismo con zapatillas minimalistas que con botas amortiguadas con 3 cm de suela,  y esto no es nada de lo que avergonzarse, al contrario. No sólo nos sentimos más cómodas, más seguras y “sentimos” y valoramos más lo que estamos haciendo, si no que directamente nos parece inapropiado hacer algo que en teoría no seríamos capaces de poder hacer. Preferimos no “doparnos” con protecciones para poder llegar más lejos, cosa que por otro lado comprometería nuestra salud muscular y articular y no contribuye a nuestro desarrollo físico real. Pero esto requiere mucha reflexión y madurez, es difícil desestimar la envidia y ser capaz de gestionar ese puñetero “con lo que me esfuerzo no es justo que yo no pueda hacer tal…”.

3º Disfrutarlo: A lo largo de más de diez años de andar juntas hemos tenido que superar más de una ruta con mala planificación o exceso de optimismo que, si bien no podemos decir que fuera mal (no en vano aquí estamos), es cierto que en algunos momentos el sufrimiento (físico y/o mental) ha superado al disfrute. Hace tiempo que  no queremos llegar a ese punto ni de extenuación ni de estrés y por tanto, decidimos evitar también rutas de mucho más de 20 km por nosotras, así como contar con tiempo suficiente para la recuperación física que pudiéramos necesitar. De esta manera, hacer menos si hacía falta, pero hacerlo bien: sin dolor, sin lesiones y sin agobios.

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Tanto por ver y tan pocas vacaciones al año :_)

Con todo y con eso, la menda fue a dar con una travesía relativamente facilita de 40 km (20 km cada día) que me enamoró. Desde San Nicolás de Bujaruelo hasta el Circo de Gavarnie (Francia), con noche en Gavarnie, y vuelta por el valle de Canau y el Ibón de Bernatuara, aquí la dejo. La experiencia tenía suficientes dosis de epicidad como para compensar la pequeña decepción que sentía por tener que someter mis ansias montañeras a las consideraciones anteriores, ¡además íbamos estar en Francia! (me hacía ilusión ir con Estefa) así que, tras hablarlo largo y tendido y rebatir muchos de los contras que encontramos, decidimos que podíamos atrevernos a hacerla.

Y entonces, cuando ya iba a reservar hostal en Gavarnie para la noche indicada, de pura coña descubrí que en todo el Parc des Pyrénées francés no se admiten perros. Ni sueltos, ni atados, ni en pintura, prácticamente. Me quedé de piedra y durante los siguientes días estuve investigando más a fondo y leyendo experiencias de gente que cumplía e incumplía dicha norma. Por lo visto, hay cierta permisividad en algunas zonas y hay visitantes que directamente se la pasan por el forro, pero también personas a las han llamado la atención o no les han dejado pasar a determinados sitios (no encontré referencias a multas, al menos). Aunque no esperábamos tener problemas en las zonas más altas, el circo de Gavarnie es la principal atracción turística del parque y, sinceramente, la idea de comernos un marrón después de 18 km de andar o que no nos dejaran acercarnos a la cascada, como que no nos apetecía demasiado.

Y sí, podríamos habernos arriesgado, pero nos pesaba bastante añadir otro contra más a una actividad con la que ya estábamos saliendo de nuestra zona de confort, y la posibilidad de tener problemas chocaba fuertemente con la condición 3. Pero principalmente cambiamos de plan porque nos pareció indignante la normativa (perros atados vale, porque la gente es imbécil y les deja hacer lo que les da la gana, pero ¿prohibidos a lo largo de kilómetros y kilómetros de montaña como si el mundo fuera suyo para vetarlo a su antojo…?). Un poco bochornoso en nuestra opinión, la verdad. Así que nos fastidiamos un poquito, pero elegimos discriminarles de la misma manera que nos estaban discriminando a nosotras. Ellos verán lo que hacen.

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La cascada más alta de Europa tendrá que esperar a que Francia cambie de idea… o a que nosotras no tengamos perros (mejor que espere sentada)

Después de tantos contratiempos (que lo son para alguien tan negativo como yo), unidos a mucha saturación y presión por el trabajo, los ánimos estaban un poco por los suelos, y la última semana nos demandó más esfuerzo de gestión emocional que de planificación. Además de la gestión de la frustración y el mal rollo que se estaba adueñando de las vacaciones, en mi caso fue muy importante y creo que merece la pena la reflexión, el control de las expectativas. Tantos meses esperando el viaje, tantos planes y tantas ilusiones puestas son peligrosas cuando todo lo que quieres hacer no depende de ti y hay mil motivos por los que podrían venirse abajo. Hay que estar preparado para nuevos contratiempos y posibles planes frustrados, y mentalizarse para que, si suceden, ello no suponga disfrutar menos de las vacaciones.

La preparación fue con un poco de retraso por causas de trabajo pero muy minuciosa, lo que ocasionó que perdiéramos un día. Por otro lado, la llegada del mal tiempo y la necesidad de más días para estar con las familias nos hizo reconsiderar la duración del viaje. Finalmente, pasamos ocho días con sus siete noches en el entorno del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y alrededores, alojándonos en la zona de acampada del Refugio de Bujaruelo, del que hablaré posiblemente en otro post, que este ya se está extendiendo de más. Algunas de las rutas las iniciamos directamente desde allí y para otras tuvimos que andar moviendo el coche por pista y carreterillas, lo que nos hizo perder algo de tiempo en desplazamientos (si la planificación hubiera sido un poco menos deficiente y hubiéramos tenido más claro lo que íbamos a hacer cada día habría sido más lógico alojarnos mejor comunicadas para visitar el sector este y luego ya meternos en medio del valle, pero tampoco fue tan grave y pasamos buenos ratillos en el coche).

Afortunadamente, todo salió a pedir de boca. Tanto nosotras como los perros rendimos estupendamente y, pese a algunas dificultades, no tuvimos que lamentar ningún percance, por lo que podemos decir tranquilamente que exprimimos (teniendo en cuenta los condicionantes anteriores e incluso estirando un poquito de ellos) al máximo cada uno de los días que pasamos allí. La experiencia en general, como ya os iremos contado en detalle, ha sido sobresaliente, y no quería dejar de resaltar que ha sido así gracias a la preparación tanto física como mental, así como al aprendizaje y el autoconocimiento. Bueeeno, y un poquito de suerte también :).

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