Planificar tus vacaciones en la montaña (y no morir en el intento)

Seguimos luchando con denuedo contra la depresión post-vacacional, o mejor dicho, contra los nefastos efectos que podría llegar a tener de no ser por nuestros esfuerzos. La llevamos con más o menos dignidad, intentando no renegar excesivamente del trabajo, pero aquí nadie está exento del bajón de energía y la apatía a la que nos lleva el “duelo” por la pérdida de ese ser amado que es el tiempo de ocio y de aventura. Sólo nos queda contemplarla como proceso natural que es y, en la medida que nos lo permita, ir recuperando e incluso mejorando los hábitos que mantienen a nuestros neurotransmisores más o menos equilibrados, hasta que se aleje definitivamente tan naturalmente como vino.

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Los perros tenían mucho que recuperar física y mentalmente, pero no me cabe duda de que la vuelta a la rutina les dejó en un estado igual de catatónico que a nosotras.

Quiero adelantar que esta entrada es un batiburrillo en el que se han mezclado ideas que quería haber comentado antes de irnos de vacaciones (pero no lo hice por falta de tiempo y porque no es demasiado prudente compartir públicamente que te vas de vacaciones), con algunos aspectos del viaje en sí que no tienen demasiada cabida dentro de los próximos post que tengo pensado escribir con la descripción de las rutas. Y, aunque haya quedado un poco extraño, no quería dejar de compartir estas cosillas, para la posteridad y por si le son de utilidad a alguien, Además, espero que escribirlo me ayude a vencer el bloqueo creativo al que me enfrento tras la vuelta a la rutina y a mi jornada laboral de 40+ horas :S

A principios de año, después de nuestras minivacaciones de febrero en Alicante, decidimos que este año aprovecharíamos para visitar los Pirineos, antes de que a la vida se le cruce devolvernos al árido y lejano sur. Teniendo como tenía toooodo el largo verano de trabajo para planificar el viaje, es fácil imaginar que no fue hasta casi agosto que me puse con ello (en mi defensa diré que no fue hasta agosto que supe las fechas definitivas de mis vacaciones…). Inicialmente queríamos pegarnos el viaje padre, pasar entre 10 y 12 días fuera, acampar en diferentes sitios y visitar varias zonas. Vamos, ver mucho para sentir que habíamos aprovechado nuestras “largas” vacaciones al máximo.

Nos enfrentamos así a la primera de las decisiones. Hasta primeros de agosto mi idea era pasar dos o tres días en el pirineo catalán (Aigüestortes, principalmente) y después movernos hacia Ordesa y Monte Perdido para pasar el resto de las vacaciones allí. Sin embargo, cuando me puse a mirar rutas para hacer, decidimos que nos iba a salir más a cuenta pasar todas las vacaciones y ver todo lo que queríamos ver en Huesca que gastar 3 días (entre viajes, montar campamento, etc…) para ver el Llac de Sant Maurici y poco más.  Al fin y al cabo lo tenemos más cerca y, aunque tenemos muchas ganas de ir y conocerlo, la masificación y mercantilización del sitio también nos tiran bastante para atrás.

Una vez decidido que iríamos solamente a Huesca y que nos íbamos a alojar en el camping de San Nicolás de Bujaruelo (porque ¿quién va a quedarse en un camping de cuatro estrellas a pie de pueblo y a media hora de todos los sitios que queríamos visitar pudiendo ir a acampar en mitad de la nada en el puto último sitio habitado de España…?) vino la segunda decisión chunga.

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Refugio y camping de Bujaruelo. Con sus más y sus menos, lo cierto es que se ha ganado un hueco muy especial en nuestro corasonsito.

Y es que cuando uno se pone a mirar rutas por pirineos y descubre ese vasto mundo de  GRs y travesías, y ve tantas personas que han estado en todas partes, y te parece que “gente normal” se lanza a hacer tresmiles y rutas de más de 30 km… es difícil no sentirse “mediocre” por hacer lo que hace todo el mundo. Es difícil no volverse loco y caer en la tentación de querer hacer más de lo que uno puede.

Y lo que nosotras podemos, pese al entrenamiento físico, estaba condicionado por 3 cosas:

1º Los perros: En el momento en que decidimos llevarlos (que es siempre mientras podamos y ellos estén bien), ellos son lo primero y en función de su estado debemos planificar todo lo que hacemos. Afortunadamente, aún son adultos jóvenes y están bien entrenados, pero habiendo tenido ya alguna mala experiencia por no contar con su desgaste, decidimos ser prudentes. Rutas de más de 20 km casi entran en la categoría de maltrato, especialmente si se acumulan varios días y empiezan a aparecer heridas en las almohadillas, así que intentamos evitarlas.  Por otro lado, aunque son mucho más fuertes y hábiles que nosotras para algunas cosas, no pueden trepar paredes (generalmente) o subir cadenas o escalas de mano, así que cualquier pequeña trepa o paso delicado nos puede hacer tachar una ruta de la lista, por más que nos duela.

2º El minimalismo: Aunque fuimos extremadamente previsoras y cargamos el coche con todo tipo de calzado, nuestra primera opción siempre fueron nuestras queridas Fivefingers. No se puede hacer ni aguantar lo mismo con zapatillas minimalistas que con botas amortiguadas con 3 cm de suela,  y esto no es nada de lo que avergonzarse, al contrario. No sólo nos sentimos más cómodas, más seguras y “sentimos” y valoramos más lo que estamos haciendo, si no que directamente nos parece inapropiado hacer algo que en teoría no seríamos capaces de poder hacer. Preferimos no “doparnos” con protecciones para poder llegar más lejos, cosa que por otro lado comprometería nuestra salud muscular y articular y no contribuye a nuestro desarrollo físico real. Pero esto requiere mucha reflexión y madurez, es difícil desestimar la envidia y ser capaz de gestionar ese puñetero “con lo que me esfuerzo no es justo que yo no pueda hacer tal…”.

3º Disfrutarlo: A lo largo de más de diez años de andar juntas hemos tenido que superar más de una ruta con mala planificación o exceso de optimismo que, si bien no podemos decir que fuera mal (no en vano aquí estamos), es cierto que en algunos momentos el sufrimiento (físico y/o mental) ha superado al disfrute. Hace tiempo que  no queremos llegar a ese punto ni de extenuación ni de estrés y por tanto, decidimos evitar también rutas de mucho más de 20 km por nosotras, así como contar con tiempo suficiente para la recuperación física que pudiéramos necesitar. De esta manera, hacer menos si hacía falta, pero hacerlo bien: sin dolor, sin lesiones y sin agobios.

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Tanto por ver y tan pocas vacaciones al año :_)

Con todo y con eso, la menda fue a dar con una travesía relativamente facilita de 40 km (20 km cada día) que me enamoró. Desde San Nicolás de Bujaruelo hasta el Circo de Gavarnie (Francia), con noche en Gavarnie, y vuelta por el valle de Canau y el Ibón de Bernatuara, aquí la dejo. La experiencia tenía suficientes dosis de epicidad como para compensar la pequeña decepción que sentía por tener que someter mis ansias montañeras a las consideraciones anteriores, ¡además íbamos estar en Francia! (me hacía ilusión ir con Estefa) así que, tras hablarlo largo y tendido y rebatir muchos de los contras que encontramos, decidimos que podíamos atrevernos a hacerla.

Y entonces, cuando ya iba a reservar hostal en Gavarnie para la noche indicada, de pura coña descubrí que en todo el Parc des Pyrénées francés no se admiten perros. Ni sueltos, ni atados, ni en pintura, prácticamente. Me quedé de piedra y durante los siguientes días estuve investigando más a fondo y leyendo experiencias de gente que cumplía e incumplía dicha norma. Por lo visto, hay cierta permisividad en algunas zonas y hay visitantes que directamente se la pasan por el forro, pero también personas a las han llamado la atención o no les han dejado pasar a determinados sitios (no encontré referencias a multas, al menos). Aunque no esperábamos tener problemas en las zonas más altas, el circo de Gavarnie es la principal atracción turística del parque y, sinceramente, la idea de comernos un marrón después de 18 km de andar o que no nos dejaran acercarnos a la cascada, como que no nos apetecía demasiado.

Y sí, podríamos habernos arriesgado, pero nos pesaba bastante añadir otro contra más a una actividad con la que ya estábamos saliendo de nuestra zona de confort, y la posibilidad de tener problemas chocaba fuertemente con la condición 3. Pero principalmente cambiamos de plan porque nos pareció indignante la normativa (perros atados vale, porque la gente es imbécil y les deja hacer lo que les da la gana, pero ¿prohibidos a lo largo de kilómetros y kilómetros de montaña como si el mundo fuera suyo para vetarlo a su antojo…?). Un poco bochornoso en nuestra opinión, la verdad. Así que nos fastidiamos un poquito, pero elegimos discriminarles de la misma manera que nos estaban discriminando a nosotras. Ellos verán lo que hacen.

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La cascada más alta de Europa tendrá que esperar a que Francia cambie de idea… o a que nosotras no tengamos perros (mejor que espere sentada)

Después de tantos contratiempos (que lo son para alguien tan negativo como yo), unidos a mucha saturación y presión por el trabajo, los ánimos estaban un poco por los suelos, y la última semana nos demandó más esfuerzo de gestión emocional que de planificación. Además de la gestión de la frustración y el mal rollo que se estaba adueñando de las vacaciones, en mi caso fue muy importante y creo que merece la pena la reflexión, el control de las expectativas. Tantos meses esperando el viaje, tantos planes y tantas ilusiones puestas son peligrosas cuando todo lo que quieres hacer no depende de ti y hay mil motivos por los que podrían venirse abajo. Hay que estar preparado para nuevos contratiempos y posibles planes frustrados, y mentalizarse para que, si suceden, ello no suponga disfrutar menos de las vacaciones.

La preparación fue con un poco de retraso por causas de trabajo pero muy minuciosa, lo que ocasionó que perdiéramos un día. Por otro lado, la llegada del mal tiempo y la necesidad de más días para estar con las familias nos hizo reconsiderar la duración del viaje. Finalmente, pasamos ocho días con sus siete noches en el entorno del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y alrededores, alojándonos en la zona de acampada del Refugio de Bujaruelo, del que hablaré posiblemente en otro post, que este ya se está extendiendo de más. Algunas de las rutas las iniciamos directamente desde allí y para otras tuvimos que andar moviendo el coche por pista y carreterillas, lo que nos hizo perder algo de tiempo en desplazamientos (si la planificación hubiera sido un poco menos deficiente y hubiéramos tenido más claro lo que íbamos a hacer cada día habría sido más lógico alojarnos mejor comunicadas para visitar el sector este y luego ya meternos en medio del valle, pero tampoco fue tan grave y pasamos buenos ratillos en el coche).

Afortunadamente, todo salió a pedir de boca. Tanto nosotras como los perros rendimos estupendamente y, pese a algunas dificultades, no tuvimos que lamentar ningún percance, por lo que podemos decir tranquilamente que exprimimos (teniendo en cuenta los condicionantes anteriores e incluso estirando un poquito de ellos) al máximo cada uno de los días que pasamos allí. La experiencia en general, como ya os iremos contado en detalle, ha sido sobresaliente, y no quería dejar de resaltar que ha sido así gracias a la preparación tanto física como mental, así como al aprendizaje y el autoconocimiento. Bueeeno, y un poquito de suerte también :).

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Aunque sabemos que estás deseando saber más y ver más fotos chorras, si te ha gustado (o no) este refrito de reflexiones, puedes dejarnos un mensaje aquí 😉

Ruta circular con pernocta en la Portella (Berga)

senderismo Berga amanecer sant miquel pista

Hace ya un par de semanas tuvimos la “suerte” (en parte suerte y en parte recompensa después de 15 días seguidos levantándome a las seis de la mañana para trabajar ocho horas) de librar dos días seguidos, coincidiendo con la noche de máxima actividad de las Perseidas.

Aunque ya habíamos planeado pasar al menos parte de la noche fuera (pero en las inmediaciones de Barcelona) para disfrutar de la lluvia de estrellas y, más que nada, para hacer algo diferente, al no tener que trabajar al día siguiente pudimos permitirnos planear un viaje y ruta más larga, por lo que decidimos ir a perdernos en el Berguedá de nuevo, repitiendo la ruta de abril pero esta vez con pernocta incluida.

Desde que estamos en Barcelona tenía la intención de comprar una tienda de campaña mini, ya que nuestra Family 4 seconds del Decathlon es amplia y muy cómoda pero es un muerto de transportar y un coñazo de poner y quitar (lo de 4 es por el número de ocupantes, no 4 segundos: los segundos que tardes en montarla dependen de muchas variables como tu habilidad para interpretar instrucciones de huevo kinder, la fuerza de tus triceps, la dureza del suelo, la distancia máxima a la que puedas separar los brazos, tus posibilidades de teleportación/omnipresencia, etc), por lo que no es la mejor opción para llevarla de camping para un par de noches y definitivamente, con más de un metro de diámetro plegada y 12,5 kg de peso, no es adecuada para travesías xD

Tienda Quechua Family 4.1 Seconds

Marzo de 2012. Fue una compra online un poco irreflexiva porque no nos dio por mirar cómo era de grande plegada y no nos cabe ni en el maletero del coche, pero ya que la compramos (y nadie la quiere) pues hay que ir gastándola.

Así que, después de considerarlo y desecharlo en varias ocasiones con anterioridad, con la excusa de esta actividad empezamos a buscar algo que pudiera dar alojamiento a dos personicas y un perro grande (Hugh la verdad es que no hace falta contarlo, aunque cuando se trata de dar coces para hacerse sitio es el amo), que fuera fácil de montar y discreto para pernoctas en zonas no habilitadas, y sobre todo ligero, para que no nos supusiera un gran sacrificio transportarla en ruta. Y todo ello sin gastarnos los 200 euros que valen las tiendas ultraligeras realmente buenas para travesía.

Finalmente nos decidimos por la Coleman Bedrock, tras leer varias revisiones en las que ensalzaban sus cualidades y confirmaban que, con algunos cambios, el peso total de la tienda era de unos 2 kg y poco. Extremadamente rápida de montar y desmontar, con una enorme puerta mosquitera y dos partes independientes, de manera que, según las condiciones climatológicas puedes optar por ponerla entera o sin doble techo y además, permite repartir el peso entre los dos ocupantes.

Al final la llevé yo entera, ya que en mi mochila cabía mejor, mientras que Estefa llevaba las colchonetas, un saco ligero por si los fríos prepirenaicos y el avituallamiento. La poca ropa de abrigo y el agua nos la repartimos. Yo calculo tirando por lo bajo que debía llevar unos 5kg de peso, Estefa un poco menos. Afortunadamente en agosto no hace falta mucha parafernalia para pasar la noche, de hecho no habríamos necesitado ni la tienda con unos buenos sacos, pero siempre se descansa mejor, tanto nosotras como los perros.

senderismo Berga sant quirze pedret

Primeros pasos, habitualmente estresantes

Llegamos al Pont de Pedret a las siete y algo de la tarde y aquello estaba hasta la bandera de familias y jóvenes remojando el culillo en las frescas aguas del Llobregat. Tras aparcar el coche lo mejor que pudimos, huimos cuesta arriba por las escaleras hacia Sant Quirze de Pedret, sólo unos metros más arriba. Fue cruzar el contador de vacas (siempre decimos ovejas pero la verdad es que de momento sólo hemos visto vacas) y el griterío y los chapuzones se desvanecieron en una paz absoluta amenizada por el tolón tolón de algún herbívoro que pastaba plácidamente en los campos.

senderismo Berga sant quirze atardecer

Atardeciendo en Sant Quirze Pedret

senderismo Berga sant quirze pista

Pista por el momento libre de procesionaria

Ponerse en ruta con la bella luz de los últimos rayos de sol es maravilloso, y la tranquilidad que se respira a esas horas en el salvaje bosquecillo de pino negro es indescriptible. La primera parte de la ruta era tan bonita y empinada como la recordábamos, una subida bien fuerte por un estrechísimo sendero que zigzaguea por el barranco y parece que en cualquier momento va a ser engullido por la vegetación , con el espacio justo para caminar, rodeados de boj y sorteando algunos troncos caídos.

senderismo Berga sendero salvaje

Hiding in the wods

Nuestro desempeño, no obstante, fue bastante mejor que la vez anterior, pese a la carga. Lo peor: la humedad. Una humedad pegajosa y asfixiante que hizo que en cinco minutos de subida llevásemos más agua en la ropa que la que llevaba la fuente de la Covil o Font Bona. La encontramos oscura y silenciosa casi al final de la subida: no guardaba esperanzas de que tuviera agua (después de todo en abril no era más que un goteo), pero al menos había hecho un charco guarro que hizo las delicias de nuestros Canis scrofa.

senderismo Berga campos covil

¿Y los perros O_o?

Con las últimas luces del día atravesamos los campos de la Covil (buen sitio para pasar la noche también, pero para esta ocasión necesitamos un enclave un poco más despejado) y cogimos la amplia pista que discurre por lo alto de la sierra. A unos 200 metros de la ermita y masía de San Miquel decidimos montar el campamento, en un pequeño llano bajo los pinos muy cerca de la pista y justo frente a un claro con unas vistas estupendas. Siempre con el constante cencerro lejano.

senderismo Berga atardecer

Anochece en Berga

senderismo Berga vivac

Nuestro refugio para homínidos

Antes de cenar convencí a Estefa de que me acompañara a hacer alguna foto y así pude hacer mis primeros experimentos con larga exposición. La meteorología no acompañaba mucho, pero todo momento es bueno para ir probando (menos mal que me dio por mirar esa misma mañana cómo configurar la cámara para ello, aún no había tenido ocasión).

senderismo Berga anochecer

senderismo Berga cielo nocturno 2

El cielo se cubrió ominosamente a eso de las diez y media de la noche, afortunadamente se despejó a los pocos minutos. Estuvimos un par de horas fuera, con no demasiado éxito en cuanto a estrellas fugaces (alguna vimos, pero con los pronósticos que habían dado la verdad es que esperábamos alguna más), hasta que decidimos meternos un rato en la tienda y salir más tarde. Como era de esperar, alguien dijo que a las dos y media de la madrugada iba a salir de la tienda el Perry. Los perros y yo, bastante agobiados, estuvimos un poco más de media hora fuera, ellos haciendo el gamba y comiendo caca de vaca, probablemente, y yo torciéndome el cuello… Vi un par de meteoritos chulos y muchas pequeñitas, pero nada tan espectacular como para que considerara sacar a Estefa de la tienda. Al final Hugh se empezó a rayar con los ronquidos de algún…  animal salvaje, y nos retiramos de nuevo a dormir.

La noche fue bastante mala, pero las hemos tenido peores. A ver, el suelo está duro y la cadera sufre, hace calor y frío a la vez (por la humedad) y los perros molestan. No obstante, cabemos bastante bien en la tienda y creo que, en próximas entregas con un poco menos de calor, podemos descansar bastante a gusto. Yo pase toda la noche frente a la puerta con la mosquitera y se estaba bastante bien, aunque no te puedes remover mucho.

De cualquier manera, cuando Estefa me dijo que eran las seis de la mañana salí de allí por patas para acabar con aquel dolor horrible en cabeza del fémur. Me di un paseo con los perros hasta el mirador, donde miramos la espesa niebla (fue un amanecer bastante anodino) y en seguida volvimos con Estefa que estaba intentando ponerse en pie.

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Sin demasiado éxito

Recogimos rápidamente y a las siete y media estábamos tomándonos un café sólo y frío (por dios, que horror…) sentadas en el mirador viendo como poco a poco se intentaba levantar la niebla, también sin demasiado éxito.

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La mirada de Hugh, como siempre, lo dice todo

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“Mira, Bruma. Toda la tierra baña la luz… espera un momento…”

senderismo Berga perros

Para los perros hay pocas cosas más estimulantes que amanecer en medio del campo, especialmente cuando no están rotos del día anterior

Echar a andar con las primeras luces del día es igual de bonito que por la tarde pero diferente. En una absoluta soledad (sin contar a las vacas y los mosquitillos), cruzamos Sant Miquel y comenzamos el primer descenso del día.

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La ruta baja hacia el valle de la Portella primero por una pista empedrada del demonio y después por un senderito precioso que se pierde en medio del bosque de nuevo, cruzando varios torrentes y en varias subidas y bajadas. Es la parte más bonita de la ruta y, pese a la paliza de andar que supone en conjunto, merece la pena especialmente por este tramo y el que hicimos el día anterior.

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Primer tramo de pista, muy pesado

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Una vez cogemos el sendero hacia La Portella

senderismo Berga sendero portella

 

Hicimos una paradita al sol antes de comenzar la última bajada hacia Sant Pere de la Portella. Pese a que las Fivefingers están demostrando ser unas compañeras excelentes (a falta de su prueba final en una semana), los pies se fatigan y en previsión de los pesados 10 km que aún nos quedaban, decidimos no ir hasta el monasterio donde ya estuvimos la otra vez y comenzar el regreso directamente cuando bajamos a la pista. Me habría gustado visitar la Font del Abad que se encuentra un poco más allá para comprobar cómo está de agua en estas fechas (la otra vez tampoco fuimos porque la desconocía) pero, como tampoco la necesitábamos, lo dejamos para otra ocasión.

senderismo Berga puigsegui

¡Una bruma salvaje aparesió!

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Por fin encontramos la fuente de nuestra banda sonora

Tras un rato corto por pista, existe la posibilidad de regresar todo el camino por ella (nada recomendable) o coger un desvío a la derecha por un senderito que sube y que discurre paralelo al camino de ida pero unos metros más abajo. También es muy bonito, pero aquí el amor de la madre naturaleza es un poco más agresivo y se hace un poco pesado tener que andar apartando zarzas y esquivando majuelos y genistas. Tras un km de trampas+2 desembocamos de nuevo en una revuelta de la pista pedregosa, que no tuvimos más remedio que subir para llegar a Corrubies, a sólo unos metros del punto donde la dejamos a la ida para coger el senderito chulo un par de horas antes.

senderismo Berga senderos tupidos

senderismo Berga pista corrubies

Parece más fácil de lo que es

senderismo Berga corrubies

Corrubies. A la derecha y arriba, Sant Miquel, de donde salimos por la mañana

senderismo Berga vistas pista

 

senderismo Berga corrubies vistas

Vistas hacia la Riera de la Portella

Desde Corrubies, de nuevo atravesamos un poco menos de 1 km de sendero que nos llevó, en pequeñas subidas y bajadas, hasta las ruinas de Mascaró. Aquí nos volvemos a encontrar con la posibilidad de coger la pista forestal hasta el final o tirarnos hacia la derecha por una especie de torrentera (es el sendero y está señalizado, ojo) que nos hará ahorrar bastantes metros de pista. Esta chulo, pero los primeros metros son un poco duros de andar por la pedregosidad.

senderismo Berga Mascaro

¿Izquierda o derecha? Es increíble cómo los perros reconocen el camino que se ha hecho anteriormente, pese a haber estado solo una vez. En la otra ocasión, nos movimos un poco por esta zona porque no sabíamos hacia donde era. Entre eso y que el camino no es nada evidente, la confusión de Bruma es normal.

senderismo Berga vistas mascaro

Al fondo Berga, el santuario de Queralt y los Rasos de Peguera (próximamente…)

Una vez caemos a la pista solo es echarle paciencia a las subidas y bajadas  (son como cinco lomas) para ir volviendo a Pedret. Parece que no queda nada y aún así otra hora de andar no nos la quitó nadie. La fuente de Bossoms estaba más seca que la mojama; afortunadamente unos metros más adelante encontramos la font del Ruc, que viene en un cañito de dios sabe dónde y trae un hilillo de agua fresca al camino.

senderismo Berga pista bossoms

Hasta ellos se agobian un poco en esta última parte, y eso que hay sombra y charcos

Tras un último repecho, salimos a un claro fruto de la explotación maderera y dejamos la pista principal que nos llevaría a Sant Quirze, para coger otra a la izquierda que baja más directa hacia el Llobregat.

senderismo Berga caballos salvajes

Nos pareció adorable que un joven caballo se acercara super interesado a saludarnos… hasta que, en lugar de quedarse a una distancia prudente observándonos, se dedicó a perseguirnos dando ligeros cabezazos con intenciones suponemos que territoriales, hasta que rebasamos al grupo lo suficiente como para que dejara de considerarnos una amenaza.

Todavía con un poco de susto en el cuerpo tras el encuentro, dejamos la pista para meternos por un senderito que nos indica hacia Berga y que discurre paralelo al río unos metros más arriba. Con considerable dolor de pies, en unos diez minutos estuvimos de vuelta en el Pont de Pedret, a la una y algo del mediodía. De nuevo familias pescaban  y se remojaban el culete, con mesas de camping y todo, en las pedregosas orillas.

senderismo Berga Llobregat

Vistas del río desde lo alto

senderismo Berga ruinas

Unas ruinas que no puedo dejar de fotografiar

senderismo Berga pont llobregat

El Llobregat desde el Pont de Pedret

Huimos una vez más de la multitud e iniciamos el penoso regreso a casa (hacía mucho calor y sueño), afortunadamente recargamos agua fresquita en una fuente pocos metros antes de entrar  al pueblo y coger la autovía.

Por fin un respiro en este largo verano, y muy buena experiencia con nuestro nuevo mini refugio, que esperamos repetir antes de que llegue el frío intenso (y las procesionarias), pero más cerca de la Portella para explorar esas cumbres, y también al otro lado del Llobregat, en los Rasos de Peguera y la Sierra de Ensija.