Lidiando con la insatisfacción vital

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Claramente desnortada

Me encuentro un tanto desnortada últimamente. Siento que voy un poco tambaleándome, avanzando sin ton ni son y algo “aturullada” por dentro. No estoy siendo nada “productiva” en esto de vivir y tengo la sensación de que no aprovecho lo suficiente el privilegio de la existencia. Vamos que siento insatisfacción vital.

Esta sensación es una potente señal y ante ella creo que todos reaccionamos con la misma urgencia: “necesito cambios en mi vida”.

Hay quien se siente tan atrapado en una vida insípida que rompe con todo y comienza de nuevo, en otro lugar, con otra ocupación, con diferente compañía… No me cabe duda que este método es útil para remediar la insatisfacción vital y funciona… pero sólo a corto plazo. Cambiar las circunstancias externas (nuevo trabajo, nuevo hogar, nuevas compañías…) suele solucionar el problema durante un tiempo… hasta que se pasa la novedad, te habitúas y otra vez caes en la insatisfacción. Y vuelves a necesitar introducir cambios en tu vida (coche nuevo, un hijo, una mascota…) o a romper con todo otra vez y “cambiar de aires”. Hay quien se pasa la vida dando tumbos buscando unas condiciones externas ideales en las que ser feliz y sentirse satisfecho.

Hasta el momento, nunca ha sido ese mi ideal de modo de vida. No me interesa. Me atrae más la estabilidad e invertir más sabiamente mi tiempo, mi energía vital y mis recursos personales.

Pero por otro lado, creo que es importante no desatender las señales y fluir. Es algo que he aprendido por experiencia personal y ajena: estancarse, obviar u esconder las propias necesidades insatisfechas y seguir adelante sintiéndonos “atrapado/as” en la forma de vida que llevamos sólo conduce al caos, interno y externo. Es insostenible.

¿Y entonces qué? Te preguntarás. Si la insatisfacción vital es una señal que no conviene desatender y ésta nos reclama cambios, pero cambiar nuestra realidad externa sólo es una solución temporal, poco rentable, que nos devolverá al mismo punto más tarde o más temprano… ¿qué cambiamos entonces? Pues la realidad interna, ni más ni menos.

Yo me declaro estoica. La solución no es cambiar las circunstancias externas para encontrar aquellas ideales en las que nos sintamos satisfechos y felices. La solución es cambiar uno/a mismo/a para ser capaz de sentirse satisfecho y feliz en cualquier situación o circunstancia. No me refiero a resignarse, ni a estancarse y aguantarse con lo que hay… (¡eso no es fluir!), sino a cambiar por dentro para lograr independencia de lo externo, para estar bien por dentro pase lo que pase por fuera.

A mi entender, esta es la solución más rentable y útil para atender a la llamada de la insatisfacción vital sin caer en la pescadilla que se muerde la cola de romper con todo y empezar de nuevo.

Así, tras reflexionar un poco al respecto de mi insatisfacción, encuentro que posiblemente me ayude concentrarme en:

1. Disfrutar más y aprovechar mejor lo que tengo.

– Buscar activamente y explotar el bienestar que me pueden proporcionar los recursos de los que dispongo en mayor grado (aprovechar más los beneficios potenciales de lo que tengo) pero sin apegarme a ello (sin sentir miedo a perderlo o a dejar de contar con ello).

2. Eliminar limitaciones internas y librarme de cargas innecesarias que me impiden disfrutar/aprovechar lo que tengo.

– Redoblar esfuerzos para no caer en distorsiones cognitivas atendiendo al máximo a la razón y la lógica.

– Desresponsabilizarme y despreocuparme para poder disfrutar de dichos beneficios y del bienestar que pueden proveerme los recursos de los que dispongo, sin caer en la desconexión emocional, la falta de sensibilidad o la desvinculación hacia los demás.

3. Economizar fuerzas e invertirlas sabiamente, evitando errores y pasos en falso.

– No actuar por inercia (sin un fin que realmente justifique mis actos), reflexionar bien antes de hacer nada y guiarme ante todo por la prudencia, la simplicidad y la practicidad.

Hasta aquí llego por ahora, esta es la hoja de ruta que me he diseñado, de momento, para avanzar hacia una mayor satisfacción vital.

Ahora viene la parte difícil… llevarlo a la práctica. De momento tengo algunas ideas, voy a intentar:

– Empatizar sin simpatizar.

– Mostrar comprensión y solidaridad sin implicarme más de lo que entienda conveniente.

– Ser de ayuda (o como mínimo no estorbar ni poner dificultades) centrándome lo máximo posible en el presente y el tiempo más inmediato.

– Desatribuirme responsabilidades autoimpuestas o impuestas externamente que no me compensan.

– Disminuir mi grado de control, vigilancia y alerta al respecto de todo aquello que no sea vital.

– Potenciar mi espontaneidad en ciertos ámbitos.

– Querer incondicionalmente.

– Valorar y ser más consciente de las bondades/recursos que tengo y disfruto a la vez que reduzco la relevancia de lo negativo y/o las ausencias.

– Ser más activa (y creativa) usando los recursos de bienestar de los que dispongo.

– No hablar de más (o hablar por hablar), no decir cosas de las que me pueda arrepentir sin un buen motivo (a poder ser altruista).

– No complicar las situaciones con acciones irreflexivas.

– Si he de actuar, preferir siempre la opción más simple y/o práctica.

(…) Pendiente de revisión y ampliación.

Son bienvenidas y agradeceré tanto propuestas y sugerencias como opiniones y experiencias personales ¡tú que me lees eres un recurso de la hostia que seguro que podría explotar más y mejor! 😛

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