Equilibrando autosuperación, antifragilidad, autoexigencia y autoestima

Hoy vengo a compartir un poquito de mi forma de ser y de entrenar a través del blog. Comienzo con una imagen.

2017-04-17 14.03.17

Sigo el programa del mes de ejemplo del sistema Paleotraining desde hace ya pfff, cerca de dos años vaya. Lo complemento con otros entrenamientos de calistenia, pesa rusa, carrera (velocidad y resistencia), aeróbico de baja/moderada intensidad (senderismo). Con respecto al entrenamiento Paleo, pues bien, resulta que al inicio de dicho mes se hace un test (test paleo) que consiste en hacer el máximo de repeticiones de cuatro ejercicios en un minuto, dejando una pausa de tres entre cada ejercicio. Su función es determinar el número de repeticiones por vuelta que deberé emplear para el siguiente test, que mide número de vueltas por minuto. Estos test están pensados para que uno pueda evaluar su estado e ir progresando en función del mismo.

Suelo dejar las repeticiones máximas apuntadas en mi pizarra para tenerlas como guía para la próxima vez que repita el test (al mes siguiente). Bueno guía, guía… vamos a llamar a las cosas por su nombre (y aquí viene ese pedacito de mí que vengo a compartir): es mi listón. Y cada mes me lanzo al test no como debería (con intención de evaluarme y reajustar según mi estado/progresión), sino con intención de superarme… o como mínimo igualarme. Como contaba en esta entrada, no me motiva competir contra los demás, pero sí contra mí misma. Me mueve la autosuperación y la comparación con los demás me resulta útil sólo porque me anima el pensar que si existe quien me supera, es porque es posible alcanzar ese grado, así que existe esa posibilidad (hasta que yo me demuestre lo contrario). Es decir, que me explico fatal, que si otros pueden hacerlo, entonces merece la pena intentarlo y esforzarme por lograrlo yo también porque ES POSIBLE, pueda yo o no de momento. Superar a los demás, en cambio, me trae poca o nula satisfacción personal. Superarme a mí misma, ay, eso ya es harina de otro costal… superarme a mí misma es casi mi esencia, lo que me define. Lo que, si caigo en el exceso, me lleva al pefeccionismo y la autoexigencia desmedida, pero bien racionado, me lleva al crecimiento personal, la evolución y a la mejora (en mi opinión claro jajaja).

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Esta foto sirve para retratar mi crecimiento personal, mi evolución y mi progreso

Pues eso, volviendo al test. El caso es que lo más frecuente es que me iguale o me supere, lo cual, en parte mola (porque me supero) y en parte no, porque el segundo test se vuelve más duro. Pero a veces… pues en vez de subir o igualar, pues bajo repes. Suelo ser benevolente y compasiva conmigo misma y si estoy cansada, he pasado alguna enfermedad o entrené pesado el día anterior… pues me perdono y me animo a mí misma, porque qué coño, la aceptación y el amor incondicional hacia uno mismo es lo primero, básico para blindar la autoestima. Pero pese a ello, he de reconocer que quedo contrariada. Un poquito.

Hoy me ha pasado.

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Bajé repes en la repetición del segundo test el del mes, que hice el sábado y me jodió un poco. Pero me mostré comprensión y compasión porque estaba cansada de la semana y en plena menstruación. Y hoy lunes, después de descansar toda la tarde de ayer, esperaba estar a tope para “sacar buenas notas” en el test de principios de mes. Pues nop. He bajado repes en los cuatro ejercicios. Y al acabar me he sentido bastante contrariada. Porque ni estoy cansada (ayer me hice mis 8-9km corriendo por montaña habituales, pero me pasé toda la tarde descansando y dormido bien) ni se puede justificar mi bajo rendimiento por mi estado hormonal (estoy en fase folicular, la más favorable porque tenemos más fuerza y nos fatigamos menos).

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He pensado que quizá el bajo rendimiento era porque no estaba demasiado activada pese al café matutino y quizá tras un calentamiento me habría ido mejor… así que he decidido repetir el test. He subido algunas repes… peo no muchas. Y ya puestas, como dicen que no hay dos sin tres… pues lo he vuelto a repetir. Y ya he dejado de luchar, porque tres es justo lo que necesito para hacer una media y porque he vuelto a hacer las mismas repes que la primera vez, prácticamente.

Y esto es lo que hay.

Como hace sólo hace dos días que estoy en fase folicular, voy a pensar que tengo algo de anemia post-menstruación (por la pérdida de sangre) que lo dudo, pero bueno y voy a ser benevolente conmigo misma. Pero si quiero ser totalmente sincera conmigo y por ende, con quien se siente interesado por mí… pues tengo que reconocer que hoy, además de intentar superar a mi yo del mes pasado, como no lo he conseguido, he intentado superar al menos a mi yo del día de hoy y como lo he conseguido pero por muy poco, pues me he hecho una tercera ronda… “de castigo” por ser una floja de mierda XD.

Me pasa que si no me gano me cabreo un poco y si me descuido me acabo castigando un pelín, por si acaso fuera que me he descuidado conmigo misma, no he sido todo lo diligente que debía y por exigirme menos de lo que puedo, me he ablandado de más. Me cuesta mantener el equilibrio entre buscar la antifragilidad y mantener controlada la autoexigencia y cuidada la autoestima. En ello ando, me figuro que no seré la única 😛

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Sensaciones pre-test paleo

Darte cuenta de repente de que llevas 15 minutos sentada delante del ordenador mirando al infinito es algo habitual cuando sabes que, en el momento en que abandones la silla, habrá llegado la hora de enfrentarse al terrible horror que nos aguarda los miércoles de nuestra primera semana de la programación mensual de entrenamiento paleo.

Sensaciones inquietantemente similares a los nervios pre-examen o pre-entrevista de trabajo también son frecuentes: nudo en el estómago, ligero incremento de la frecuencia cardiaca, necesidad de ir al baño con absurda frecuencia…

No creo que a todas las personas que se enfrenten a ello les genere tanta presión como a mí el maravilloso Test Paleo 2. Estefa y yo, sin embargo, compartimos sentimientos bastante parecidos al respecto, aunque yo, como siempre, lo exagero todo un poco más (me viene de madre) y me pone especialmente nerviosa enfrentarme, no sólo al sufrimiento físico que supone, sino también al hecho de tener que “dar la talla” y no hacerlo mucho peor que la vez anterior.

Como entrenamiento de alta intensidad, consiste en darse al 100% para lograr el máximo número de repeticiones en un periodo breve de tiempo, pero qué periodo… No sé hasta qué punto la sequedad de boca, el asma y las sensaciones de ahogo, mareos y ganas de vomitar se deben a mi baja condición física, pero me temo que es algo de lo que no nos vamos a librar nunca ya que, cuanto mejor eres, mayor es tu 100%. Por definición, esos 15 minutos deben ser muy duros y nunca van a dejar de serlo, de los más duros de todo nuestro programa de entrenamiento. Tienes que darlo todo, y una persona en un estado emocional normal, no se siente particularmente inclinada a levantarse y darlo todo de buena gana.

Así que es comprensible que, cuando eres tú quien ha de decidir en qué momento te cambias de ropa, pones el temporizador y te lanzas al suelo a hacer burpees, sea más difícil que cuando simplemente llega la hora del juicio final y el horror que te generaba ese estado alterado te alcanza y ya no te queda si no enfrentarte a ello lo más dignamente posible.

Sí, es bastante más duro cuando depende de ti comenzar el desafío y los minutos van pasando (muy rápido)… pero al final, cuando comienza a sonar la primera canción motivadora (una MUY motivadora, por favor) es como el sonido de tu nombre anunciando que es tu turno. Y te levantas. Y te cambias. Preparas el reloj. Te asalta un feroz instinto de huida. Lo rechazas porque eres más fuerte que todo ello y porque de todas maneras, ¿a dónde cojones ibas a huir en shorts y top deportivo en enero…?. Piensas que cuanto antes empieces antes acabarás. Sientes deseos de blasfemar mucho y matar a alguien.

Y sólo entonces le das al start. Y te lanzas al suelo, y ya no hay vuelta atrás.