Sensaciones pre-test paleo

Darte cuenta de repente de que llevas 15 minutos sentada delante del ordenador mirando al infinito es algo habitual cuando sabes que, en el momento en que abandones la silla, habrá llegado la hora de enfrentarse al terrible horror que nos aguarda los miércoles de nuestra primera semana de la programación mensual de entrenamiento paleo.

Sensaciones inquietantemente similares a los nervios pre-examen o pre-entrevista de trabajo también son frecuentes: nudo en el estómago, ligero incremento de la frecuencia cardiaca, necesidad de ir al baño con absurda frecuencia…

No creo que a todas las personas que se enfrenten a ello les genere tanta presión como a mí el maravilloso Test Paleo 2. Estefa y yo, sin embargo, compartimos sentimientos bastante parecidos al respecto, aunque yo, como siempre, lo exagero todo un poco más (me viene de madre) y me pone especialmente nerviosa enfrentarme, no sólo al sufrimiento físico que supone, sino también al hecho de tener que “dar la talla” y no hacerlo mucho peor que la vez anterior.

Como entrenamiento de alta intensidad, consiste en darse al 100% para lograr el máximo número de repeticiones en un periodo breve de tiempo, pero qué periodo… No sé hasta qué punto la sequedad de boca, el asma y las sensaciones de ahogo, mareos y ganas de vomitar se deben a mi baja condición física, pero me temo que es algo de lo que no nos vamos a librar nunca ya que, cuanto mejor eres, mayor es tu 100%. Por definición, esos 15 minutos deben ser muy duros y nunca van a dejar de serlo, de los más duros de todo nuestro programa de entrenamiento. Tienes que darlo todo, y una persona en un estado emocional normal, no se siente particularmente inclinada a levantarse y darlo todo de buena gana.

Así que es comprensible que, cuando eres tú quien ha de decidir en qué momento te cambias de ropa, pones el temporizador y te lanzas al suelo a hacer burpees, sea más difícil que cuando simplemente llega la hora del juicio final y el horror que te generaba ese estado alterado te alcanza y ya no te queda si no enfrentarte a ello lo más dignamente posible.

Sí, es bastante más duro cuando depende de ti comenzar el desafío y los minutos van pasando (muy rápido)… pero al final, cuando comienza a sonar la primera canción motivadora (una MUY motivadora, por favor) es como el sonido de tu nombre anunciando que es tu turno. Y te levantas. Y te cambias. Preparas el reloj. Te asalta un feroz instinto de huida. Lo rechazas porque eres más fuerte que todo ello y porque de todas maneras, ¿a dónde cojones ibas a huir en shorts y top deportivo en enero…?. Piensas que cuanto antes empieces antes acabarás. Sientes deseos de blasfemar mucho y matar a alguien.

Y sólo entonces le das al start. Y te lanzas al suelo, y ya no hay vuelta atrás.