Equilibrando autosuperación, antifragilidad, autoexigencia y autoestima

Hoy vengo a compartir un poquito de mi forma de ser y de entrenar a través del blog. Comienzo con una imagen.

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Sigo el programa del mes de ejemplo del sistema Paleotraining desde hace ya pfff, cerca de dos años vaya. Lo complemento con otros entrenamientos de calistenia, pesa rusa, carrera (velocidad y resistencia), aeróbico de baja/moderada intensidad (senderismo). Con respecto al entrenamiento Paleo, pues bien, resulta que al inicio de dicho mes se hace un test (test paleo) que consiste en hacer el máximo de repeticiones de cuatro ejercicios en un minuto, dejando una pausa de tres entre cada ejercicio. Su función es determinar el número de repeticiones por vuelta que deberé emplear para el siguiente test, que mide número de vueltas por minuto. Estos test están pensados para que uno pueda evaluar su estado e ir progresando en función del mismo.

Suelo dejar las repeticiones máximas apuntadas en mi pizarra para tenerlas como guía para la próxima vez que repita el test (al mes siguiente). Bueno guía, guía… vamos a llamar a las cosas por su nombre (y aquí viene ese pedacito de mí que vengo a compartir): es mi listón. Y cada mes me lanzo al test no como debería (con intención de evaluarme y reajustar según mi estado/progresión), sino con intención de superarme… o como mínimo igualarme. Como contaba en esta entrada, no me motiva competir contra los demás, pero sí contra mí misma. Me mueve la autosuperación y la comparación con los demás me resulta útil sólo porque me anima el pensar que si existe quien me supera, es porque es posible alcanzar ese grado, así que existe esa posibilidad (hasta que yo me demuestre lo contrario). Es decir, que me explico fatal, que si otros pueden hacerlo, entonces merece la pena intentarlo y esforzarme por lograrlo yo también porque ES POSIBLE, pueda yo o no de momento. Superar a los demás, en cambio, me trae poca o nula satisfacción personal. Superarme a mí misma, ay, eso ya es harina de otro costal… superarme a mí misma es casi mi esencia, lo que me define. Lo que, si caigo en el exceso, me lleva al pefeccionismo y la autoexigencia desmedida, pero bien racionado, me lleva al crecimiento personal, la evolución y a la mejora (en mi opinión claro jajaja).

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Esta foto sirve para retratar mi crecimiento personal, mi evolución y mi progreso

Pues eso, volviendo al test. El caso es que lo más frecuente es que me iguale o me supere, lo cual, en parte mola (porque me supero) y en parte no, porque el segundo test se vuelve más duro. Pero a veces… pues en vez de subir o igualar, pues bajo repes. Suelo ser benevolente y compasiva conmigo misma y si estoy cansada, he pasado alguna enfermedad o entrené pesado el día anterior… pues me perdono y me animo a mí misma, porque qué coño, la aceptación y el amor incondicional hacia uno mismo es lo primero, básico para blindar la autoestima. Pero pese a ello, he de reconocer que quedo contrariada. Un poquito.

Hoy me ha pasado.

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Bajé repes en la repetición del segundo test el del mes, que hice el sábado y me jodió un poco. Pero me mostré comprensión y compasión porque estaba cansada de la semana y en plena menstruación. Y hoy lunes, después de descansar toda la tarde de ayer, esperaba estar a tope para “sacar buenas notas” en el test de principios de mes. Pues nop. He bajado repes en los cuatro ejercicios. Y al acabar me he sentido bastante contrariada. Porque ni estoy cansada (ayer me hice mis 8-9km corriendo por montaña habituales, pero me pasé toda la tarde descansando y dormido bien) ni se puede justificar mi bajo rendimiento por mi estado hormonal (estoy en fase folicular, la más favorable porque tenemos más fuerza y nos fatigamos menos).

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He pensado que quizá el bajo rendimiento era porque no estaba demasiado activada pese al café matutino y quizá tras un calentamiento me habría ido mejor… así que he decidido repetir el test. He subido algunas repes… peo no muchas. Y ya puestas, como dicen que no hay dos sin tres… pues lo he vuelto a repetir. Y ya he dejado de luchar, porque tres es justo lo que necesito para hacer una media y porque he vuelto a hacer las mismas repes que la primera vez, prácticamente.

Y esto es lo que hay.

Como hace sólo hace dos días que estoy en fase folicular, voy a pensar que tengo algo de anemia post-menstruación (por la pérdida de sangre) que lo dudo, pero bueno y voy a ser benevolente conmigo misma. Pero si quiero ser totalmente sincera conmigo y por ende, con quien se siente interesado por mí… pues tengo que reconocer que hoy, además de intentar superar a mi yo del mes pasado, como no lo he conseguido, he intentado superar al menos a mi yo del día de hoy y como lo he conseguido pero por muy poco, pues me he hecho una tercera ronda… “de castigo” por ser una floja de mierda XD.

Me pasa que si no me gano me cabreo un poco y si me descuido me acabo castigando un pelín, por si acaso fuera que me he descuidado conmigo misma, no he sido todo lo diligente que debía y por exigirme menos de lo que puedo, me he ablandado de más. Me cuesta mantener el equilibrio entre buscar la antifragilidad y mantener controlada la autoexigencia y cuidada la autoestima. En ello ando, me figuro que no seré la única 😛

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Ruta minimalista / descalcista por Sant Llorenç de Munt: del Coll d’Estenalles a la Mola y vuelta

https://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4834107

Una ruta corta (unos 12km) que discurre fácilmente por pista cementada y caminos sencillos, de tierra con pocos tramos de gravilla y piedrecillas y sólo dos o tres tramos de roca y pendiente moderada. Geología alucinante, buenísimas vistas y conexión con la tierra para quien se atreva a desprenderse del calzado para caminar con los pies libres (aunque sea sólo a ratos, como yo, el grueso lo hicimos con las Fivefingers Trek Ascent).

Nosotras dejamos el coche en el aparcamiento frente al centro de interpretación del Coll d’Estenalles. Subimos por pista de cemento hasta la bifurcación de la subida al Montcau (que dejamos para otro día), la pista acaba al llegar al coll d’Eres, aquí el camino se transforma en un sendero que nos lleva al encinar.

Al entrar en el encinar y empezar a avanzar entre la arboleda por el húmedo y blandito camino de tierra empecé a notar cierta necesidad…  las miles de terminaciones nerviosas de mis pies me estaban rogando sentir y disfrutar ese suelo. A los pocos pasos me sentí incapaz de seguir desoyendo esa llamada y me quité las Fivefingers. Madre mía qué sensación caminar con los pies desnudos y sentir el camino… es tanto lo que nos perdemos al caminar con calzado y se enriquece tantísimo el senderismo al liberar los pies…

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Caminando descalza bajo el encinar

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Pisar un charco con los pies desnudos y seguir caminando… placer homínido

Fuimos subiendo poco a poco hasta el Collet dels Tres Termes y seguimos recto por una zona más despejada en donde el camino ya no es tan blandito y hubo que avanzar de nuevo con suelas. Poco a poco y con paciencia, que mis pies aún están muy verdes. Bajamos por un tramo pedregoso hasta entrar de nuevo en el encinar, caracterizado por su agradable sendero de tierra. En la bajada tuvimos que detenernos un rato para dejar pasar a una recua de mozuelos de instituto que subía ya de vuelta… pedazo de excursión chula para ellos, muchos apenas la apreciarán pero seguro que alguno habrá que se enamore de la montaña y de la naturaleza gracias a ella.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Entre encina y encinar, el camino es algo más difícil para el pie desnudo

Alcanzamos la carena de Sescorts y nos dirigimos por un tramo más pedregoso hacia el Morral del Drac (una chulada de rocote al que nos desviamos para hacer alguna fotillo).

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Con el Morral del Drac de fondo

El camino sigue por sendero hasta un pequeño collado y llega a una canal, en donde se conserva un un antiguo empedrado que asciende por una chulísima zona encajonda llena de rincones de cuento.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Sendero con algo más de pendiente

Al salir, seguimos hasta un pradito que subía con pendiente moderada hasta el monasterio de Sant Llorenç de Munt, donde merece la pena detenerse un buen rato para disfrutar de las vistas y de la fantástica arquitectura del edificio.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Últimos pasos hacia el monasterio

Tras darle la vuelta al monasterio y afotarlo bien, buscamos un rincón alejado del camino en el que comer y descansar antes de iniciar la vuelta por el mismo sitio.

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Foto a traición XD

Nos tomamos la vuelta con toda la calma que pudimos, para disfrutar del camino (yo fui alternando entre ir calzada y descalzada, según el terreno) y dado que a esas horas nos cruzábamos con pocos senderistas, los perros también gozaron de un poquito más de libertad.

En resumen, una ruta fantástica, sin dificultad y si te gusta la paz de la montaña y la soledad por sus caminos, para hacer entre semana y en “temporada baja” (que por lo visto al ser tan accesible está siempre muy concurrida). Y si te estás empezando a liberar los pies o te animas a probar, sin duda, una ruta fantástica en esta época para ir haciendo tus pinitos descalcistas 😉

Montcau Sant Llorenç de Munt La Mola Fivefingers Minimalista descalcista

Montcau, nos quedas pendiente nos veremos las caras 😉

Por qué no le recomiendo usar la miel para endulzar el yogur a mi madre

abejas almendro flor miel paleo polinización

Abejitas en un almendro en flor 🙂

¿Por qué, si dicen que la miel es más sana que el azúcar? ¿No se supone que es “natural y saludable” porque la hacen las abejitas con las flores del campo y tiene muchas bondades? Pues sí y no, ni tanto ni tan calvo. Contaré aquí lo que sé de la miel porque se lo quería explicar a mi madre (bueno en realidad le quería pasar un enlace a una entrada mucho mejor que la mía que enlazo al final y recomiendo leer), pero pienso que muchas otras personas (entre las que puedes estar tú que me lees y que me importas) tienen un concepto de la miel un tanto alejado de la realidad y quizá comprender mejor la cuestión te ayude a tomar buenas decisiones en el futuro al respecto de tu alimentación.

La miel es un endulzante porque es prácticamente puro azúcar: fructosa y glucosa son sus componentes principales (tres cuartas partes). La diferencia entre el azúcar de mesa y la miel, en cuanto a su composición en azúcares, es simplemente que en éste último glucosa y fructosa se encuentra unidos por un enlace pasando a llamarse sacarosa.

La miel es natural porque el ser humano la puede encontrar tal cual en la naturaleza gracias a que la elaboran las abejas (no obstante, no dejaría de ser un “ingrediente culinario procesado“, aunque en este caso este procesamiento lo llevan a cabo estas pequeñas amigas en peligro de extinción). ¿Es natural la que encontramos en las estanterías del supermercado? Pues como todo, depende del proceso de extracción y de lo que se le añade o retira a dicha miel antes de meterla en el tarro. La gran mayor parte de las que encontramos en el super o no son miel sensu estricto o están demasiado procesadas como para considerarlas naturales. Y en cualquier caso, que sea natural no significa que sea mejor.

Parece que en cuanto a niveles de glucosa e insulina en sangre, el cuerpo responde igual ante la ingesta de azúcar de mesa, jarabe de glucosa y fructosa o miel. No hay apenas diferencia.  ¿Entonces por qué dicen que la miel es más sana que el azúcar? Porque contiene componentes que no tiene el azúcar de mesa: minerales, alguna vitamina y compuestos fenólicos y aromáticos. Pero ojo, estos componentes los presenta en en cantidades MÍNIMAS. Una cucharada de miel no proporciona suficiente cantidad de estos compuestos como para justificar su uso teniendo en cuenta su impacto en la glucemia y la insulinemia. Nutricionalmente no difiere apenas del azúcar y por tanto, aunque no puede considerarse una “fuente de calorías vacía” es una “fuente de calorías prácticamente vacía”.

¿Entonces, es saludable? Pues no mucho más que el azúcar de mesa, que sólo es ligeramente peor. Y es que en realidad no hay ningún endulzante saludable, lo realmente saludable es no endulzar nada. Tenemos el sentido del gusto atrofiado por tanto azúcar añadido y por endulzar aún más alimentos que de por sí ya contienen azúcares, que no somos capaces de detectar porque nuestro umbral de detección es muy alto.

Pues muy mal, joder, es como si no notáramos el olor a gas hasta que nos empezara a faltar oxígeno o no notáramos el calor de una llama hasta que nos estuviéramos quemando…. como no notamos el sabor dulce tomamos de más hasta causarnos barbaridades metabólicas y damos lugar a almacenar grasa que no necesitamos y nos perjudica. Es una comparación exagerada, soy consciente, lo primero y lo segundo son causas de muerte prematura inmediatas, a corto plazo. Lo tercero conlleva un empeoramiento de la salud y de la calidad de vida que puede conducir a una muerte prematura a largo plazo…(incrementa el riesgo de padecer otras enfermedades como el cáncer o la diabetes) o a una vejez muy mala, que podría haber sido mucho más placentera y desprovista de malestar y padecimiento.

En mi experiencia personal y la de muchas otras personas, al reducir hasta eliminar por completo el uso de endulzantes en la dieta (poco a poco, sin prisa pero sin tregua, hasta el objetivo: 0 endulzantes), el sentido del gusto recupera el umbral original para el dulce y se detecta en alimentos e infusiones que antes requerían endulzarse para que “supieran a algo”. El cerebro empieza a captar sabores que antes no captaba y todo te satisface en su justa medida (si te satisface de más, ya te digo yo que no es saludable :P).

Esta es la entrada de Óscar Picazo que quería pasarle a mi madre para que leyera y que ha dado pie a la mía. Espero despertar tu interés y que sigas informándote sobre las bondades de recuperar tu sentido del gusto y mejorar tu salud eliminando cualquier tipo de endulzante añadido a los alimentos que consumes. Yo lo he conseguido y soy más feliz ¡igual tú también, no lo descartes! 🙂

Nota: si quieres saber más sobre nuestra alimentación (actualización 2017) cotillea un poco por aquí 😉

Ruta con nieve y Fivefingers: Santuari de Corberà – Roc d’Orò – La Torreta

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Desde el retrovisor del coche, estampa aventurera

Track que seguíamos: https://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2348232

Con la llegada de los fríos invernales, fue difícil decidir hacia dónde orientar nuestra siguiente ruta, ya que, por un lado, queríamos aprovechar para disfrutar de la nieve no fuera a ser que no tuviésemos más oportunidades este año, y por otro, nos arriesgábamos a encontrarnos con unas condiciones tan adversas que nos impidieran disfrutar del día. Al final, salimos a la aventura en dirección al Berguedà sin saber lo que nos íbamos a encontrar, si nos sonreía la fortuna quizá un poquito de nieve, si no, algo mucho peor…

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Procesionaria del pino (Imagen: Wikipedia)

En estas fechas este pequeño engendro está en todo lo suyo y nos temíamos que en vez de bellos copos de nieve, lo que amenazara con caernos mientras hacíamos la ruta fueran los nidos de nuestras archienemigas (archienemigas de nuestros peludos, se entiende… aunque si he de ser sincera, pese a nuestra formación y amor por todo lo vivo, este ser no se encuentra entre nuestros preferidos…).

Al llegar a Berga y dirigirnos a los Rasos de Peguera por la carretera ya vamos viendo lo que hay: blanco en los pinos y en el suelo, afortunadamente poca cosa de ambos.

Mirador Desde la carretera a rasos de peguera

Vistas desde la carretera de Berga a los Rasos de Peguera

Ya en el Santuario de Corberà, punto de inicio y fin de la ruta, la cosa parecía estar clara: nidos en los árboles aún sin visos de caer, nieve en las voreras y rincones apartados, sol y día frío pero bastante apacible. Teníamos un par de horas hasta que empezaran a caer las temperaturas (en negativo, se entiende, porque estábamos a sólo tres grados), así que decidimos hacer la ruta en plan minimalista con las Fivefingers Trek Ascent y las Spyridon (y las botas de montaña en la mochila y algo de ropa por lo que pudiéramos encontrar a más altitud).

Santuari de Corberà

Santuari de Corberà

fivefingers trek ascent nieve

Las Fivefingers Trek Ascent en la nieve

Según avanzábamos el ratio de blanco suelo/árboles cambiaba para nuestro regocijo, había cada vez más nieve en el suelo y menos nidos en las copas. No obstante, esto y el aumento de la nubosidad y viento, nos hizo plantearnos la ruta de otra manera: se intentaría hacerla tal cual (circular) pero si no lo veíamos claro, nos dábamos la vuelta en el momento que fuera.

Fivefinger trek ascent nieve

¡Qué gustito romper y hundir los pies en la nieve!

Como el tiempo no empeoraba (ya no hacía sol todo el rato pero el viento no era continuo y no parecía que fuera a caer nieve) nos dirigimos hacia la base de las paredes que íbamos a tratar de superar.

Llegamos a la Font de Tagast, donde nos detuvimos un rato a hacer fotos y tras un par de carreras caninas proseguimos la ruta.

Al empezar a subir y aumentar la cobertura arbórea, el frío y la nieve empezaron a hacerse más patentes. Afortunadamente, la ruta deja la pista para tomar algunos “atajos” por senderos cuyo desnivel templaba el cuerpo y los ánimos, y fuimos avanzando contentas hasta llegar a la siguiente fuente: la Font d’Estela en el coll d’Estela, donde tendríamos que habernos desviado para subir al Cogulló d’Estela (otro día será, porque las condiciones no acompañaban). Desde aquí, nos dirigimos al Roc d’Orò, pasando por la Font del Porró y la de la Constància. De todas ellas brotaba un hilillo de agua helada (literalmente).

Fue una pasada disfrutar de esta parte del recorrido de la ruta salpicado por nieve sin que la misma nos dificultara el paso o nos hiciera incómodo el avance con calzado minimalista. Moló lo suyo.

Comprobamos que no había apenas nieve y hielo en el corto tramo de ascenso al Roc d’orò y nos atrevimos a subir (la cadena no es 100% necesaria, pero siempre viene bien, sobre todo de bajada) aunque una vez arriba no nos apeteció quedarnos a disfrutar de las vistas ya que el viento era fuerte y la parte canina del equipo, sobre todo el componente más pequeño, corría el riesgo de salir volando peña abajo. Así que foto y para abajo.

Aquí hacía un frío del carajo, pese al solete, pero decidimos continuar y llegar hasta las antenas en la Torreta, alcanzando así la máxima cota de la ruta. En un primer momento nos tiramos por un sendero marcado que se dirigía hacia allí pero Bruma se plantó y nos informó amablemente que el montañismo no era lo suyo y que, muy a su pesar, no le parecía bien seguirnos por ahí (una variante, que cresteaba entre rocas para trepar y llegar a la Torreta directamente desde el collado a los pies del Roc). Efectivamente, no era por ahí (aunque se puede subir y bajar con precaución), la ruta que llevábamos en el OruxMaps seguía bordeando la ladera cruzando la pedrera y ascendiendo suavemente por el lateral hasta llegar a un collado.

Lo alcanzamos con relativa facilidad, aunque en algún tramo se nos hundieron los pies en un palmo de nieve. Pero una vez arriba y a sólo unos metros de la cumbre, nos encontramos con esto:

Mar de hielo en el collado justo antes de la Torreta

Mar de hielo en el collado justo antes de la Torreta

Como la nieve no era reciente, se había helado y deshelado varias veces, convirtiéndose en una gruesa capa compacta que se extendía bastantes metros en todas direcciones. Los perros patinaron, alucinando y yo intenté ascender un tramo para calibrar cómo estaba el asunto, pero no había nada que hacer, la cosa estaba de crampones y eso ya eran palabras mayores. Además no sabíamos qué nos íbamos a encontrar en la otra ladera, mientras que por donde habíamos subido no había apenas nieve ni hielo. Así que la decisión estaba clara, la prudencia se impuso y volvimos por donde habíamos venido.

El Cogulló desde el collado

El Cogulló desde el collado

Mientras volvíamos le comentaba a Sara que entendía (aunque no comparto) su frustración por no poder hacer la ruta tal como habíamos planificado, pero que por otro lado, me gustaba que la montaña me venciera y me hiciera sentir humilde. Quizá unos diez años atrás, la inconsciencia y la intrepidez me habrían llevado a vivir más a tope mis experiencias, a correr aventuras más alucinantes… pero actualmente, soy lo que soy… y me cuesta arriesgar la integridad de la mejor herramienta que dispongo para alcanzar bienestar y disfrutar de la vida: mi cuerpo. Me cuido tanto de él como de mi otra herramienta principal (la mente) cuya relación, integración y dependencia de/con la primera cada vez entiendo mejor. 

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La vuelta fue sencilla y amena (no hizo falta seguir el GPS, ya que podíamos contar con nuestra memoria y donde esta fallaba, estaban nuestras huellas ¡muy guay seguir nuestro propio rastro jajaja!).

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Nuestro rastro en la nieve

Y aunque era tarde y habíamos considerado comer en la zona de la Font de Tagast o en Can Déu (la casita la rural de más abajo donde nos llevaban esperando desde el mediodía con los Calçots preparados, guiño, guiño), decidimos seguir hasta el coche haciendo alguna pequeña variación del recorrido en la bajada, y así comer calentitos porque entre el frío que hacía, que ya no daba nada el sol y el bajón que da después de comer, más nos valía estar a resguardo.

Efectivamente, la temperatura había caído hasta los -2ºC y no eran ni las cuatro de la tarde, así que, tras el breve receso para nutrir al cuerpo y con los pies secos y calentitos (las five y los calcetines estaban empapadas, así que las botas y calcetines gordos que había paseado toda la ruta vinieron de lujo), iniciamos el retorno a casa.

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No se aprecia pero estoy a dos carrillos 😛

Como íbamos a llegar prontito a casa, decidí que haría mi ECD antes de cenar y así lo hice, nada más llegar, antes de ducharme. Craso error…

Nota: es mi rutina de Ejercicios de Calistenia Difíciles, un entreno rápido de: 10xBarbwire Pushup 10xCondensed Pushup 10xDeep Pushup 10xDiamond Kiss Pushup 10x  Frog Pushup 20xHindu Squat 10x Crazy Lunge  10x “Caída de torre” 20xBear Squat

Someter al cuerpo a determinados niveles de estrés es beneficioso porque éste responde adaptándose y fortaleciéndose (o volviéndose antifrágil), pero hay un punto más allá del cual (tanto por intensidad del agente estresante concreto como por suma de diferentes agentes estresantes) ya no hay beneficio, sino perjuicio. “Si te pasas, te lo pierdes” y yo me pasé.

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Hormesis: la dosis hace al veneno 😛

Madrugar (más de lo habitual)+Primer día de la menstruación (pérdida de sangre afortunadamente no habitual)+Actividad física de baja intensidad en ayunas (esto sí es habitual)+Exposición al frío y humedad intensa (más frío y tiempo de lo habitual)+Ingesta copiosa (mayor de la habitual)+Actividad física de intensidad media haciendo la digestión (habitual pero con una digestión menos exigente)… PUF Nivel de estrés tolerable sobrepasado y consecuencias inmediatas: agotamiento físico, bajada de defensas y microorganismos ganando la batalla en forma de catarro.

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No todo iban a ser fotos estupendas, esta es mi cara de hecha polvo

Ahora no queda otra que retirar por completo cualquier agente estresante que esté en mi mano retirar, primar el descanso y dejar que el cuerpo haga lo que “nadie” mejor que él sabe hacer: defenderse y recuperar el equilibrio. Son muchos miles de años haciendo su trabajo y perfeccionando su habilidad, aunque nos hayamos estado empeñando los últimos miles en ponerle la zancadilla… sigue siendo “el mejor” cumpliendo su cometido. ¡Vamos que tú puedes! ¡Make it quick que sabes que me cuesta estarme quieta! 😛

PD: A fecha de hoy hace una semana de esta ruta y afortunadamente ya estoy casi recuperada del catarro (no me he estado tan quieta como debería, me temo, pero me he portado muy bien y me he esforzado en ayudar a mi sistema inmune a través de la dieta).

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Rutina matinal antes del café

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Ya está, se acabó el descanso y toca volver, otra vez a lo mismo. Vamos, no dejes pasar ni un minuto más, la evitación sólo retrasa el inevitable momento de salir de la cama y te resta minutos de vida y aún peor: aumenta el riesgo de que te vuelvas a dormir y acabes levantándote más tarde de lo que te habías propuesto. Tu quieres levantarte temprano. Es desagradable, lo sé, joder te comprendo… Salir de la cama es la primera gran batalla. Pero tú quieres levantarte al amanecer. No lo deseas… pero lo necesitas. Levantarte al amanecer es una necesidad biológica que tu cuerpo espera para funcionar correctamente, cumplir con la rutina es cumplir contigo misma.

Pero es que además, por más desagradable que sea, quieres hacerlo porque sabes que es lo correcto, porque madrugar, habiendo descansado suficiente, sólo puede traerte beneficios. Y empezar el día bien aumenta la probabilidad de éxito. Empezar el día bien es hacerte un favor que sólo tú puedes hacerte, un favor muy grande y muy valioso. Quiérete y protégete, que lo malo llega y te arruina el día si no estás preparada. Vamos, en pie y a comenzar con la rutina.

Ahí tienes tu amanecer, te lo has ganado. El cielo brilla y se viste de preciosos colores para ti y para todos aquellos que han librado la primera batalla y han salido (de la cama) victoriosos. Disfrútalo, es la celebración épica de tu primer triunfo del día. Lo petas, tía.

El mundo bosteza y va despertándose ahí afuera y tú tienes que espabilarte también, así que vamos, aléjate un poco de la ventana y a por la segunda rutina del día: hay que explicarle al cuerpo que se tiene que poner en marcha, que si no haces nada y no te mueves no se entera.

Estira bien los músculos y haz bien la técnica, no te relajes, no lo hagas a medias. Sólo tienes esta oportunidad el día de hoy y no cuesta tanto, te arrepentirás si no la aprovechas al máximo. Lo difícil es ponerse, hacerlo bien no exige tanto, sólo es un poquito de esfuerzo más… y a cambio tendrás mucha más satisfacción personal. Busca tu máximo y no te conformes con un mínimo pobre por comodidad y desgana. Hacerlo bien es otro favor para ti misma, quiérete joder, conformarte con menos es quererte poco y mal. Cumplir ya es un éxito, sí, estamos de acuerdo… pero buscar la mejora a través del esfuerzo es quererte. Duele, es incómodo, cansa… es duro… pero tiene recompensa. Nada nuevo, esta canción ya te la sabes. Lo has convertido en tu himno. Buscar la comodidad te vuelve débil, lo contrario fuerte (antifrágil). Venga, que ya lo tienes, persevera, sigue luchando. Es media hora sólo y luego te sentirás mejor. Tu cuerpo te agradecerá tus cuidados y miramientos. Y si no puedes hacerlo a tope hoy, no pasa nada, que lo harás mañana. Hazlo como puedas y sé comprensiva contigo misma. Eres humana, no te sobreexijas, que exigir de más puede agotar todos tus recursos si te descuidas… y así no vamos. Hay que avanzar con firmeza no ir a rastras. Date el respiro que consideres, sin remordimientos. Otro día más y mejor.

Ya está. Rutina acabada y tienes todos tus músculos, ligamentos y articulaciones preparados para funcionar al unísono y permitirte hacer lo que les quieras pedir. Ahora pídeles, no les defraudes. Tú les has llamado, tú les has pedido que se activen y se preparen para ser usados. ¡Pues úsalos! ¡Muévete! Sal ahí fuera y haz saber al mundo de tu existencia. Sal de la cueva y enfréntate al frío y al resto de inclemencias del exterior. Va, que aún tienes que cumplir con esta otra rutina antes de permitirte relajarte y arrellanarte cómodamente en tu sofá con una taza de café calentito en las manos, así que venga, cuanto antes salgas, antes llegará el momento.

Última rutina de la mañana: un paseo rápido para terminar de espabilar al cuerpo. Y ni se te ocurra coger el ascensor… ¡usa esas piernas a la ida y a la vuelta que están más que dispuestas y con ganas de guerra!

Esta entrada nace en realidad porque me apetecía escribirme un speech de motivación como sugieren en Entrena como un héroe en su entrada Hoy empieza tu vida: cómo empezar el día con motivación. Al final más que un discurso motivador, a mí me ha salido algo más parecido a una descripción de mi recientemente estrenada “Morning Routine Before Coffee” (así la anoto en la agenda cuando cumplo con ella), un hábito que me he propuesto adquirir este año y llevo cumpliendo casi a rajatabla desde el 1 de Enero.

Hacerlo un “Propósito de año nuevo” no es más que una excusa que he usado para poner en marcha la adquisición de un hábito sano que quería que formara parte de mi forma de vida de forma consistente. Las oportunidades hay que usarlas y esta estaba en mi mano. Puede ser una costumbre estúpida por mil motivos y que eso te genere rechazo… pero lo realmente estúpido es no aprovechar una oportunidad que puede conducirte a una mejora personal y un mayor bienestar porque te lo impide el rechazo y los prejuicios.

Moralinas mías a parte, espero que os haya gustado mi speech personal (aún no sé si me lo grabaré o no para escucharlo por las mañanas, la verdad…) y os recomiendo visitar la entrada que os he enlazado arriba y escuchar el discurso de ejemplo que comparten, se lo han currado mucho y creo que puede ser fuente de reflexión y potencial mejora personal para quienes se acerquen por primera vez a ciertas ideas y conceptos que contiene y también será del agrado de quienes, como yo, disfrutemos reencontrándonos con ellas con frecuencia y en diferentes formatos.

Lidiando con la insatisfacción vital

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Claramente desnortada

Me encuentro un tanto desnortada últimamente. Siento que voy un poco tambaleándome, avanzando sin ton ni son y algo “aturullada” por dentro. No estoy siendo nada “productiva” en esto de vivir y tengo la sensación de que no aprovecho lo suficiente el privilegio de la existencia. Vamos que siento insatisfacción vital.

Esta sensación es una potente señal y ante ella creo que todos reaccionamos con la misma urgencia: “necesito cambios en mi vida”.

Hay quien se siente tan atrapado en una vida insípida que rompe con todo y comienza de nuevo, en otro lugar, con otra ocupación, con diferente compañía… No me cabe duda que este método es útil para remediar la insatisfacción vital y funciona… pero sólo a corto plazo. Cambiar las circunstancias externas (nuevo trabajo, nuevo hogar, nuevas compañías…) suele solucionar el problema durante un tiempo… hasta que se pasa la novedad, te habitúas y otra vez caes en la insatisfacción. Y vuelves a necesitar introducir cambios en tu vida (coche nuevo, un hijo, una mascota…) o a romper con todo otra vez y “cambiar de aires”. Hay quien se pasa la vida dando tumbos buscando unas condiciones externas ideales en las que ser feliz y sentirse satisfecho.

Hasta el momento, nunca ha sido ese mi ideal de modo de vida. No me interesa. Me atrae más la estabilidad e invertir más sabiamente mi tiempo, mi energía vital y mis recursos personales.

Pero por otro lado, creo que es importante no desatender las señales y fluir. Es algo que he aprendido por experiencia personal y ajena: estancarse, obviar u esconder las propias necesidades insatisfechas y seguir adelante sintiéndonos “atrapado/as” en la forma de vida que llevamos sólo conduce al caos, interno y externo. Es insostenible.

¿Y entonces qué? Te preguntarás. Si la insatisfacción vital es una señal que no conviene desatender y ésta nos reclama cambios, pero cambiar nuestra realidad externa sólo es una solución temporal, poco rentable, que nos devolverá al mismo punto más tarde o más temprano… ¿qué cambiamos entonces? Pues la realidad interna, ni más ni menos.

Yo me declaro estoica. La solución no es cambiar las circunstancias externas para encontrar aquellas ideales en las que nos sintamos satisfechos y felices. La solución es cambiar uno/a mismo/a para ser capaz de sentirse satisfecho y feliz en cualquier situación o circunstancia. No me refiero a resignarse, ni a estancarse y aguantarse con lo que hay… (¡eso no es fluir!), sino a cambiar por dentro para lograr independencia de lo externo, para estar bien por dentro pase lo que pase por fuera.

A mi entender, esta es la solución más rentable y útil para atender a la llamada de la insatisfacción vital sin caer en la pescadilla que se muerde la cola de romper con todo y empezar de nuevo.

Así, tras reflexionar un poco al respecto de mi insatisfacción, encuentro que posiblemente me ayude concentrarme en:

1. Disfrutar más y aprovechar mejor lo que tengo.

– Buscar activamente y explotar el bienestar que me pueden proporcionar los recursos de los que dispongo en mayor grado (aprovechar más los beneficios potenciales de lo que tengo) pero sin apegarme a ello (sin sentir miedo a perderlo o a dejar de contar con ello).

2. Eliminar limitaciones internas y librarme de cargas innecesarias que me impiden disfrutar/aprovechar lo que tengo.

– Redoblar esfuerzos para no caer en distorsiones cognitivas atendiendo al máximo a la razón y la lógica.

– Desresponsabilizarme y despreocuparme para poder disfrutar de dichos beneficios y del bienestar que pueden proveerme los recursos de los que dispongo, sin caer en la desconexión emocional, la falta de sensibilidad o la desvinculación hacia los demás.

3. Economizar fuerzas e invertirlas sabiamente, evitando errores y pasos en falso.

– No actuar por inercia (sin un fin que realmente justifique mis actos), reflexionar bien antes de hacer nada y guiarme ante todo por la prudencia, la simplicidad y la practicidad.

Hasta aquí llego por ahora, esta es la hoja de ruta que me he diseñado, de momento, para avanzar hacia una mayor satisfacción vital.

Ahora viene la parte difícil… llevarlo a la práctica. De momento tengo algunas ideas, voy a intentar:

– Empatizar sin simpatizar.

– Mostrar comprensión y solidaridad sin implicarme más de lo que entienda conveniente.

– Ser de ayuda (o como mínimo no estorbar ni poner dificultades) centrándome lo máximo posible en el presente y el tiempo más inmediato.

– Desatribuirme responsabilidades autoimpuestas o impuestas externamente que no me compensan.

– Disminuir mi grado de control, vigilancia y alerta al respecto de todo aquello que no sea vital.

– Potenciar mi espontaneidad en ciertos ámbitos.

– Querer incondicionalmente.

– Valorar y ser más consciente de las bondades/recursos que tengo y disfruto a la vez que reduzco la relevancia de lo negativo y/o las ausencias.

– Ser más activa (y creativa) usando los recursos de bienestar de los que dispongo.

– No hablar de más (o hablar por hablar), no decir cosas de las que me pueda arrepentir sin un buen motivo (a poder ser altruista).

– No complicar las situaciones con acciones irreflexivas.

– Si he de actuar, preferir siempre la opción más simple y/o práctica.

(…) Pendiente de revisión y ampliación.

Son bienvenidas y agradeceré tanto propuestas y sugerencias como opiniones y experiencias personales ¡tú que me lees eres un recurso de la hostia que seguro que podría explotar más y mejor! 😛

Ruta circular Valles del Ara, Ordiso y Otal – Pirineo Aragonés

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Dificultad: Media-Alta, por duración y desnivel. No hay pasos complicados aunque parte transcurre fuera de sendero o con éste muy degradado.

Distancia: Aprox. 20 km

Desnivel acumulado: 950 m

Tiempo: Aprox. 7 horas en movimiento

Track: Con variaciones http://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4814524

Amanecer en mitad del valle de Bujaruelo y echar a andar con todo el día por delante en la montaña hizo que, automáticamente, casi olvidásemos lo duro que había sido establecer el campo base en el camping del refugio (algunos detalles chungos sobre el camping de San Nicolás de Bujaruelo en próximas entregas).

Para nuestro primer día habíamos planificado la ruta más larga de todo el viaje, para cogerla con más fuerzas y tener días de sobra para recuperarnos de cara a la otra ruta más dura del viaje (el valle de Ordesa). Una circular de unos 20 km que, partiendo del mismo refugio, nos permitiría adentrarnos hacia la cabecera del rio Ara y visitar los tranquilos valles cercanos de Ordiso y Otal.

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La “playa” de San Nicolás de Bujaruelo, solitaria y tranquila en la fresca mañana

Salimos del refugio de Bujaruelo cuando los primeros rayos de sol entraban en el valle (a eso de las diez de la mañana). Cruzando el puente de San Nicolás, cogimos el GR11 en dirección a Ordiso y los baños de Panticosa. La primera parte de la ruta transcurre por los prados y bosques junto al río Ara, pudiendo hacerse por el margen derecho (sendero) o izquierdo (pista), ya que ambos se van a unir en el puente de Ocins, antes de que el Ara se estreche entre paredes de roca.

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Dispuestos a darlo todo

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Poza increíblemente apetitosa en el puente de Oncins

Con pena nos separamos de la maravillosa poza pensando en volver si teníamos tiempo en los próximos días para darnos un baño (no llevábamos ni una hora de camino y quedaban muchos kilómetros por delante) y empezamos la subida hacia el puente de Ordiso y la cabecera del Ara. La pista sube sin tregua entre el abetal para llevarnos a un estupendo mirador sobre los valles de Otal y Bujaruelo, que alcanzamos en unos quince minutos. A mitad de la misma encontramos el desvío hacia el puente colgante de Burguil, donde se escuchaba  mucho alboroto de gente bañándose o iniciando el descenso del río, así que decidimos no bajar.

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Valle de Bujaruelo con el Mondarruego al fondo

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Valle de Otal con la sierra de Turbión y el pico Otal al fondo

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Uno de los puntos más bonitos de todo el viaje. Empezamos fuerte

Tras un buen rato llaneando, el valle se vuelve a abrir para dar paso a la parte alta del Ara y la confluencia con el valle de Ordiso. Este es un lugar bucólico, muy fácil de alcanzar, y encontramos varios grupos de gente disfrutando de los remansos del río.

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Entrada al valle de Ordiso

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Valle de la cabecera del Ara, con el Vignemale al fondo

Hasta aquí la ruta había sido maravillosa, pero obviamente no podíamos conformarnos con sólo esto, así que nos adentramos en el valle de Ordiso, todo el rato por encima de los 1600 metros. A partir de aquí abandonamos todo sendero señalizado, así que tuvimos que empezar a consultar el track para saber qué sendero teníamos que coger, ya que el valle es mucho más cerrado de lo que parece, esta lleno de senderos de la gente que pasea por allí y sobre todo de las vacas, y es un poco confuso.

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Adentrándonos en el solitario valle de Ordiso

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Pose chachi en el punto donde vimos nuestra primera marmota ^^

No es un camino muy frecuentado y está bastante invadido por la vegetación y el barro y otros tipos de productos naturales del campo (mierda de vaca, por si alguien no lo pilla). Después de una hora de andar hacia el circo a pleno solete, en una vegetación cada vez más alpina y viendo como tristemente el río dejaba de llevar agua, llegamos al circo de Ordiso.

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La alta montaña en Septiembre, señores, más vale esto que la nieve

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Circo de Ordiso, imponente pero sequito

En este  punto debíamos abandonar el sendero (que nos habría llevado a los pequeños ibones de Ordiso pasando junto a una espectacular cueva), cruzar el río y comenzar a remontar por la ladera sur del valle hasta alcanzar el collado de Ordiso, que divide los dos valles a 2200 metros de altitud. Una gran cantidad de vacas y terneros reposaban al sol justo en la zona más indicada para comenzar la ascensión,  siguiendo el track. Como es lógico, las rodeamos para no asustarlas, ya que habitualmente reaccionan con bastante más desconfianza hacia los perros que hacia las personas, de manera que acometimos la agreste ladera un poco más hacia el sur de lo indicado, y nuestra deriva entre trochas de vaca no hizo si no alejarnos aún más de la ruta indicada.

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Eso sí, las vistas mu bonitas

A los quince minutos o así de caminar campo a través por la ladera pinchuda, nos detuvimos en la última (y única) sombra de una roca (aproximadamente a la una y media del mediodía), el sol pegaba con rabia y se nos acababa el agua. La grandísima cantidad de ganado y sus desechos nos hizo desistir de coger agua en la parte alta del circo, ni siquiera haciendo uso de las pastillas potabilizadoras.

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La sombra única

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Imágenes que no reflejan la dura realidad

Nos quedaba un buen rato de subida dura y probablemente otro equivalente de bajada, también expuesta al sol, es decir, sin poder parar a comer y descansar, pero pensamos que iba a ser mucho peor tener que hacerlo a las tres de la tarde y haciendo la digestión, así que continuamos la ascensión.

La subida fue penosa y muy larga, interminable. Quizá si no nos hubiésemos desviado del track habríamos ido más directas y por sitios un poco menos incómodos de andar, pero aunque intentamos corregir el rumbo, sólo nos encontramos con algo que parecía pisado por personas casi llegando al final. Los múltiples caminitos de vacas no hacían si no despistarnos en nuestra ascensión, no sabiendo si decidirnos por la agotadora subida entre las rocas del barranquillo que intentábamos seguir, o la cansina ladera de roca y pinchos por la que parecíamos no avanzar, teniendo que escoger sabiamente donde poner nuestros desprotegidos pies para no colarlos en un hoyo traicionero. Y un calor…

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Y, cuando parece que ya has llegado, aún queda otro tanto

No fue muy divertido, pero no fue tan malo como para que, una vez llegamos al collado a 2230 metros, bordeamos más vacas y disfrutamos de las vistas, no nos diera el pequeño subidón por la proeza realizada y se nos pasara bastante el cansancio y el mal humor. Optamos por no subir hasta el pico Ordiso, aunque quedaba a unos metros, por la imposibilidad de descansar por allí.

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Estas echaron a andar y chino chano se plantaron en el fin del mundo

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Como digo, de relativo buen humor

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Muy lejos, muy alto, y nada atractivo: el mítico Vignemale

Entonces comenzó la bajada hacia el valle de Otal, que se veía muy muy lejos y, tal y como esperábamos, con una total ausencia de resguardo hasta muchos metros más abajo. Para hacer la bajada, contaba con varias opciones procedentes de diversos tracks, pero consideré que, aunque fuera más larga, seguir el sendero “oficial” de gran recorrido nos resultaría más sencillo y menos arriesgado y cansado. Así que, descendiendo levemente, nos dirigimos hacia la cabecera del valle, equivocándonos nada más empezar por culpa de otro sendero de vaca, que son mucho más evidentes que los de personas…

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Paisaje un poco desolador con el circo de Otal y la sierra Tendeñera al fondo

Una vez corregimos y nos encontramos con las primeras indicaciones del GR, fui comprobando el track cada pocos minutos, pero Estefa, que iba con el turbo para intentar llegar a una sombra lo antes posible, más que nada por los perros que empezaban a venirse abajo, me sacó bastante delantera. Puñetera casualidad que, justo en un punto donde debíamos girar de nuevo hacia la cabecera del valle para descender por otro lado, había unas 15 vacas con varios terneros justo en mitad del camino. En varios puntos del camino, de hecho. Estefa me manifestó que tenía que rodearlas porque una de las vacas estaba haciendo muestras bastante evidentes de agresividad, y yo le intenté trasmitir que lo hiciera, pero que luego tenía que girar a la derecha  y bajar porque el sendero giraba e iba por abajo. No me entendió. Cuando yo también conseguí pasar la amenaza vaca, comprobé con horror que había seguido caminando por un sendero (de vaca) en la misma dirección hacia la salida del valle (pero muchos muchos metros ladera arriba, apenas habíamos bajado del collado en realidad) y estaba ya muy lejos. Cuando la conseguí alcanzar, evidentemente hubo bronca por ambas partes (os ahorraré los embarazosos detalles y otros pormenores de nuestra relación personal) y decidimos dar la vuelta para retomar el sendero correcto. Podríamos habernos despeñado por la ladera como en este track, pero no estaba segura de dónde estábamos y yo no quise arriesgarme a encontrar alguna complicación insalvable y que fuera mucho peor en tiempo y dificultad.

En fin, muy malhumoradas y sofocadas volvimos con las vacas y, con dificultades y barro, las rodeamos, ahora por abajo. El sendero no era fácil de encontrar ni de seguir, no hay apenas marcas y está degradadísimo por las pisadas de los animales, el barro y la vegetación. Es comprensible toda nuestra confusión y desde luego, la considero una experiencia poco recomendable, al menos en esta época del año. Varios zigzags más después y, tras sortear algún otro grupo de vacas más y varios barrizales (o al menos esperas que sea barro eso blando y mojado en lo que, bajo los pastos secos, estás hundiendo el pie), llegamos a la pista en el valle de Otal, junto a la cabaña de la Paul. Habíamos tardado más de dos horas en bajar, sin comer, sin beber, y a pleno sol, y ni siquiera en la cabaña había una sombra en la que cobijarse.

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Muchos muchos pasos después

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Siempre me ha parecido que esta foto es un reflejo de nuestras almas cuando alcanzamos la pista

El río apenas llevaba agua tan arriba, así que tampoco nos acercamos mucho. Echamos andar por la pista lo más rápido posible, con la lejana visión de los abetos en la entrada del valle en el bello Bujaruelo, que nunca debímos haber abandonado. No me cabe duda de que el valle de Otal, en su tónica bucólica y pastoril, debe ser muy bello y entrañable para los visitantes que vienen paseando, especialmente en primavera, pero lo cierto es que, al menos en la época del año que nos tocó, lo vivimos como un infierno de torridez, pasto seco y caca de vaca. Todo muy degradado y para nada merecedor del esfuerzo que habíamos hecho.

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Salvo quizá por este gran momento 😀

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Y Estefa jurando venganza a todas y cada una de las vacas que se le pusieron a tiro

A  eso de las cinco de la tarde llegamos al inicio del valle o collado de Otal, donde la pista cruza el rio sobre un pequeño puente, y alguien soltó las cosas y se fue al agua. Pero no tanto como yo. Fue un momento muy reparador y aunque no había agua para beber, el baño nos curó un poco de la deshidratación. A partir de este punto empezamos a adentrarnos en el bosque para bajar, a ratos por la pista y a ratos por el sendero, más empinado y pedregoso, hacia Bujaruelo, Y ya que estábamos, quisimos continuar hasta las orillas del Ara, para descansar en paz finalmente en un prado verde con aguas cristalinas.

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Valle de Bujaruelo desde Otal, foto complementaria a la de la mañana

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Cruzando el Ara

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Me morí y fui al puto cielo bajo la atenta y preocupada mirada de Hugh

Volvimos al camping refrescados y comidos (estábamos a 15 minutos) cuando se nos fue el sol (después de la insolación del día, el destemple que teníamos era épico). Agotaditos física y mentalmente, nos dimos una ducha calentita y purificadora y  nos retiramos a “cenar” o “seguir comiendo” y a dormir, esperando que las bellas imágenes del día fueran más fuertes que los momentos duros y las vacas no poblaran también nuestras pesadillas.

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Con las últimas luces del día sobre el Mondarruego, imagen que guardo muy mucho, me despido hasta que coja fuerzas para una nueva entrega de nuestras ya lejanas vacaciones.