Alimentación

Basada principalmente en verdura, fruta y tubérculos, (preferiblemente crudos y enteros, con piel) frutos secos (tostados) y otras semillas (cacao en grano), huevos, lácteos enteros, fermentados y carne/pescado con consumo muy ocasional de legumbres, arroz, vísceras….

Seleccionamos los alimentos según su densidad nutricional y adecuamos el aporte energético y proteico según nuestro nivel de esfuerzo físico (suplementamos con proteína de suero).

Cuidamos nuestra microbiota intestinal aportando alimentos prebióticos (fibra procedente de la fruta y verdura) y probióticos (fermentados caseros como el yogur, kéfir, chucrut… ).

Si tenemos sed, bebemos agua hasta saciarnos (sin mínimos ni máximos) aunque también consumimos a diario diversas fuentes de antioxidantes y compuestos fenólicos en infusiones: té, café y otras. Limitamos el consumo de bebidas alcohólicas hasta el punto de eliminarlo del todo o reducirlo a una/dos copas al mes de fermentados alcohólicos (cerveza o vino).

Mantenemos a raya a la insulina y espabilamos nuestro metabolismo para que funcione como debe: tirando de la grasa cuando se le acaba el glucógeno almacenado. Para ello, practicamos el ayuno intermitente (enfoque 16/8) prácticamente todos los días de la semana (nos saltamos el desayuno para sumar con la noche 16 horas de ayuno y concentramos la ingesta en una o dos comidas grandes en las 8 horas siguientes).

Intentamos que nuestros alimentos sean de calidad y nos preocupa la procedencia de la carne, el pescado, los huevos, los lácteos, las verduras y la fruta que consumimos (tanto por lo ético como por su perfil de nutrientes). No obstante, nuestro nivel de ingresos no nos permite invertir tanto como nos gustaría en ello. Pero bueno, aún así, la mayor parte de nuestro gasto económico lo destinamos a comer lo mejor posible.